Antoine Perrenot de Granvela (Besanzón; 20 de agosto de 1517 - Madrid; 21 de septiembre de 1586) fue un cardenal de la Iglesia católica y estadista procedente del Franco Condado que estuvo al servicio de los Austrias españoles. Hijo del borgoñón Nicolás Perrenot de Granvela, secretario de Carlos I, al que sucedió como consejero imperial en 1550, fue además obispo de Arrás y arzobispo de Malinas y Besanzón.
Recomendado por Carlos I a su sucesor, tuvo especial celo en el cumplimiento de las prerrogativas del poder real hispano en Europa. Concertó la boda entre Felipe II y María I Tudor para aliar a España e Inglaterra bajo los planes reales de aislar a Francia. En 1556 fue nombrado por Felipe II presidente del Consejo de Estado en Flandes bajo las órdenes de la regente Margarita de Parma, media hermana de Felipe II, hija ilegítima de Carlos I. En 1561 fue nombrado cardenal. Se creó poderosas enemistades en Flandes por su política de autoritarismo regalista, al reforzar a los tercios y potenciar con gran intensidad social el catolicismo flamenco, por lo que en 1564 fue destituido, al considerarse contraproducente su labor. Más tarde fue virrey en Nápoles y consejero en asuntos italianos.
En 1579 fue designado como presidente del Consejo de Italia. Entonces alcanzó su cenit de poder, coincidiendo con la agregación de la corona de Portugal a la Monarquía Hispánica, pero en los años ochenta fue perdiendo poder hasta su muerte en Madrid con su influencia disminuida, frente al ascenso del secretario Mateo Vázquez.
Asesor de Felipe II en cuestiones "chymicas" y botánicas
Era un gran aficionado a la jardinería, a las prácticas terapéuticas de laboratorio. Todo ello venía heredado de su madre Nicole Bonvalot (1490-1570). En sus diálogos epistolares hablan de plantas, huertos, jardineros, las épocas más propicias para el sembrado, los lugares adecuados para el cultivo, sus propiedades medicinales, y se intercambiaron semillas o tallos . Nicole, que vivió en Besançon mientras su marido viajaba constantemente, era una mujer culta y con grandes inquietudes intelectuales. Le interesaba la confección de medicamentos y tenía manuscritos sobre secretos medicinales.
Granvela empezó sus asesorías sobre estos temas tras dejar su puesto de primer consejero para todas las cuestiones relativas a la gobernación de los Países Bajos. Vivía en el palacio natal de su familia en Besançon y desde Madrid se le encargaban otro tipo de tareas. Las más importantes eran diplomáticas, pero las más numerosas eran sobre artes y artesanías, como consejero y gestor de encargos.
En lo relativo a la chymica, Gerard Dorn (1530-1584) le dedicó en 1565 una versión manuscrita de su Clavis totius Philosophae Chymisticae. El médico y erudito calabrés Domenico Pizzimenti (1520-1592) también le dedicó en 1570 la primera traducción al latín de antiguos tratados de alquimia en griego. Define a Antoine como alguien que “disfruta con el estudio de las cosas más secretas” de esta disciplina. Más infomaciones proporciona el médico Nicolás Guibert, que trabajó bajo su protección en esa época romana y también tras su elección como Virrey de Nápoles entre 1571 y 1575. En su Apologie in Sophistam Libavium, dice que su mecenas practicaba alchimia como entretenimiento (hablando en un contexto de aplicaciones médicas) et alia artificia curiosa. El médico plasentino Carlo Roccabianca (ca.1530-ca.1606) le dedicó su Disceptatio philosophica de quinta chymicorum essentia de 1579 . Nos dice que charlaron sobre experiencias de laboratorio y le impresionó su sermo de chymicis, expuesto con tanta ubertate et elegantia, tali ordine, ac ratione patefecisesses, sed ipsam artis rationem et invenisse, et perfecisse videreris; pero también su destreza práctica, destilando personalmente todo tipo de vegetales, minerales y metales. Otro médico llamado François Rossellet, residente en el Franco Condado, región originaria de la familia Granvela, le escribió en 1582 un tratado sobre la confección de remedios químicos a partir del oro, titulado Chrysospagyrie. Se inicia con una dedicatoria donde le trata como alguien experto en la confección de remedios chymicos. Una fuente fundamental para conocer la afición de Antoine por estos temas es el manuscrito Chiflet 156, de la Biblioteca Municipal de Besançon. Se trata de un recetario, muchas de cuyas partes eran propiedad suya o fueron manuscritas por él mismo. Es significativa una receta para confeccionar tintura de antimonio (f. 38r), enteramente manuscrita por él, que incluye un esquema muy básico de un destilador.
