Antonio Palacios Ramilo (Porriño, 8 de enero de 1874-Aravaca, 27 de octubre de 1945) fue un arquitecto y urbanista español.
Durante su carrera realizó diversas obras en la ciudad de Madrid, así como en algunos puntos de Galicia, y de menor importancia en otras localidades españolas. A pesar de residir permanentemente en Madrid, y de realizar en esta ciudad algunas de sus obras más conocidas, siempre mantuvo un vínculo cultural y profesional con su entorno gallego natal. La producción arquitectónica de Palacios alcanza su punto álgido en el periodo que va entre 1910 y 1926. Ejerció además como profesor de dibujo en la Escuela Superior de Artes e Industrias, y de la asignatura Proyectos de Detalles Arquitectónicos en la Escuela de Arquitectura de Madrid durante los cursos de 1914-1915 y 1915-1916.
Fue el arquitecto encargado del diseño de interiores de las primeras estaciones del Metro de Madrid, organizó los accesos y la estética de las primeras líneas, así como de su popular logotipo en forma de rombo. En la actualidad, debido a las constantes remodelaciones del metro madrileño, apenas existen rasgos de su diseño, excepto en el diseño de algunas entradas en el centro de la ciudad. La colaboración con el ingeniero Joaquín Otamendi Machimbarrena (compañero de estudios) en las dos primeras décadas del siglo XX dio como fruto numerosos proyectos arquitectónicos en Madrid, llegando a ser uno de los arquitectos más representativos en la transformación de la ciudad a metrópoli moderna. Redactó igualmente diversas propuestas urbanísticas para la remodelación de la capital, así como de las ciudades importantes en Galicia.
Su estilo arquitectónico inicial se adhiere al Sezessionsstil vienés, y poco a poco evoluciona hacia un regionalismo arquitectónico, aunque sin abandonar raíces hispanas caracterizadas por los estilos plateresco y manuelino. Posee además fuertes influencias expresionistas. Preocupado siempre en sus obras por el tratamiento pétreo de sus fachadas, muestra ser desde los inicios un gran conocedor de la estereotomía en la piedra. Muchas de sus obras han sobrevivido al paso del tiempo gracias a rehabilitaciones arquitectónicas, cambiando sus funciones originales y acogiendo sedes de organismos privados y del Estado, como sucede en tres de sus más representativos edificios de Madrid; el Palacio de Comunicaciones (sede del Ayuntamiento de Madrid), el Hospital de Jornaleros de Maudes (Consejería de Transporte de la Comunidad de Madrid) y la Casa de las Cariátides (sede de la central del Instituto Cervantes).
Durante su vida estuvo dedicado por completo a su obra, y se distinguen tres etapas influenciadas por situaciones personales. La primera corresponde a su estrecha colaboración con Otamendi, y va desde 1900 a 1917. A partir de 1917 Palacios trabaja en sus diseños arquitectónicos y urbanísticos en solitario y acentúa su tendencia monumentalista que ya apuntaba en su etapa anterior. Desde 1936 hasta su muerte pasa un periodo de aislamiento en el que realiza diseños de carácter puramente visionario. Su obra fue popular hasta 1926, en que erige el Edificio del Círculo de Bellas Artes de Madrid; tras este auge su fama fue descendiendo paulatinamente. Parece sufrir un desencanto por las obras monumentales, así como las obras públicas. Finalmente muere en una humilde casa diseñada por él mismo, ubicada en El Plantío, perteneciente hoy día al distrito madrileño de Moncloa-Aravaca.
Antonio Palacios desarrolla su carrera arquitectónica en el transcurso de aproximadamente cuatro décadas, ubicadas a comienzos del siglo XX. Su obra deja rastro en las calles más populares de Madrid, en las provincias gallegas así como algunas ciudades de España. Tuvo éxito y reconocimiento al poco de acabar la licenciatura: su primera obra fue el Palacio de Comunicaciones, obtenida mediante concurso público. La vida de Palacios coincide con un periodo expansivo de Madrid al mismo tiempo que de transformación urbana de Corte a metrópoli. Surgen nuevos medios de transporte, nuevos conceptos de trabajo como las oficinas, y nuevas modas de consumo como los grandes almacenes. Todo este desarrollo necesitaba de una nueva forma de ver la arquitectura. Palacios fue seguidor desde sus comienzos de la Escuela de Chicago y ya en sus primeros instantes supo combinar su estilo arquitectónico con la corriente regionalista propia de la arquitectura española de comienzos del siglo XX.
