Tal Día como Hoy

Bartolomé de las Casas

Fraile dominico, cronista y teólogo español

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Bartolomé de las Casas (Sevilla, 1474 o 1484​ – Madrid, 18 de julio de 1566) fue un abogado, fraile dominico, sacerdote, obispo, teólogo, filósofo y encomendero español del siglo XVI, famoso por sus polémicos escritos en los que denuncia los crímenes cometidos por algunos conquistadores españoles contra los pueblos indígenas americanos.​ Fue testigo de referencia y cercano de algunos personajes destacados en los sucesos del descubrimiento y conquista española en América. Personaje hábil y diligente, llegó a La Española como laico, luego se convirtió en fraile y sacerdote dominico, alcanzando el cargo de primer obispo residente de Chiapas, en Nueva España, y finalmente nombrado oficialmente primer «protector de los indios». Sus escritos hacen un relato de las primeras décadas de la colonización de las Antillas españolas; los más famosos son Brevísima relación de la destrucción de las Indias (1552) e Historia de Las Indias (obra publicada trescientos años después de su muerte, en el preámbulo de la guerra hispano-estadounidense, en 1875).​​

Al llegar como uno de los primeros conquistadores españoles a América, De las Casas inicialmente participó en la empresa, para finalmente, posicionado en sus cargos, sentirse obligado a criticar los supuestos abusos cometidos durante la colonización en contra de los indígenas americanos. No hay certeza de que De las Casas aprendiera alguna lengua de los naturales. Sin embargo, sus escritos aportan un testimonio de primera mano y desde su publicación tuvieron una gran circulación en Europa, incluyendo las potencias europeas rivales de la Monarquía Hispánica.​ En 1515 renunció a su encomienda, y abogó, ante Fernando el Católico, por los derechos de los nativos. En sus primeros escritos, defendió el uso de esclavos africanos en lugar de nativos de las Indias Occidentales,[cita requerida] ya que la Corona española, igual que otras potencias europeas, participó en la captura de esclavos en África.​ Más adelante, se retractó de esta postura, ya que consideraba que ambas formas de esclavitud eran igualmente injustas.​​​ En 1522, intentó poner en marcha un nuevo tipo de relación pacífica en la costa de Venezuela, pero esta empresa fracasó. De las Casas ingresó en la Orden de los Dominicos y se hizo fraile, dejando la vida pública durante una década. Viajó a Centroamérica, actuando como misionero entre los mayas de Guatemala y participando en los debates entre los eclesiásticos coloniales sobre la mejor manera de atraer a los nativos a la fe cristiana.

Volvió a la península ibérica para reclutar más misioneros y continuó presionando por la abolición de la encomienda, obteniendo una victoria simbólica con la aprobación de las Leyes Nuevas en 1542, aunque nunca entraron en vigor y se derogaron al año siguiente.​​ Fue nombrado obispo de Chiapas, pero ejerció el cargo durante poco tiempo, antes de verse obligado a regresar a España debido a la resistencia a las Nuevas Leyes por parte de los encomenderos, y a los conflictos con los colonos españoles por su política católica a favor de los indios y su religiosidad activista. Sirvió en la corte española durante el resto de su vida; allí ejerció una gran influencia en los asuntos relacionados con las Indias. En 1550 participó en la Junta de Valladolid para sostener que era injustificable someter a los indios por la fuerza, exponiendo así una forma de conquista opuesta a la defendida por Juan Ginés de Sepúlveda, que abogaba por un dominio sobre los indígenas por no respetar estos la ley natural.

Bartolomé de las Casas pasó cincuenta años de su vida luchando activamente contra la esclavitud y el abuso colonial de los pueblos indígenas; especialmente, intentando convencer a la monarquía española de que adoptara una política humanitaria. A diferencia de algunos sacerdotes que pretendían destruir los libros y escritos autóctonos de los pueblos indígenas, él y otro grupo de sacerdotes se opuso terminantemente a esta acción, generando debates dentro de la iglesia católica.​ Aunque no consiguió cambiar del todo la opinión de los soldados españoles sobre la colonización, sus esfuerzos dieron como resultado una mejora considerable del estatus legal de los nativos y una mayor atención a la ética de los Virreinatos. Se considera a De las Casas como uno de los primeros defensores de una concepción universal de la dignidad humana y, como tal, precursor de los derechos humanos.​