Felipe II le encomendó desde los años sesenta seleccionar y organizar el personal asignado a sus jardines y laboratorios de destilación en su nueva capital, Madrid. El primer gran centro de trabajo fue un jardín de simples y una “casa de destilar aguas” en Aranjuez (1564-1602). Eligió para dirigirla a un belga llamado François Hollebecque (fl. 1554-1595), que era en ese momento responsable de jardines en sus palacios de Bruselas y Cantecroy, en las afueras de Amberes. Su primer cargo era “maestro simplicista”, pero desde el 27 de abril de 1565 se creó para él un título de “destilador de aguas”. Apenas dos años después, se emitió una cédula consignando para Hollebecque otro título de “Destilador Real de su Magestad”, con “orden y mando” para “todas las cosas dependientes de su profesion” . Quince años después, se añadió a la estructura asistencial otro jardín y laboratorio en el Real Alcázar de Madrid (1579-1602), esta vez ya bajo el mando de un napolitano llamado Vincenzo Forte (fl.1578-1611). Un tercer complejo de destilación, mucho mayor, se construyó unos años después en el Monasterio de El Escorial (1587-1602), también bajo las directrices técnicas del napolitano.
La correspondencia del cardenal Granvela en la Real Biblioteca
Como gran hombre de Estado que fue, a lo largo de su vida produjo miles de misivas que forman un rico corpus de correspondencia, conservado por muy diversos centros de investigación europeos, tanto archivos como bibliotecas. En España, donde más se halla correspondencia suya y minutas de él -borradores- es en la Biblioteca Nacional, el Archivo General de Simancas y la Real Biblioteca. El fondo epistolográfico de la Real Biblioteca está formado por casi un centenar de manuscritos con cartas dirigidas a Antoine Perrenot o con minutas del borgoñón, y suponen un conjunto documental de máxima relevancia para el conocimiento de la Monarquía de los Austrias en el siglo XVI. Los aspectos sobre los que aporta luz son múltiples, desde los mecanismos de gobierno a cuestiones de geopolítica militar, desde entresijos de la vida en corte a circunstancias de la vida artística en Europa. En este último punto, es sabido que fue un mecenas con profusión de relaciones personales entre grandes pintores, escultores, científicos, etc. Se conocen de antiguo las cartas presentes de Tiziano o de Gerard Mercator, que no son cartas meramente de cortesía, sino de contenido, por ejemplo, sobre la declinación magnética en el caso de Mercator. No solamente hay numerosas cartas de humanistas y otros hombres de letras continentales, sino asimismo españoles. En Avisos. Boletín de noticias de la Real Biblioteca, se han ido editando dichas cartas tras un breve comentario de presentación del documento. Hay un índice de misivas y de minutas del prelado.
Procede esta colección de la biblioteca de Diego Sarmiento de Acuña, I Conde de Gondomar y embajador de Felipe III ante Jacobo I de Inglaterra. No está claro si el fondo granveliano fue adquirido por don Diego -no se hallan estas cartas en el índice de 1623, poco antes de morir Gondomar- o ya por su hijo don Antonio, legado real de Felipe IV precisamente en Besançon cuando se deshicieron las colecciones familiares de los Granvelle, hacia fines de los años treinta del XVII. Lo que se sabe con certeza es que don Antonio amplió la biblioteca paterna al existir en ella impresos con pie de imprenta posteriores a la muerte de don Diego (1626). El caso es que sí aparecen asentados en los índices ya dieciochescos, conservados en la Real Biblioteca. La colección Gondomar-Granvelle ingresó en 1806 tras ser comprada muy anteriormente por Carlos IV, aunque no fue pagada hasta la época de Fernando VII, con cargo a su bolsillo secreto.