La arquitectura barroca apareció en la península itálica, en lo que hoy es Italia, en una época en que las ciudades-estado gradualmente habían ido perdiendo su independencia y estaban bajo la dominación extranjera, primero de España (1559-1713) y después de Austria (1713-1796). Se inició en Roma a principios del siglo XVII, se difundió primero por las ciudades italianas y, luego llegó al resto de Europa y América y ejerció su influencia en todo el mundo católico. Precedido por el Renacimiento y el manierismo, se desarrolló a lo largo de todo el siglo XVII, durante el período del absolutismo, y fue sucedido por el rococó y el neoclasicismo.
El barroco es liberación espacial, es liberación mental de las normas de los tratadistas, de las convenciones, de la geometría elemental y de todo lo estático; es también liberación de la simetría y de la antítesis entre espacio interno y espacio externo. Por esta voluntad de liberación, el barroco alcanza un significado psicológico que trasciende hasta la arquitectura de los siglos XVI y XVII, logrando un estado de ánimo de libertad, una actitud creadora liberada de prejuicios intelectuales y formales (Zevi, 1993, p. 93).
El término barroco, originalmente despectivo, indicaba la falta de regularidad y orden, que los defensores del neoclasicismo, influenciados por el racionalismo de la Ilustración, consideraban una indicación de mal gusto. De hecho, las características fundamentales de la arquitectura barroca, altamente decorativa y teatral, fueron las líneas curvas, con patrones sinuosos, como elipses, espirales o curvas con una construcción policéntrica, a veces con motivos que se entrelazan entre sí, para ser casi indescifrables. Todo tenía que despertar asombro y el fuerte sentido de la teatralidad empujaba a los artistas a la exuberancia decorativa, combinando pintura, escultura y estuco en la composición espacial y subrayando todo a través de sugestivos juegos de luces y sombras.
Influencia de Miguel Ángel en el Barroco
Muchas de las características distintivas del Barroco, como el dinamismo, la teatralidad y la interacción con el espectador, pueden pueden verse en las innovaciones creadas por Miguel Ángel. Su enfoque en romper con las normas clásicas del Renacimiento, al utilizar formas más innovadoras y diseños más dinámicos, Miguel Ángel inspiró a los arquitectos barrocos a construir edificios que no solo fueran funcionales, sino también impresionantes. Miguel Ángel introdujo un enfoque innovador de dinamismo y una libertad creativa en su arquitectura, alejándose de la estricta simetría y proporciones del Renacimiento. Este cambio se refleja en la disposición de las formas arquitectónicas y la interacción con el espectador, elementos que influenciaron el barroco.
Por ejemplo en el Palacio de los Conservadores se ve como rompe con lo clásico, generando más dinamismo y un impacto visual a través de su monumentalidad que influenciaron en arquitectos barrocos. Y su forma de combinar elementos clásicos con sus ideas innovadoras le dieron lugar a la teatralidad y la interacción con el espectador.
Dándole así lugar al barroco que se desarrolló después de Miguel Ángel, tomando estas ideas desarrollando un estilo que enfatizaba el dramatismo, la opulencia y el movimiento, siendo así Miguel Ángel uno de los que contribuyó para sentar las bases del estilo barroco.
El estilo barroco se considera generalmente consustancial con la Contrarreforma, aunque luego también fue adoptado por las élites de los países protestantes del norte de Europa y por los del mundo eslavo ortodoxo. Su nacimiento en Roma a partir del Manierismo es coincidente con el de la compañía de Jesús —fundada en 1537 para fortalecer la influencia católica perdida y evangelizar el Nuevo Mundo— y con la del Concilio de Trento (1545-1563), que reformó los excesos más patentes de la Iglesia católica, cuya reputación se veía empañada por el patrocinio sistemático y por el escándalo de las indulgencias. Coincidió con el establecimiento de nuevas órdenes religiosas —barnabitas, jesuitas, oratorianos, teatinos— que demandaban nuevas iglesias, de un nuevo que inspirasen sorpresa y asombro, lugares para la propaganda de la fe católica en los que se perseguía la belleza con unas decoraciones cada vez más expansivas.
