Ayerbe es un municipio y una villa española de la provincia de Huesca, en la comunidad autónoma de Aragón. El término municipal, ubicado en la comarca de la Hoya de Huesca, tiene una población de 1050 habitantes (INE 2025).
Situada en una depresión erosiva excavada en la facies margosa terciaria, a la izquierda del río Gállego, goza de cielo alegre y clima saludable. Se encuentra en la carretera autonómica A-132 con dirección a Pamplona. Tiene estación de ferrocarril en la línea de Madrid a Jaca y Canfranc. Componen su territorio 6329 hectáreas que limitan por el norte con los términos de Las Peñas de Riglos y Loarre; por el este con Loarre y Loscorrales; por el sur con Lupiñén-Ortilla, y por el oeste con Biscarrués y Murillo de Gállego.
Con terreno apto para el regadío, en general es de secano, flojo y pedregoso, formado por extensos llanos salpicados por pequeños cerros aislados. La encina, el almendro, la vid y el olivo ocupan gran parte de la tierra también poblada por romeros, aliagas y otros arbustos además de las hierbas de pasto, sustento de ganado y de especies para la caza menor, como conejos, liebres, perdices y palomas.
La localidad está ubicada a unos 28 km de Huesca.
La variedad de biotopos que se encuentran desde las crestas de las Sierras hasta el fondo de la Hoya, las grandes extensiones de montes y sierras de indudable valor y riqueza forestal que rodean la comarca y la conservación aunque sea a nivel residual de vegetación autóctona en “marguines”, sotos, barrancos, cabañeras y tierras dejadas en abandono, así como las islas de vegetación que sobreviven a roturaciones e incendios; han permitido escapar de momento a esta comarca del tremendo deterioro ecológico que están sufriendo los montes de la provincia en los últimos 50 años (talas y roturaciones de los carrascales y cajicares del somontano, incendios, monocultivos, aplicación de insecticidas sobre todo en las estepas agrícolas...)
Esas importantísimas “islas” de vegetación autóctona que han quedado desperdigadas por el territorio son refugio para gran variedad de especies vegetales y animales, y han permitido colonizar de nuevo muchos ecosistemas dañados en el pasado.
Para los lepidópteros ropaloceros (las mariposas diurnas) de la comarca de Ayerbe todas estas condiciones son fundamentales para mantener una variedad y frecuencia de especies tanto locales como migratorias muy importante.
A lo largo del año están presentes aquí especies de todas las familias, y cualquier paseo por caminos, sendas o barrancos, va a permitir contemplar tanto el vuelo desordenado y pardo de los satíridos como el aleteo majestuoso y colorido de algunos de los ninfálidos más hermosos, para seguidamente ver planeando grandes y lentos papiliónidos (como la “machaón” o la “apollo”) rodeados de las más pequeñitas y rápidas especies de licénidos y hespéridos.
El emplazamiento en la comarca de una de las mejores reservas de Europa de buitre leonado (Gyps fulvus) otorga al término de Ayerbe un especial atractivo para ornitólogos y naturalistas.
Otras aves que pueblan el territorio son azores, becadas, búhos reales, cárabos, carboneros, codornices, cuervos, golondrinas, gorriones, grajos, halcones, herrerillos, lechuzas, mochuelos, palomas, perdices, petirrojos, tordos y quebrantahuesos.
Moran también mamíferos como ciervos, conejos, corzos, jabalís, liebres y zorros y algunos otros vertebrados culebras, lagartos, ranas y sapos.
La caza es otra de las riquezas de la zona, practicándose tradicionalmente la caza menor y dejando solamente el jabalí para la caza mayor.
Mucha superficie es ocupada por tierra de labor muy bien utilizada y circundada por matorral que convive con las aliagas, boj, enebro, gayuba, lavanda, romero, tomillo. El Arbolado natural más difundido está compuesto por la carrasca y el pino carrasco, mientras que el arbolado de repoblación se compone de pino albar y pino laricio.
Es de destacar la gran variedad de setas que germinan en la zona: boleto anillado, boleto granulado, cabrilla, capuchina, champiñón silvestre, colmenilla, negrilla, orellana, pie azul, rebozuelo anaranjado, robellón, robellón avinagrado, rúsula de láminas doradas, senderuela, seta de cardo, seta de chopo, seta de los caballeros.
Escudo cuadrilongo con base circular, en campo de azul, un castillo de oro, donjonado de tres, aclarado de gules y mazonado de sable; surmontado de una flor de lis, de oro. Al timbre una corona cerrada compuesta de un aro de oro engastado de piedras preciosas, sumado de ocho florones de hojas de apio, con perlas intercaladas, y sumados de otras tantas diademas cargadas de perlas, cerradas por lo alto y sumado, en la parte que se juntan, un globo centrado y cruzado de una cruz llana.
Se representa en un paño cuyas proporciones son de una longitud equivalente a tres medios de anchura: paño amarillo, mastilada al asta de una flor de lis, azul, puesta de forma horizontal, que ocupa dos tercios de la longitud del paño, cargada en el centro del asta de un castillo amarillo, donjonado de tres, aclarado de rojo y mazonado de negro.
Se llegó a hipotetizar que el origen de la población fuera una antigua mansión romana denominada Ebellino, algo imposible ya que la vía romana Caesaraugusta-Benearnum, que supuestamente se encontraba junto a la misma no transcurrió por la población, originandose lo más probable durante la época musulmana en una población ubicada la cima del cerro.
Esta al encontrarse ubicada en la Marca Superior y estar regida desde Zaragoza, a menudo era punto de origen de las razzias punitivas hacia los valles pirenaicos y que por lo tanto contaba con una importante cantidad de hisn o fortalezas dedicadas a la protección de la población, como lo fueron Bitra Silg o la atalaya de Santa Eulalia la Mayor.