La carrera de Palacios coincide con un periodo de transición, transformación y búsqueda de una identidad nacional arquitectónica. Su periodo de auge es coetánea con la denominada generación del 98 en la literatura española. En relación con los arquitectos extranjeros se sitúa entre la generación de los grandes maestros del movimiento moderno; es diez años mayor que Mies van der Rohe, Le Corbusier y siete más joven que Wright.
Nace Antonio Palacios en la localidad pontevedresa de Porriño el 8 de enero, siendo el menor de siete hermanos. Era una villa que poseía unos 2000 habitantes y un desarrollo económico fundamentado en canterías. Su padre, de profesión ayudante de obras públicas, fue Isidro Palacios García y Teruel, natural de Madrid. Su madre, Jesusa Ramilo y Nieves, natural de Porriño. La familia materna tenía en posesión canteras de granito en la zona de Atios y Budiño, situación que proporcionaba a la familia una situación económica desahogada. La infancia de Antonio pasa a caballo entre Porriño y el norte de Portugal, pues su familia se encuentra desplazada allí debido a los trabajos de obras públicas que realiza el padre en el ferrocarril luso. Estas obras influyeron decisivamente en la forma de ver la arquitectura en sus infancia, Vivía en los barracones de construcción con su padre, rodeado de planos, herramientas de construcción, hierro y granito; dibujando puentes, vagonetas o túneles. Esta experiencia inicial dejó profunda huella en sus deseos profesionales futuros. En 1885 comienza sus estudios de bachillerato en Pontevedra. Destaca Antonio como recuerdo entrañable a su profesor de idioma francés, Antolín Esperón, que le enseñó "a discurrir y a pensar", en sus propias palabras.
En el año 1892 inicia los estudios de ingeniería en Madrid en lo que hoy es la Universidad Politécnica de Madrid, y posteriormente continúa los de arquitectura. En el plan de estudios antiguo fusionaba ambas carreras que tenían asignaturas comunes. Un Real Decreto dividió las carreras y le obligó a decidir finalmente por realizar arquitectura. Ocho años después en 1900 obtiene el título. Los profesores que más le influyeron fueron: Ricardo Velázquez Bosco con el que indagó la historia de la arquitectura y Aníbal Álvarez, con el que compartió la búsqueda de una entidad nacional en la arquitectura. Asiste igualmente a las clases de dibujo de Eduardo Rosales, donde destaca por sus habilidades en la pintura. Esta habilidad se destaca en su carrera arquitectónica posterior, debido a la portentosa facilidad con la que realiza diseños improvisados. Recibe como la mayoría de los arquitectos de la época una formación influenciada por las corrientes de la arquitectura ecléctica. Se ve muy influenciado por el arquitecto francés Eugène Viollet-le-Duc con sus concepciones medievalistas y de racionalismo estructural, sobre todo en el empleo de materiales novedosos, así como por la estética de Ruskin (en su The Seven Lamps of Architecture publicado en mayo de 1849). En la obra de Palacios se puede ver la influencia de los dibujos del alemán Otto Rieth (en sus populares cuatro tomos de Architektur-skizzen). La huella de los Skkizzen es muy clara en la obra de Palacios. De la misma forma es perceptible la influencia de Otto Wagner por su seriedad estructural. También supo recoger la influencia de la escuela de Chicago (tal y como puede verse en el diseño de la Casa Matesanz en la Gran Vía de Madrid), y supo utilizar los nuevos materiales de su época combinándolos con su concepto monumentalista, sin caer en el puro eclecticismo, utilizando todas las influencias de herramientas de su particular estilo. Algunos de los estilos de moda durante su periodo de formación eran el eclecticismo, el regionalismo, el modernismo, el denominado ladrillismo, y los primeros empleos del hormigón armado a comienzos del siglo XX.