Barbate es un municipio español de la provincia de Cádiz (Andalucía). Según el INE, en 2022 contaba con 22 872 habitantes. Su extensión superficial es de 143,47 km² y tiene una densidad de 159,42 hab/km². Tiene una altitud media de 10 metros y se encuentra a 64 kilómetros de la capital de provincia, Cádiz. Pertenece a la comarca de La Janda y, a su vez, a la subcomarca de la Janda Litoral.
Se ubica en la desembocadura del río Barbate, en la costa próxima al cabo de Trafalgar, frente al que se desarrolló la batalla del mismo nombre. Tradicionalmente ha sido una población pesquera, dedicándose tanto a la pesca en los caladeros marroquíes como a la pesca del atún mediante el arte tradicional de la almadraba.
En este municipio se localizan el parque natural de La Breña y Marismas del Barbate y el cabo Trafalgar, declarado monumento natural. También ocupa parte del LIC Acebuchales de la Campiña Sur de Cádiz.
La localidad se independizó de Vejer de la Frontera el 11 de marzo de 1938, contando con un consistorio propio. De 1950 a 1998 se llamó oficialmente Barbate de Franco. El 7 de marzo de 1998 recuperó su denominación, eliminado el término «Franco», mediante Decreto de la Junta de Andalucía.
El término de Barbate ha estado habitado desde el Paleolítico inferior, destacando los yacimientos de la laguna de la Janda, donde se han encontrado bifaces y hendidores de achelense medio, antecedentes de las sociedades productoras que se fueron formando en torno al VIII milenio a. C. En la sierra del Retín existen varias cuevas con arte rupestre sureño, como La Fuente Santa, Las Marianas o Fuente Mariquilla, y ciertos ejemplos de megalitismo como los dólmenes del Caño Arado.
Entre el IV y el I milenio a. C. fueron desarrollándose las primeras sociedades campesinas en el entorno de la laguna de la Janda, destacando el poblado de Los Charcones, surgiendo posteriormente otros asentamientos en la Fuente del Viejo, la Cañada de la Breña o el Chorro. La población indígena probablemente vivió su revulsivo con la llegada de los fenicios a la costa gaditana en torno al siglo IX a. C. .
Los fenicios encontraron en las marismas del Barbate un importante enclave para extraer sal para la salazón del pescado, así como para practicar la almadraba. El hallazgo de una ánfora de alabastro egipcia en el río Barbate podría acreditar que también fue un punto desde donde practicaron sus relaciones comerciales.
Los pueblos prerromanos que habitaron en la zona hubieron de ser los turdetanos o bien los bástulos, herederos de la civilización tartésica. En la sierra del Retín se localiza el Peñón del Aljibe, un oppidum que pudo ser su núcleo de población principal, en torno al cual se han encontrado asentamientos cartagineses. En la costa no hay evidencias de la existencia de un núcleo similar hasta la época romana, de la que datan los restos asociados a la antigua ciudad de Baesippo, citada en los textos clásicos de Plinio el Viejo y Pomponio Mela.
En el poema geográfico “Ora Marítima”, del romano Rufo Festo Avieno, al tratar sobre el litoral gaditano en los versos 317 a 321, se refiere a las aguas del Besilo que según los historiadores es el río Barbate que indubitablemente desembocaba cerca localidad gaditana de igual nombre que era la ciudad turdetana y luego romana de Baesippo . Ambas palabras por lo demás comparte la raíz río Bes-ilo y la ciudad de Baes-ippo.
Baesippo fue una ciudad estipendiaria del Imperio romano, lo que significaba que tenía libertad para gobernarse a cambio de pagar un impuesto anual a Roma. Tuvo una importante industria pesquera, y se situaba en la confluencia de dos calzadas romanas, la Vía Heraclea y la Vía Asido. Era, junto a Baelo Claudia y Carteia, un destacado centro exportador de garum, una salsa de pescado muy codiciada en Roma.
