Bárbara de Nicomedia (en griego antiguo: Ἁγία Βαρβάρα; en latín: Barbara Heliopolitana vel Nicomediensis, Nicomedia, Imperio romano o Baalbek, en el actual Turquía, 273-ibíd., 306), conocida en la Iglesia Ortodoxa Oriental como la Gran Mártir Bárbara, fue una santa y mártir paleocristiana fenicia, patrona de los mineros y los artilleros y otros que trabajan con explosivos debido a la asociación de su leyenda con los rayos, cuya festividad se celebra por la Iglesia católica el 4 de diciembre.
En cuanto a su lugar de nacimiento alrededor del siglo III, se señalan por lo menos dos lugares de nacimiento distintos. Por un lado, mientras unos afirman que habría nacido en Nicomedia, cerca del mar de Mármara, actual Turquía, otros indican que nació en Baalbek, también conocida como Heliópolis de Fenicia, actual Líbano. Era hija de un sátrapa de nombre Dióscoro, quien la encerró en un castillo para evitar que se casara tan joven y para evitar el proselitismo cristiano. Durante su encarcelamiento tenía maestros que le enseñaban poesía y filosofía, entre otros temas. Por esto mismo, y porque su padre estaba ausente, Bárbara se convirtió al cristianismo y mandó un mensaje a Orígenes, considerado un erudito de la Iglesia cristiana, para que fuera a educarla en esta fe. Después de ser bautizada, mandó construir una tercera ventana en su habitación, simbolizando así la Santísima Trinidad. Cuando su padre fue a verla, se declaró cristiana y se opuso al matrimonio que este le proponía, diciendo que elegía a Cristo como su esposo. Entonces su padre se enfadó y quiso matarla en honor a sus dioses paganos. Por eso, Bárbara huyó y se refugió en una peña, milagrosamente abierta para ella, pero pese al milagro, fue capturada.
Su martirio fue el mismo que el de san Vicente: fue atada a un potro, flagelada, desgarrada con rastrillos de hierro, colocada en un lecho de trozos cortantes de cerámica y quemada con hierros candentes. Finalmente, el mismo rey Dióscoro la envió al tribunal, donde el juez dictó la pena capital por decapitación. Su mismo padre fue quien la decapitó en la cima de una montaña, tras lo cual un rayo lo alcanzó, dándole muerte también.
El padre carmelita Claudio de San José narra, en un manuscrito de la Orden Carmelita, que el sepulcro de santa Bárbara fue venerado por fieles que reportaban curaciones milagrosas. Su fama era muy reconocida en el siglo VIII y algunos empezaron a llevarse las reliquias hasta que fueron trasladadas a Constantinopla y después a Venecia.
Su culto fue confirmado por san Pío V en 1568 y se convirtió en uno de los catorce santos auxiliadores del Santoral.
Hay quienes dicen que en realidad sí se casó con un mártir, creencia que tiene mucho peso. Como se tiene certeza que nació un 4 de diciembre, su festividad se celebra en esa fecha. Por relacionarse con las explosiones, es la patrona de los artilleros y de los mineros. Se usa el nombre de «santabárbara» para denominar los polvorines y almacenes de explosivos, particularmente en las naves. Se la considera protectora contra los daños del temporal, los rayos y las centellas; de ello se deriva el modismo "acordarse de Santa Bárbara cuando truena" que se usa en diversas ocasiones, tanto para aludir a quienes solo piensan en la solución de un problema cuando este se hace muy evidente, como para referirse a las personas que solo piensan en los demás cuando necesitan su ayuda. Según el diccionario de la Real Academia, el modismo "quemar" o "volar la santabárbara" significa "tomar una decisión extrema sin reparar en los daños que puedan causar los medios empleados".
Sus reliquias fueron trasladadas a Venecia en tiempos del dogo Pedro II Orseolo (991-1009), por María Argyropoula, una princesa bizantina posiblemente hermana de Romano III, que se había casado con Juan, el hijo del dogo.
Las reliquias de la santa quedaron después en manos de la Iglesia griega y en 1108 una princesa griega de nombre Bárbara Komnena, que se casó con el príncipe de Kiev, Sviatopolk Iziaslavovich, llevó consigo las reliquias, que fueron depositadas en el Monasterio de San Miguel de las Cúpulas Doradas en Kiev.
En la época de las guerras napoleónicas, las sagradas reliquias fueron llevadas al templo de San Martín de la isla de Burano, donde se siguen custodiando hasta hoy. Los restos están en una capilla dedicada exclusivamente a Santa Bárbara. Una parte de las reliquias de esta mártir, que se hallaban en la iglesia de San Marcos de Venecia, fueron llevadas al santuario de Santa Bárbara perteneciente a la diaconía apostólica y ubicado en el municipio del Ática, del mismo nombre, por el arzobispo de Atenas y toda Grecia, Christódoulos.
En la iglesia de San Juan del Hospital, Valencia, se halla la columna donde fue martirizada, en una capilla bajo la advocación de la santa. Esta reliquia fue traída a la ciudad de Valencia por la emperatriz Constanza Augusta de Grecia.
En la iglesia de San Jaime de Moncada (Valencia), se encuentra una falange de un dedo de la Santa traída desde Roma a Moncada.
El medallón que tenía durante el martirio se había perdido; dicha reliquia fue encontrada en la penúltima década del siglo XVIII (1780-1790), en el mes de octubre, en una pequeña parroquia llamada Riochico de Portoviejo, en la provincia de Manabí, Ecuador. Según historiadores, estaba enterrado entre matorrales donde actualmente se levanta el templo parroquial, que lleva su nombre. La leyenda dice que el templo se iba a construir en otro sitio pero que el medallón volvió a aparecer misteriosamente donde había sido encontrado. Desapareció por primera vez de la vitrina del templo, a causa de un robo, pero apareció nuevamente un tiempo después y, la segunda vez, después de que dicha parroquia mandara esculpir una imagen de la santa, de manera que fue colocado en ella. Ahora se desconoce su paradero. Algunos piensan que alguien lo robó y que aún se encuentra en la parroquia; pero la leyenda apunta que por voluntad divina aparece y reaparece en otro lugar desconocido para así propagar la fe de santa Bárbara.
En el municipio zaragozano de Villafranca de Ebro se encuentra la reliquia de un trozo de tibia de Santa Bárbara, que llegó al municipio en la segunda mitad del siglo XVII. Este es el origen del patronazgo de Santa Bárbara sobre Villafranca de Ebro.
Se la suele representar joven, bien con la palma del martirio, bien con plumas de pavo real, pues este animal es símbolo de la resurrección o la inmortalidad, y aparece ya en la más antigua representación conocida, que data del siglo VIII (Santa María la Antigua, de Roma).
También suele aparecer con su atributo, una torre con tres ventanas, unas veces encerrada en la misma y en otras la torre aparece a su lado o en miniatura sobre una de sus manos. El significado de esta torre con tres ventanas es el refugio de la fe en la Santísima Trinidad. Y suele llevar corona, que admite variaciones: en algunas es la de una princesa y en otras es una corona completa formada de varias torres.
La imagen de santa Bárbara también aparece a veces asociada:
Con la espada con la cual fue decapitada, lo que ha contribuido a que sea asociada con la guerra, pero dicha espada representa un símbolo de fe inquebrantable.
Con un cáliz, que significa su conversión al catolicismo.