Bardaisan, también referido como Bardesano, Bardesan o Bardesanes, su nombre en griego, fue un escritor, poeta y filósofo arameo (de los también llamados siríacos), del siglo II d. C. (154-222), nacido en la antigua Edesa y reconocido como afín con las corrientes gnósticas del cristianismo primitivo de la escuela valentiniana.
Autor de numerosos himnos cristianos, Bardaisan ocupa un lugar destacado en la historia de la música litúrgica y ha sido considerado como el verdadero fundador de la poesía siriaca.
Son diversas las fuentes que refieren el nacimiento de Bardaisan en las orillas del río Daisan que bañaba la antigua ciudad de Edesa, de ahí su nombre sirio: Bar Daisan, hijo de Daisán. El historiador y geógrafo árabe Al-Masudi (s. X d. C.) recoge la tradición de que Bardaisan no nació en las orillas del río edesano, sino que fue recogido de las mismas. La confiable Crónica de Edesa (ca. siglo VI) registra la fecha de su nacimiento el 11 del mes de Tammuz del año 465 de la era seléucida, es decir el 11 de julio del año 154.
Sus padres, Nuhama y Nahshiram, eran originarios de Erbil. Recibió una cuidada educación greco-oriental, viviendo la mayor parte de su vida en la corte del rey Abgar IX ―o Abgar VIII, según la fuente― de Osroena o Edesa (179-214), del que fue tutor en su infancia y amigo durante su reinado. Tal amistad condujo a la conversión del rey a la fe de Bardaisan, impregnada de la comprensión gnóstica oriental del filósofo arameo, por lo que Edesa pudiera haber sido el primer y único estado gnóstico de la historia.
En Manbij o Mabog, la antigua Hierápolis Bambyce siria, muy joven recibió instrucción por un sacerdote del culto de Atargatis.
No es sabido con certeza cuándo ni por qué, se adheriría al primitivo cristianismo siríaco imbuido con fuertes componentes doctrinarios del gnosticismo oriental, que quedarían plasmados en su obra literaria.
Los obispos Epifanio de Salamis (ca. 310-403) y Bar Hebraeus (1226-1286) aseveran que Bardaisan comenzó con la ortodoxia cristiana pero que luego se adhirió al gnosticismo valentiniano. Por el contrario Eusebio de Cesarea (ca. 275-339) señala en su Historia eclesiástica que después de un tiempo se alejó de las doctrinas gnósticas si bien, según el historiador eclesiástico, éstas siempre mantuvieron preeminencia en su pensamiento religioso y filosófico.
El historiador Sexto Julio Africano (ca. 160-240) refiere notas biográficas sobre Bardaisan, comentando que era un hábil arquero y escritor de largos tratados filosóficos, religiosos y etnográficos. Miguel el Sirio (1126 - 1199), patriarca de la Iglesia ortodoxa siria, da cuenta de que Bardaisan fue convertido al cristianismo en el año 179 por el Obispo Histapes de Edesa e incluso ordenado diácono por él.
Era compendioso en su saber, que abarcaba tanto las tradiciones brahmánicas de la India, a las que diferenciaba claramente del budismo, como el platonismo griego.
Cuando el emperador Caracalla invadió Edesa (216-217) y posteriormente se dieron persecuciones a los cristianos edesanos, Bardaisan abandonó la ciudad exiliándose a Armenia. Allí compuso una Historia de Armenia basada en la crónicas del templo, que fue encontrada en la fortaleza de Ani y en la cual se apoyó Moisés de Corene (siglo V) para sus escritos historiográficos de Armenia. Con todo, no hay certeza si su fallecimiento tuvo lugar en Siria o en Armenia (222-223 d. C.).
La obra literaria de Bardaisan fue considerable. Sin embargo, aunque le son atribuidos muchos libros de poético e inspirado estilo en siriaco y también en griego, sólo se conservan algunos fragmentos y el original siriaco de su obra Diálogo sobre el destino o Libro de las leyes de los países.
