San Miguel Arcángel (en hebreo: מִיכָאֵל, latinizado: Mī-khā-’Ēl?, ‘¿Quién como Dios?’; en árabe: ميخائيل, romanizado: Mījā'īl; en griego antiguo: Μιχαήλ Mijaēl; en latín: Michael o Michahel) es un arcángel y jefe de los ejércitos de Dios según las tradiciones judía, cristiana (Iglesias católica, ortodoxa, copta y anglicana) e islámica. Las primeras menciones que se conservan de su nombre se encuentran en obras judías de los siglos III y II a. C., a menudo apocalípticas, aunque no siempre, en las que aparece como jefe de los ángeles y arcángeles, príncipe guardián de Israel y responsable del cuidado del pueblo de Israel. El cristianismo conservó casi todas las tradiciones judías relacionadas con él, y se le menciona explícitamente en Apocalipsis 12:7-12, donde lucha contra Satanás, y en la Epístola de Judas, donde el arcángel y el diablo disputan por el cuerpo de Moisés.
Para los cristianos, es el protector de la Iglesia y abogado del pueblo elegido de Dios. La Iglesia católica lo considera como patrono y protector de la Iglesia universal. La Iglesia copta lo considera el primero de los siete arcángeles, junto con Gabriel, Rafael y Uriel. Para los testigos de Jehová, Miguel se encarnó como Jesucristo.
Miguel es el encargado de frustrar a Lucifer o Satanás, uno de los ángeles caídos. (Apocalipsis 12:7). Por eso, en el arte se le representa como un ángel con armadura de general romano, amenazando con una lanza o espada a un demonio o dragón. También suele ser representado pesando las almas en la balanza, pues según la tradición, tomaría parte en el Juicio final.
El vocablo arcángel aparece sólo dos veces en el Nuevo Testamento de la Biblia y viene del antiguo prefijo griego ἀρχ-, ἄρχω (arch-, archō), que indica supremacía o liderazgo ante determinado grupo y quiere decir “que gobierna, que dirige, que comanda, que lidera” + ἄɣɣελος (ángelos) “mensajero”. Ἀρχάɣɣελος (archangelos), en griego koiné, tiene como significados dados los de “Ángel Jefe”, “Capitán de los Ángeles” o “Uno de los primeros ángeles“”.
El término “arcángel”, como todo adjetivo del griego antiguo, se aplica en plural, dual y singular.
El nombre Miguel en hebreo מִיכָאֵל significa literalmente “¿Quién es como Dios?” (Mī-khā-’Ēl?l).
Es importante resaltar el carácter inquisitivo de mi, que significa “¿quién?”, por lo menos en 350 oportunidades del Antiguo Testamento donde se menciona esta palabra, de forma inquisitiva, además, la lectura en hebreo se realiza de derecha a izquierda.
El sufijo El es usado también con regularidad en otros nombres, significando “Dios” en todos los casos. Por ejemplo, Daniel (Dios es Juez), Emmanuel (Dios con nosotros), Ezequiel (La fuerza de Dios).
Véase : Otros nombres con prefijo El.
Antiguo Testamento y apócrifos
El Libro de Enoc incluye a Miguel como uno de los siete arcángeles (los demás nombres son Uriel, Raguel, Rafael, Sariel, Gabriel y Remiel), quienes en el Libro de Tobías «están preparados y entran ante la gloria del Señor». El hecho de que se presente a Miguel implica el conocimiento de él y de los otros ángeles nombrados. Se le menciona de nuevo en los últimos capítulos del Libro de Daniel, un apocalipsis judío compuesto en el siglo II a. C., en el que un hombre vestido de lino (nunca identificado, pero que coincide con la descripción dada a Juan en el Apocalipsis sobre el Alfa y Omega) le dice a Daniel que él y «Miguel, tu príncipe» están enfrascados en una batalla con el «príncipe de Persia», tras la cual, en el fin de los tiempos, «Miguel, el gran príncipe que protege a tu pueblo, se levantará».
Libro de Enoc fue fundamental para establecer el lugar preeminente de Miguel entre los ángeles y arcángeles, y en obras judías posteriores se dice que es su jefe, mediando la Torá (la Ley de Dios) y estando a la derecha del trono de Dios. En las tradiciones de la comunidad de Qumrán, defiende o lidera al pueblo de Dios en la batalla escatológica (es decir, del fin de los tiempos). En otros escritos, es responsable del cuidado de Israel y actúa como comandante de los ejércitos celestiales; es el defensor de Israel que contesta la reclamación de Satanás sobre el cuerpo de Moisés; intercede entre Dios y la humanidad y ejerce como sumo sacerdote en el santuario celestial; y acompaña a las almas de los justos fallecidos al Paraíso.
Los siete arcángeles (o cuatro, ya que las tradiciones difieren, pero siempre incluyen a Miguel) se asociaban con las ramas de la menorah, el candelabro sagrado de siete brazos del Templo, como los siete espíritus ante el trono de Dios, y esto se refleja en el Libro del Apocalipsis 4:5 («Del trono salían relámpagos, truenos y estruendos, y delante del trono ardían siete antorchas de fuego, que son los siete espíritus de Dios» – English Standard Version). Miguel se menciona explícitamente en Apocalipsis 12:7-12, donde lucha contra Satanás y lo expulsa del cielo para que ya no tenga acceso a Dios como acusador ya que este era su papel formal en el Antiguo Testamento. La caída de Satanás con la llegada de Jesús marca la separación del Nuevo Testamento del judaísmo. En Lucas 22:31, Jesús le dice a Pedro que Satanás ha pedido permiso a Dios para «cribar» a los discípulos, con el objetivo de acusarlos, pero Jesús se opone a la acusación, asumiendo así el papel que desempeñan los ángeles, y especialmente Miguel, en el judaísmo.
Miguel es mencionado por segunda vez en la Epístola de Judas, que es una apasionada súplica a los creyentes para que luchen contra la incursión del error. En los versículos 9-10, el autor denuncia a los herejes contrastándolos con el arcángel Miguel, quien, al disputar con Satanás por el cuerpo de Moisés, «no se atrevió a pronunciar el veredicto de «calumnia», sino que dijo: «¡Que el Señor te reprenda!»».
El Arcángel Miguel en el judaísmo
Según la tradición rabínica, Miguel actuó como defensor de Israel y, en ocasiones, tuvo que luchar contra los príncipes de otras naciones (Daniel 10:13) y, en particular, contra el ángel Samael, acusador de Israel. Su enemistad se remonta a la época en que Samael fue expulsado del cielo e intentó arrastrar a Miguel con él, lo que requirió la intervención de Dios.
La idea de que Miguel era el defensor de los judíos se hizo tan prevalente que, a pesar de la prohibición rabínica de recurrir a los ángeles como intermediarios entre Dios y su pueblo, ocupó un lugar en la liturgia judía: «Cuando un hombre está en necesidad debe rezar directamente a Dios y no a Miguel ni a Gabriel». El profeta Jeremías le dirige una oración.
Considerando que el Arcángel Miguel fue uno de los tres ángeles que anunciaron el nacimiento de Isaac junto con los arcángeles san Gabriel y san Rafael y protegió al pueblo de Israel durante su marcha por el desierto, actualmente el judaísmo invoca a Miguel como amparador de sus sinagogas. En la liturgia del Yom Kipur el sermón concluye con las palabras: Miguel, príncipe de misericordia, orad por Israel.