Baesippo, a pocos kilómetros de las costas de África, y contando con un río navegable, se convirtió en un escenario fácil para los saqueos de piratas y corsarios, lo cual determinó el progresivo despoblamiento de la ciudad y de prácticamente todo el Estrecho, condicionante que se mantuvo hasta muchos siglos después.
Tras la caída del Imperio romano y el comienzo de la era visigoda, se aceleró la desaparición de Baesippo. El cristianismo y el mundo rural fueron los ejes de la vida de los visigodos, quienes centraron su atención en las zonas rurales, como La Oliva y San Ambrosio, donde fundaron la ermita de la Oliva y la ermita de San Ambrosio. Otros factores que probablemente condujeron al fin de la ciudad fueron la invasión de los vándalos, la irrupción de los bizantinos y, finalmente, la conquista musulmana.
Los árabes, dentro de la cora de Sidonia, crearon una fortaleza defensiva en la desembocadura del río Barbate, a la que llamaron Barbat, que quizás se rodeó de una pequeña aldea. Fue reconquistada en el siglo xiii por Alfonso X el Sabio, haciéndola depender de Vejer.
La condición fronteriza con el mundo árabe, unida a las acciones de piratería, agravó aún más la despoblación de la zona. El despoblamiento era tal que Alfonso XI, a mediados del siglo xiv, para atraer población, ofreció el indulto a los homicidas que sirviesen a la defensa de Tarifa durante un año y un día. Con ello, las almadrabas adquirieron mala fama por la baja ralea de su gente, dando lugar a la expresión "tomar la vía de Tarifa". Los reyes también crearon las Hazas de la Suerte, tierras comunales cuyo usufructo se sorteaba entre la población, como otro incentivo para proteger la frontera y repoblar la zona. Posteriormente, Juan II de Castilla donó Vejer y Barbate a Alonso Pérez de Guzmán, primer duque de Medina Sidonia, casa a la que se le concedió también el señorío de las almadrabas de la comarca.
En el siglo xvi, tras la expulsión de los árabes, aumentaron considerablemente los ataques de los piratas berberiscos. Se debió fundamentalmente al enfrentamiento del Imperio turco contra las potencias cristianas europeas, que se aprovechó también del contexto de desarraigo de los moriscos expatriados.
Para proteger las costas y alertar a la población, Felipe II, dentro del plan de torres de vigilancia costera, ordenó a su comisionado real Luis Bravo de Laguna la construcción de torres vigía a lo largo de todo el litoral atlántico andaluz. Junto a Barbate se construyeron las torres del Tajo, de Meca y de Cabo de Gracia (actual Faro de Camarinal), así como torres interiores para comunicarse con Vejer, como la torre de Buenavista de San Ambrosio y la torre Corredera de Vejer. También se construyó el Castillo de Santiago, actualmente desaparecido, junto al río Barbate, con el fin de proteger su entrada. Estas medidas resultaron exitosas y posibilitaron la repoblación de la zona.
Entre los siglos xviii y xix Barbate fue una pequeña aldea de la que apenas queda constancia. Solo cabe destacar la llegada en 1778 del inmigrante maltés Paulo Mallia, quien se dice fundador del actual Barbate. Asimismo, las costas de Los Caños de Meca fueron escenario, en 1805, de una de las batallas más trágicas para la Armada Española, la batalla de Trafalgar, en la que la escuadra inglesa, dirigida por Nelson, derrotó al ejército español, aliado del francés, al mando de Villeneuve.
El gran cambio se produjo a finales del siglo xix, con la explotación de las almadrabas por parte de la familia Romeu. La economía local comenzó a experimentar un importante crecimiento y, uno de los Romeu, Serafín Romeu Fages, promovió numerosas mejoras para Barbate y Zahara a inicios del siglo xx, como la conducción de aguas y el adoquinado de las calles, así como diversas gestiones para acometer grandes obras. A petición de los barbateños, el rey Alfonso XIII le concedió el título de Conde de Barbate el 6 de marzo de 1922.