Según sus biógrafos, su familia era de origen judeoconverso,​ aunque otros autores afirmaron que eran cristianos viejos.​

El rey Alfonso XI de Castilla nombró a un miembro de la familia De las Casas como "fiel regidor de las ordenanzas reales y como regidor número 24 del reino". Este número quedó unido a la familia hasta el siglo XVII, sucediéndose esa línea familiar en el ejercicio del cargo. Además, miembros de la familia De las Casas fueron nombrados en varias ocasiones para el cargo de tesorero mayor de Andalucía.​

El rey Juan II entregó a Guillén de las Casas, "caballero más poderoso de Sevilla", la Villa de Montilla y, por orden del rey Enrique IV de Castilla, fue enviado a Francia para obtener refuerzos militares. Sin embargo, Don Guillén murió en la batalla de la Ajarquía de Málaga. A un Alonso de las Casas le fue entregado el Castillo de Priego y, por su comportamiento en la batalla de las Lomas, fue nombrado Caballero del Rey. A otro De las Casas se le concedió, por cédula real, la conquista de Tenerife y La Palma y de todas las tierras que conquistare.​

De acuerdo con Antonio de Remesal, su primer biógrafo, Bartolomé de las Casas nació en Sevilla en 1474. Sin embargo, las investigaciones de Helen Rand Parish y Harold E. Weidman en 1976 determinaron que la fecha más probable de su nacimiento fue el 11 de noviembre de 1484 en Triana, Sevilla.​ Juan Antonio Llorente, en su compendio de obras de fray Bartolomé de 1822, dice que fue en 1474 y que probablemente fue el 24 de agosto por ser el día de la celebración del martirio del Apóstol San Bartolomé, y ser un uso muy general en España poner a los niños el nombre del santo que la iglesia diocesana celebra el día del nacimiento cuando no se dé el nombre del padre, que no se da en este caso porque el padre se llamaba Antonio.​

Pudo haber nacido en alguna de estas tres parroquias: la de San Lorenzo, la de San Vicente o la de la Magdalena, en Sevilla. Fue bautizado en la catedral. Debió vivir su infancia oyendo hablar mucho de las batallas de la Reconquista en las que habían participado sus familiares y, cuando los Reyes Católicos se instalaron en Sevilla, su tío Alfonso Téllez Girón de las Casas era uno de los ocho caballeros que portaban las varas del palio bajo el que entraron.

Bartolomé cursó sus estudios primarios, probablemente, en el colegio de San Miguel, y sus primeros contactos con la vida de los religiosos debieron ser cuando visitaba a su tía Juana, que era monja en el Monasterio de Santa María de las Dueñas. Posiblemente en 1490 fue a estudiar "ambos derechos" (canónico y estatal) a la Universidad de Salamanca. Un familiar suyo era sacerdote en el convento de San Esteban, donde en aquel entonces residía Cristóbal Colón, por lo que pudo conocerlo allí por primera vez. Colón también mantenía cierta amistad con la familia De las Casas y había pasado largas temporadas en Sevilla, la ciudad natal de Fray Bartolomé.

En 1492 su tío paterno,[cita requerida] Juan de la Peña, participó en el primer viaje de Colón, que partió del Puerto de Palos (Huelva) el 3 de agosto de ese año. La expedición regresó en 1493 habiendo descubierto la nueva ruta a las Indias, lo que generó gran expectación. En su ruta a Badalona para presentar su logro a los Reyes Católicos, Colón pasó en marzo de 1493 por Sevilla con sus pájaros y siete indios y se situó en el entorno de la iglesia de San Nicolás para exhibirlos. Esto fue presenciado por Bartolomé de las Casas.

El padre de Bartolomé, el comerciante Pedro de las Casas,​ decidió, junto con su hermano Francisco de Peñalosa, embarcar con Colón rumbo a las Indias para su segundo viaje, que partió de Cádiz el 25 de septiembre de 1493. Más adelante acompañaron al padre sus hermanos Diego y Gabriel Peñaloza. Cuando la expedición regresó, trajo 600 indios y el padre le regaló uno a su hijo Bartolomé para que le sirviera.​ Sin embargo, Bartolomé utilizó al indio como objeto de estudio humanístico, y le preguntó por su religión para investigar si se parecía al cristianismo. Como había estudiado latín en Salamanca y Sevilla,​ aprovechó sus conocimientos en filología y latín para estudiar posibles semejanzas con su lengua.

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