Los arquitectos barrocos tomaron los elementos básicos de la arquitectura renacentista, incluidas las cúpulas y las columnatas, y los hicieron más altos, más grandiosos, más decorados y más teatrales. Los efectos interiores a menudo se lograron con el uso de la Quadratura, o pintura trompe-l'oeil, combinada con la escultura; el ojo era dirigido hacia arriba, dando la ilusión de que se está mirando al cielo. Grupos de ángeles esculpidos y figuras pintadas se amontonan en el techo. La luz también se usó para lograr un efecto escénico; fluía desde las cúpulas y se reflejaba en una abundancia de dorados. Las columnas retorcidas también se usaron a menudo para dar una ilusión de movimiento hacia arriba, y los cartouches y otros elementos decorativos ocupaban cada espacio disponible. En los palacios barrocos, las grandes escaleras se convirtieron en un elemento central.
En su fase inicial, el Barroco temprano (1584-1625), estuvo dominado en gran medida por el trabajo de los arquitectos romanos. A veces se menciona una obra de Giacomo della Porta, la reforma de la fachada (1575-1584) de la Iglesia del Gesù —iglesia de Jacopo Vignola que fue la mayor y primera iglesia completamente nueva después del Saco de Roma—, como «la primera verdaderamente barroca» aunque en otras ocasiones se considera como punto final del manierismo. Los primeros ejemplos en los que este estilo es plenamente reconocible, son algunas obras de Carlo Maderno —fachada de Santa Susanna (1585-1603), fachada y nave de San Pedro del Vaticano (1603-1626)— o la basílica de Sant'Andrea della Valle (1608-1625) de Giacomo della Porta , en los que destaca el intento de reforzar el eje central de las fachadas mediante el uso gradual de pilastras, semicolumnas y columnas.
En Francia e Inglaterra, y en otras regiones de la Europa septentrional, se produjo un movimiento más racionalista derivado directamente del Renacimiento que se denominó clasicismo barroco. El Palacio de Luxemburgo (1615-1645), construido por Salomon de Brosse para María de Médicis, fue un ejemplo francés temprano de este estilo.
El estilo alcanzó su apogeo en el Alto Barroco (1625-1675), cuando Gian Lorenzo Bernini —cuya influencia en la vida artística de la época se ha llegado a calificar de dictadura —, Francesco Borromini y Pietro da Cortona contribuyeron a desarrollar aún más el lenguaje barroco, ya no solo en la aplicación de elementos decorativos, sino en la misma concepción del espacio basándose en la elaboración de nuevas formas como elipses, espirales y curvas policéntricas. La mayoría de sus contribuciones están relacionadas con edificios religiosos: columnata de la plaza de San Pedro (1656-1657) e iglesias de Sant'Andrea al Quirinale (1658-1670) y de la Asunción, en Ariccia, de Bernini; Sant'Agnese en Agone, San Carlo alle Quattro Fontane (1634-1646), Sant'Ivo alla Sapienza (1643-1662) y nave central de San Giovanni in Laterano (1646-1650), de Borromini; San Lucas y Santa Martina (1634-1650), Santa Maria della Pace (1656-1667) y fachada de Santa Maria en Via Lata, de Cortona. Aunque no faltaron fábricas civiles (como el palacio Barberini con sus fastuosos interiores (proyecto en el que intervinieron Cortona, Bernini y Borromini), el palacio Montecitorio, de Bernini y Carlo Fontana, el palacio Chigi-Odescalchi, también de Bernini, y el palacio de Propaganda Fide y la galería en perspectiva del palacio Spada, de Borromini). Después de Bernini y Borromini, Carlo Fontana fue el arquitecto más influyente de Roma (fachada cóncava de San Marcello al Corso).
En Venecia, una de las obras más destacadas del Alto Barroco fue Santa Maria della Salute de Baldassare Longhena. Ejemplos destacables en Francia son el Pavillon de l'Horloge (1624-1645) del palacio del Louvre y la Capilla de la Sorbona (1626-1635) , ambas obras de Jacques Lemercier, y el Château de Maisons-Laffitte de François Mansart (1630-1651). En esta etapa, el estilo se utilizó también de forma generalizada en iglesias y palacios de España, Portugal, Baviera, Austria y Bohemia.