Lucio Domicio Aureliano (en latín, Lucius Domitius Aurelianus Augustus; 9 de septiembre de 214‑septiembre/octubre de 275), emperador romano (270‑275), fue uno de los «soldados-emperadores» notablemente exitosos conocidos como los emperadores ilirios, que ayudaron al Imperio romano a recuperar su poder y prestigio durante la última parte del siglo III y comienzos del siglo IV.
Durante su reinado, derrotó a los alamanes, godos y vándalos y el Imperio fue reunificado íntegramente después de quince años de rebelión que habían llevado a la pérdida de dos tercios de su territorio en favor de dos estados separatistas: el Imperio de Palmira en Oriente y el Imperio galo en Occidente. También fue el responsable de la construcción de las murallas aurelianas en Roma y del abandono definitivo de la provincia romana de Dacia. Sus éxitos marcaron el fin de la crisis del siglo III en el Imperio, llegando a ser nombrado como Restitutor Orbis («Restaurador del Mundo»).
Aureliano nació en Dacia ripensis o Sirmio (ahora Sremska Mitrovica, Serbia), Eutropio dice que nació en Dacia. La Historia Augusta defiende el nacimiento en Sirmio o Dacia, pero narra también orígenes en Mesia; Aurelio Víctor dice que nació entre Dacia y Macedonia. Hijo de una familia de provincias poco conocida, su padre era arrendatario de un senador de nombre Aurelio, que dio su nombre a la familia. Aureliano probablemente se unió al ejército en 235, con veinte años de edad. De su juventud se sabe poco ya que se supone que las historias documentadas en la Historia Augusta son de muy dudosa credibilidad. Estaba casado con Ulpia Severina, de quien se conocen muy pocos datos, y se sabe que tenía una hija.
Se distinguió militarmente durante la tumultuosa época de mediados de siglo. Sus éxitos como comandante de infantería lo acercaron al entorno del emperador Galieno. Aureliano sirvió como general en varias guerras, lo cual lo convirtió en un hombre de confianza y dux equitum (comandante de caballería) del ejército del emperador. En 268, su caballería derrotó de forma aplastante a la poderosa caballería goda en la batalla de Naissus. No está clara la cronología, por lo que no resulta claro si durante dicha batalla gobernaba todavía el emperador Galieno o si este había sido ya asesinado y había tomado el mando el emperador Claudio II Gótico. En cualquier caso, en un momento dado Galieno viajó a Italia para enfrentarse a Aureolo, un antiguo general suyo que ahora intentaba usurparle el trono. Galieno logró poner en fuga a Aureolo y perseguirlo hasta Mediolanum (moderna Milán), tras lo cual comenzó un asedio a la ciudad. Sin embargo, durante el asedio el emperador fue asesinado. Según una fuente, Aureliano participó en el asesinato de Galieno (268), y apoyó a Claudio II en su ascenso al trono.
Claudio II fue aclamado emperador por los soldados en las afueras de Mediolanum. El nuevo emperador ordenó inmediatamente al Senado la deificación de Galieno, en lo que parecería un primer movimiento para alejarse políticamente del magnicidio. Siguió distanciándose de los autores materiales del mismo ordenando la ejecución de todos aquellos relacionados directamente con los hechos. Por otro lado, Aureolo seguía bajo asedio en Milán y, aunque intentó la reconciliación con el nuevo emperador, Claudio se negó y lo hizo matar; también en este caso existe alguna fuente que implica a Aureliano en los hechos. Durante el reinado de Claudio, Aureliano fue promocionado rápidamente: recibió el mando de la caballería de élite de Dalmacia, y pronto alcanzó el mando supremo de toda la caballería, el mismo cargo que ocupaba el propio Claudio antes de ser aclamado emperador.
