Tal Día como Hoy

Bahá'u'lláh

Fundador del bahaísmo

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Mirza Hussein-'Alí Nurí (en persa: میرزا حسینعلی نوری‎; Teherán, Persia, 12 de noviembre de 1817-Acre, Imperio otomano, 29 de mayo de 1892) o Bahá'u'lláh (en árabe: بهاء الله‎, lit. 'gloria de Dios') fue un religioso persa de Oriente Medio fundador del bahaísmo. Los creyentes de esta religión monoteísta le consideran a él y a todos los profetas anteriores como las manifestaciones de Dios, y a él concretamente como la manifestación de Dios en la época actual.

Baháʼu'lláh creció sin educación formal, pero era culto y devotamente religioso. Su familia era considerablemente rica, y a la edad de 22 años rechazó un puesto en el gobierno, administrando en su lugar las propiedades familiares y donando tiempo y dinero a obras benéficas.​ A los 27 años aceptó la afirmación del Báb y se convirtió en uno de los partidarios más declarados del nuevo movimiento religioso que propugnaba, entre otras cosas, la derogación de la ley islámica, lo que suscitó una fuerte oposición.​ A la edad de 33 años, durante un intento gubernamental de exterminar el movimiento, Baháʼu'lláh escapó por poco de la muerte, sus propiedades fueron confiscadas y fue desterrado de Persia.

Justo antes de partir, mientras estaba encarcelado en el calabozo de Síyáh-Chál, Baháʼu'lláh afirmó recibir revelaciones de Dios que marcaban el comienzo de su misión divina.​ Tras establecerse en Irak, Baháʼu'lláh atrajo de nuevo la ira de las autoridades iraníes, y éstas solicitaron al gobierno otomano que lo trasladara más lejos. Pasó meses en Estambul, donde las autoridades se volvieron hostiles a sus afirmaciones religiosas y lo pusieron bajo arresto domiciliario en Edirne durante cuatro años, seguidos de dos años de duro confinamiento en la prisión de Acre. Sus restricciones se fueron relajando gradualmente hasta que pasó sus últimos años en relativa libertad en los alrededores de Acre.

Baháʼu'lláh escribió al menos 1.500 cartas, algunas con extensión de libro, que han sido traducidas a 802 idiomas.​ Algunos ejemplos notables incluyen Las Palabras Ocultas, el Libro de la Certeza, y el Kitáb-i-Aqdas. Algunas enseñanzas son místicas y tratan sobre la naturaleza de Dios y el progreso del alma, mientras que otras abordan las necesidades de la sociedad, las obligaciones religiosas de sus seguidores o la estructura de las instituciones bahaíes que propagarían la religión.​ Consideraba a los seres humanos como seres fundamentalmente espirituales, y exhortaba a los individuos a desarrollar virtudes divinas y a promover el avance material y espiritual de la sociedad.​

Baháʼu'lláh nació en Teherán, Persia, el 12 de noviembre de 1817. Los autores bahaíes remontan su ascendencia a Abraham a través de sus dos esposas Keturah​ y Sara,​ al profeta Zoroastro,​ al padre del rey David Jesse,​ y a Yazdigird III, el último rey de la Imperio sasánida.​ Su madre fue Khadíjih Khánum,​​ su padre Mírzá ʻAbbás-i-Núrí, conocido como Mírzá Buzurg,​ sirvió como visir al Imám-Virdi Mírzá, duodécimo hijo de Fath-ʻAli Shah Qajar. Su padre había recibido dicho título honorario por el decreto real de Fath-Àlí Sháh al quedarse este cautivado por su caligrafía. Pocos años después fue nombrado ministro del príncipe Imam Verdi Mirzá, duodécimo hijo varón de Fath-Àlí Sháh.​ El origen de sus ancestros se remontaba a los reyes sasánidas, y según el bahaísmo también a Abraham y a Zoroastro.​

Durante su juventud, el que más tarde sería conocido como Bahá'u'lláh disfrutó de una vida acomodada y de una educación centrada en la equitación, la caligrafía y la poesía clásica. Baháʼu'lláh se casó con Ásíyih Khánum, hija de un noble, en Teherán en 1835, cuando él tenía 18 años y ella 15; tuvieron siete hijos, de los que solo tres llegaron a la edad adulta: un varón, `Abdu'l-Bahá, nacido en 1844; una hija, Bahíyyih, nacida en 1846; y otro varón, Mírzá Mihdí, nacido en 1848.​​ A los veinte años, Baháʼu'lláh declinó la vida de privilegios que le ofrecía su linaje aristocrático, dedicando en cambio su tiempo y sus recursos a una serie de obras caritativas que le valieron el renombre de "el Padre de los Pobres".​

En 1849 se casó también con una prima suya que había enviudado, Fátimih Khánum (1828-1904), con quien tuvo seis hijos, de los que sobrevivieron cuatro, una mujer y tres varones: Samadiyyih, Muhammad-`Alí, Díyá'u'lláh y Badi'u'lláh. Su tercer matrimonio fue con Gawhar Khánum en Bagdad, en una fecha anterior a 1863. Gawhar era probablemente una de las criadas de la primera esposa de Bahá'u'lláh, por lo que podría haberse tratado de un matrimonio temporal (Nikāḥ al-Mut‘ah) según la ley chiita. Tuvieron una hija, Furúghíyyih.

