Tal Día como Hoy

Bélgica

País de Europa Occidental

Anúncio

Bélgica (en neerlandés: ; en francés: ; en alemán: ), oficialmente Reino de Bélgica, es uno de los veintisiete Estados soberanos que forman la Unión Europea, situado en Europa noroccidental. El país cubre una superficie de 30 528 km²​ y poseía en el año 2023 una población de 11 754 004​habitantes. Su capital y la conurbación más poblada es Bruselas, mientras que su ciudad (municipio) más poblada es Amberes.​

Bélgica es un Estado multilingüístico con tres lenguas oficiales: el 57 % de su población, en la Región de Flandes principalmente, habla neerlandés, mientras que cerca del 42 % habla francés (en la región de Valonia, al sur, y en la Región de Bruselas-Capital, una región oficialmente bilingüe que acoge una mayoría de hablantes de francés). Menos de un 1 % de los belgas vive en la Comunidad germanófona, donde hablan alemán, junto a la frontera al este del país. A menudo, esta diversidad lingüística lleva a severos conflictos políticos y culturales, muy parecidos a los de otros países bilingües, reflejándose en la organización territorial de Bélgica y en su historia política.

Bélgica recibe su nombre de la denominación latina de la parte más septentrional de la Galia, Gallia Belgica, el cual, a su vez, procede de un grupo de tribus celtas, los belgas. Históricamente, Bélgica ha sido parte de los Países Bajos de los Habsburgo, los cuales incluían los actuales Países Bajos y el Gran Ducado de Luxemburgo, ocupando una región algo mayor que el moderno Benelux.

Desde finales de la Edad Media hasta el siglo XVII, fue un floreciente centro de comercio y cultura. Desde el siglo XVIII hasta la Revolución belga de 1830, Bélgica, en aquella época llamada los Países Bajos del Sur, fue el lugar de muchas batallas entre las potencias europeas y es por ello que se ha ganado el apodo de «el campo de batalla de Europa»​ o «la cabina de Europa».​

Es uno de los miembros fundadores de la Unión Europea, cuyas instituciones principales[¿cuál?] están ubicadas en el país, así como de la OTAN. Su capital, Bruselas, es también la capital de facto de la Unión Europea.

El más antiguo uso de las voces Belga y Bélgica que nos ha llegado está en el De Bello Gallico de Julio César. En dicho libro, el conquistador romano dividía toda la Galia en tres partes: los galos propiamente tales, los aquitanos y los belgas. Estos últimos estaban separados de los galos por los ríos Sena y Marne. Durante el principado de Augusto (27 a. C.-14 d. C.), el general y político Marco Agripa dividió la Galia en tres provincias, asignando a una de ellas el nombre de Gallia Belgica. Esta se reorganizaría durante el imperio de Domiciano, quien la dividió a su vez en tres nuevas provincias, a saber: la Gallia Belgica y las dos Germanias. La Gallia Belgica se volvió a repartir más tarde en dos provincias: la Belgica Prima y la Belgica Secunda. La actual Bélgica tiene poco que ver con estas antiguas provincias romanas, ya que la mayor parte de su territorio se ubica en parte de la histórica Germania Inferior (más tarde, Germania Secunda) y otra parte en la Belgica Secunda.

Estos términos desaparecieron casi por completo después de las invasiones bárbaras y subsistieron solo en la pluma de algunos eruditos, mayormente clérigos. Volvieron a usarse en la segunda mitad del siglo IX, después de la escisión del imperio de Carlomagno, con la creación de la Lotaringia. Los clérigos de entonces, siguiendo una práctica común que consistía en utilizar los antiguos nombres latinos, usados por el Imperio, recuperaron la palabra Bélgica para designar al reino de Lotario II, en lugar del término Lotaringia, para designar al territorio situado entre la Gallia de Carlos el Calvo y la Germania de Luis el Germánico. Las denominaciones Belgae, Bélgica, Gallia Belgica desaparecieron de nuevo en el siglo XII, después de la desaparición de la Lotaringia.​

Su nombre constitucional se traduce como Reino de Bélgica, la escritura y pronunciación en los tres idiomas oficiales es en neerlandés: Koninkrijk België, pronunciado /ˈkonɪŋkrɛɪk ˈbɛlɣiə/ (); en francés: Royaume de Belgique y en alemán: Königreich Belgien, pronunciado /ˈkøːnɪçˌʁaɪ̯ç ˈbɛlɡi̯ən/ ().