Se le considera el autor de ciento cincuenta himnos en los cuales hace llegar su particular visión y comprensión filosófica gnóstica. Estos, de reconocida belleza, perduraron en el tiempo y el enciclopedista musulmán Ibn al-Nadim lo cita en el siglo X en su obra Kitab al Fihrst.
Harmonio, uno de sus hijos, profundizó en los elementos gnósticos de las enseñanzas de Bardaisan, propagándolos en himnos que compuso con una especial habilidad, de modo que a mediados del siglo V seguían siendo muy populares según relata el historiador Sozomeno, hasta el punto de que su adversario doctrinal Efrén de Siria, en la segunda mitad del siglo IV, se valió de las melodías de algunos de ellos, plagiándolas y cambiándoles el texto, en su ánimo de refutar la corriente bardaisanita.
En uno de los himnos de Efrén es recogida la enseñanza de Bardaisan de un Padre de Vida y una Madre de Vida que juntos dan a luz un Hijo, al que denomina también la Palabra o Logos de Pensamiento. Bardaisan, al igual que otros escritores «proto-ortodoxos» sirios y gnósticos del cristianismo primitivo, contemplaron el Espíritu Santo como hipóstasis femenina.
La obra Diálogo sobre el destino o Libro de las leyes de los países procedente de la escuela de pensamiento de Bardaisan en Edesa y escrita por su discípulo Felipe, es una de las primeras obras de la literatura en siriaco, así como una de las de mejor estilo y composición conceptual.
En este diálogo de estilo socrático, el mismo Bardaisan aparece como principal orador desarrollando una rigurosa exposición en respuesta a preguntas y objeciones que le son presentadas por Avida, uno de sus discípulos, y encaminada a demostrar que, aunque el ser humano está sujeto, por un lado a la Naturaleza -por su corporeidad física- y por otro, a las fuerzas del destino inscritas en las estrellas y planetas -en razón de su alma sensible a ellas- que le influyen y direccionan en los eventos y circunstancias de su vida, con todo, el ser humano, tiene un margen de libertad, que le ha sido otorgado por Dios, para hacer lo que es correcto y abstenerse de lo que es incorrecto. Su pensamiento sobre las fuerzas celestes que influyen sobre el ser humano han ayudado a acercarse a una mejor compresión de las ideas astrológicas expresadas en la Pístis Sophía, uno de los más importante textos de la literatura gnóstica de la escuela valentiniana.
La astrología caldea y persa contaba ya, en el tiempo de Bardaisan, con una antiquísima y prestigiosa tradición en el Oriente Medio, Mesopotamia y Persia y de la cual es una expresión, más allá de su simbolismo, la visita de los Magos -del griego magoi, astrólogos, nombre también de la casta sacerdotal de la religión zoroástrica- de Oriente, posiblemente Persia, a que se hace referencia en los Evangelios (Mt 2, 1-12).
La relevancia de este saber astrológico presente en el pensamiento de Bardaisan, en el que se apoyó sin embargo para combatir el fatalismo que hasta entonces acompañaba a la astrología, fue criticada y contemplada como herética por los comentaristas ortodoxos posteriores. Del mismo modo se ha significado su rechazo de la resurrección de los cuerpos, en consonancia con algunas de las corrientes doctrinarias gnósticas del cristianismo primitivo que contemplaban que «la resurrección debe recibirse en vida», como expresa el Apócrifo Evangelio gnóstico de Felipe. Acorde a este entendimiento, es la resurrección en vida del alma, con el cuerpo espiritual- que refiere el Apóstol Pablo, 1 Cor 15:44-, a la que deben dirigirse los esfuerzos del cristiano, pues de otro modo ella permanecerá muerta a la verdadera Luz (interpretando así a Lc 9, 60: "Deja que los muertos entierren a sus muertos").