En mayo de 1844, un comerciante de 24 años de Shiraz, Siyyid Mírzá ʻAlí-Muḥammad agitó Persia con su afirmación de ser no sólo el prometido redentor del Islam (el Qa'im o Mahdi Mihdi), sino un nuevo profeta de Dios similar a Moisés, Jesús y Mahoma.​​ Asumió el título de "el Báb" (en árabe, "la puerta"), indicando su posición como "puerta al conocimiento divino" espiritual, y a un educador enviado por Dios aún mayor cuya inminente aparición estaba preparando.​​

Poco después de declarar su misión espiritual a Mullá Husayn,​ el Báb le envió a Teherán para que entregara una tablilla especial​ a quien Dios le guiara. Tras enterarse de la existencia de Baháʼu'lláh a través de un conocido, Mullá Husayn se sintió obligado a hacer los arreglos necesarios para que Baháʼu'lláh recibiera la tablilla; esta noticia produjo gran alegría al Báb cuando Mullá Husayn le escribió al respecto.​ Bahá'u'lláh recibió la tablilla cuando tenía 27 años, reconoció inmediatamente la verdad del mensaje del Báb y se levantó para compartirlo con los demás.​ En su provincia natal de Nur la notoriedad de Bahá'u'lláh como lugareño prominente le proporcionó numerosas oportunidades para enseñar la Fe bábí, y sus viajes atrajeron a muchos a la nueva religión, incluidos clérigos musulmanes.​ Su casa de Teherán se convirtió en un centro de actividades, y él generosamente dio apoyo financiero para la religión.​ En el verano de 1848, Bahá'u'lláh asistió y fue anfitrión​ de una reunión en la Badasht en la provincia de Khorasán, donde 84 discípulos babíes se reunieron durante 22 días.​ En esa conferencia se produjeron debates históricos entre quienes querían mantener la ley islámica (la herencia religiosa de la mayoría de los primeros babíes​) y los que creían que el Báb había inaugurado una nueva dispensación religiosa. Baháʼu'lláh influyó en el acuerdo en torno a este último punto de vista.​ Fue en Badasht donde Mírzá Ḥusayn-ʻAlí Núrí asumió el nombre de Bahá'​ y también dio nuevos nombres espirituales a todos los demás asistentes; a partir de entonces el Báb les dirigió las tablillas con esos nombres.​​ Cuando Táhirih, la discípula femenina más prominente del Báb, fue arrestada después de la conferencia, Baháʼu'lláh intervino para protegerla. Posteriormente, él mismo fue confinado temporalmente y castigado con falanga.​

El babismo se extendió rápidamente por Persia, atrayendo a un gran número de fieles. Esto provocó la oposición generalizada tanto de los clérigos islámicos, temerosos de perder fieles y beneficios asociados, como de las autoridades civiles, temerosas de la creciente influencia de la comunidad bábí,​ lo que provocó la muerte de miles de babíes en implacables campañas de persecución. En julio de 1850, el propio Báb fue ejecutado por un pelotón de fusilamiento en Tabriz a la edad de 30 años.​

En sus enseñanzas, el Báb se identifica a sí mismo como la primera de las dos manifestaciones de Dios que el Creador enviaba para marcar el comienzo de la paz duradera que ha de significar el logro de la madurez de la humanidad -cuando todos los pueblos vivan en unidad como una sola familia humana.​ Los bahaíes sostienen que las enseñanzas del Báb sientan las bases "para el eventual establecimiento de una sociedad caracterizada por la unidad de las naciones, la confraternidad de las religiones, la igualdad de derechos de todas las personas y un orden mundial compasivo, consultivo, tolerante, democrático y moral".​ Entretejidas a lo largo de las enseñanzas del Báb están las referencias a "Aquel a quien Dios hará manifiesto",​ el gran Prometido para quien estaba preparando el camino. En numerosas profecías, el Báb afirmó que el próximo educador divino aparecería poco después de su propio martirio.​ En una de sus principales obras, el Báb afirmó: "Bienaventurado aquel que fija su mirada en la Orden de Baháʼu'lláh, y da gracias a su Señor."​

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