Sin embargo, la guerra contra Aureolo y la consiguiente concentración de fuerzas en Italia permitió que los alamanes atravesaran el Limes Germanicus por el Danubio superior. Marcharon por Recia y a través de los Alpes sin oposición, para después entrar en el norte de Italia y dedicarse al saqueo. A comienzos del año 269 el emperador Claudio marchó con Aureliano al norte a enfrentarse con los alamanes, a los que infligieron una decisiva derrota en la batalla del lago Benaco. Mientras se encontraban terminando con el enemigo derrotado, llegaron noticias de los Balcanes que informaban de ataques a gran escala de hérulos, godos, gépidos y bastarnos. Claudio envió inmediatamente a Aureliano a la zona para contener la invasión lo mejor posible hasta que él llegara con el ejército principal. Los godos asediaban Tesalónica cuando tuvieron noticia de la aproximación del emperador, lo que los obligó a abandonar el asedio y saqueo del norte de Macedonia. Aureliano los interceptó con la caballería dalmacia y logró una serie de victorias en pequeñas escaramuzas, en las que mató hasta unos tres mil enemigos. Después, continuó hostigándolos y empujándolos hacia Mesia Superior, el lugar en el que Claudio había reunido a su ejército. La subsiguiente batalla no fue decisiva: se detuvo el avance de los godos pero los romanos sufrieron muchas bajas. Claudio no podía arriesgarse a una segunda batalla campal, por lo que preparó una emboscada que tuvo éxito, al morir miles de sus enemigos. Sin embargo, la mayoría de los godos escaparon y comenzaron a retirarse hacia el sur, por el camino por el que habían llegado, y Aureliano pasó el resto del año hostigándolos con su caballería. Con los godos estancados en territorio romano y sin provisiones, Aureliano percibió la desesperación del enemigo y lanzó un ataque con la totalidad de la caballería, el cual los diezmó y obligó a los supervivientes a huir a Tracia. Allí, llegaron hasta las montañas Haemus, en las que se vieron rodeados y estuvieron a punto de rendirse, pero lograron en un momento dado romper las líneas enemigas y escapar: al parecer el emperador ignoró un aviso, puede que de Aureliano, y mantuvo consigo a la caballería, enviando tan sólo a la infantería a parar a los godos. Estos lograron matar a muchos soldados romanos y su victoria solamente se vio interrumpida cuando Aureliano cargó finalmente con la caballería. Sin embargo, los godos lograron huir y seguir su marcha por Tracia.
En la primavera de 270 la situación seguía igual, con el ejército romano siguiendo de cerca la marcha de los godos. Sin embargo, estalló una plaga de efectos devastadores que se propagó por los Balcanes y mató a muchos soldados de ambos ejércitos. El propio emperador cayó enfermo y tuvo que volver a los cuarteles de Sirmio, para lo cual dejó a Aureliano al cargo de las operaciones contra los godos. Este aprovechó su caballería para dividir a los godos en pequeños grupos que eran más fáciles de derrotar. Para finales del verano los godos habían sido derrotados totalmente: todos los supervivientes fueron despojados del botín acumulado y se los obligó a servir en el ejército romano o a asentarse como colonos en las regiones fronterizas. Sin embargo, Aureliano tuvo poco tiempo para disfrutar la victoria, puesto que a finales de agosto llegó la noticia de que el emperador Claudio había fallecido.
Tras la muerte de Claudio se produjo una nueva lucha por la sucesión. El Senado romano apoyó como sucesor a Quintilo, hermano de Claudio. Sin embargo, en una situación típica de la crisis del siglo III, el ejército no apoyó al mismo candidato que el Senado, prefiriendo apoyar a uno de sus propios comandantes: las legiones de Sirmio que comandaba Aureliano lo proclamaron emperador en septiembre de 270. Con un poder militar mucho más fuerte que el del otro pretendiente al trono, Aureliano se dirigió a Roma para asegurar su nombramiento como emperador. Aureliano derrotó a las tropas de Quintilo y, tras la muerte de este, fue reconocido emperador por el Senado. Existe una historia que defiende que Aureliano fue elegido por Claudio como sucesor en su lecho de muerte, si bien ésta puede descartarse como propaganda. Más tarde, probablemente en 272, Aureliano situó su propio dies imperii en el día de la muerte de Claudio, con lo que consideraba implícitamente a Quintilo como un usurpador.