Se conoce que ya en el Cretácico superior los iguanodontes​vivían en Europa.​ De hecho, el iguanodonte fue descubierto en el siglo XIX en las minas de carbón de Bernissart​​ con una manada de más de treinta esqueletos fósiles, la mayoría de ellos casi completos. Estos fósiles se exponen actualmente en el Museo de Ciencias Naturales de Bruselas y en el Museo del Iguanodonte de Bernissart. Los vestigios humanos más antiguos de Bélgica se encontraron en el yacimiento de Belle-Roche, en Sprimont, y atestiguan una antigua ocupación de unos 500 000 años.

El hombre de Neandertal,​​ descubierto en 1856, no tardó en recibir el nombre de la ciudad belga​ de Spy.​​ Allí se identificaron en 1886 los restos de dos esqueletos humanos contemporáneos a los de Neanderthal: el Hombre de Spy. Ya en 1830 se habían encontrado restos humanos en Engis, pero no se reconocieron directamente como pertenecientes a un hombre fósil. Durante el siglo XX, se descubrieron numerosos yacimientos paleolíticos y mesolíticos en el valle del Mosa, principalmente en refugios rocosos y cuevas naturales (Hastière, Han-sur-Lesse, Sclayn), pero también en terreno abierto (Namur). Durante el Neolítico (alrededor del 4000 a. C. en Bélgica), la población humana se extendió a las mesetas de las Ardenas y del Condroz, así como a las llanuras de Flandes y Hesbaye: se han estudiado numerosos yacimientos de ocupación.

El área ocupada por Bélgica ha experimentado significativos cambios demográficos, políticos y culturales. El primero bien documentado fue la conquista de la región por la República Romana en el siglo I a. C., seguida en el siglo V por los francos germánicos. Estos establecieron el Reino Merovingio, que pasó a ser el Imperio carolingio en el siglo VIII. Durante la Edad Media, los Países Bajos estaban fragmentados en pequeños Estados feudales. La mayor parte de ellos se unió durante los siglos XIV y XV con la casa de Borgoña, formando los Países Bajos borgoñones. Estos Estados ganaron el estatuto de autonomía en el siglo XV y fueron conocidos desde entonces como las Diecisiete Provincias.

La historia de Bélgica se puede distinguir de la de los Países Bajos desde el siglo XVI. La guerra de los Ochenta Años (1568-1648) provocó la división de las Diecisiete Provincias en las Provincias Unidas al norte y los Países Bajos del Sur al sur, siendo éstas gobernadas sucesivamente por los Habsburgo españoles y austriacos.

Hasta la independencia de Bélgica en 1830, los Países Bajos del Sur eran un territorio muy codiciado por los conquistadores, por lo que fueron el telón de fondo de la mayor parte de las guerras franco-españolas y franco-austriacas durante los siglos XVII y XVIII. Tras las campañas de 1794 de las Guerras Revolucionarias Francesas, los Países Bajos —que incluían territorios que nunca habían estado bajo dominio de los Habsburgo, como el Obispado de Lieja— fueron invadidos por Francia, terminando con el mando español y austriaco en aquella zona. En efecto, la reunificación de los Países Bajos como Reino Unido de los Países Bajos tuvo lugar a finales del Imperio francés, en 1815, tras las campañas de Napoleón.

El triunfo de la Revolución belga de 1830 para independizarse de los Países Bajos se decidió en la capital, Bruselas, en las llamadas Cuatro Jornadas de Bruselas, bajo un Gobierno Provisional, cuyo miembro más influyente era Charles Rogier y con la dirección militar como comandante en jefe del exiliado español Juan Van Halen. La breve contienda llevó a la fundación de una Bélgica independiente, católica y neutral bajo un gobierno provisional.

Desde la instauración de Leopoldo I como rey en 1831, Bélgica ha sido una monarquía constitucional y una democracia parlamentaria. Entre la independencia y la II Guerra Mundial, el sistema democrático evolucionó de una oligarquía caracterizada por dos partidos principales, los católicos y los liberales, a un sistema de sufragio universal que ha incluido un tercero, el Partido Socialista, y un papel fuerte para los sindicatos. En sus orígenes, el francés, que era la lengua de la nobleza y la burguesía, era la lengua oficial. Desde entonces, el país ha desarrollado un sistema bilingüe en neerlandés y francés.

Anúncio

Próximamente en la app World in Stories

Audio, descarga offline, sin anuncios y mucho más.

Conocer Premium
Bélgica | World in Stories