Antonio de Padua María Severino López de Santa Anna y Pérez de Lebrón (Xalapa, 21 de febrero de 1794 - Ciudad de México, 21 de junio de 1876) fue un militar, político, dictador y estadista mexicano que se desempeñó como presidente de México en once ocasiones diferentes entre los años 1833 y 1855. Además ejerció una influencia determinante en la formación del México independiente durante la primera mitad del siglo XIX, es considerado una de las figuras más controvertidas y complejas de la historia nacional.
La confusión histórica, respecto a la cantidad de veces que asumió la presidencia, es producto de las diversas fuentes que separan o unifican los lapsos de ejercicio de la presidencia. La explicación es la siguiente: Electo constitucionalmente para el periodo de 1833-1837 (bajo la carta magna de 1824), tan solo en su primer año de gobierno pidió cuatro licencias para ausentarse del cargo, entre estas y los interinatos de Valentín Gómez Farías acumuló cuatro ingresos a la primera magistratura; no obstante se trataron de licencias múltiples en un mismo periodo como titular. Su quinto (1839), sexto (1841) y séptimo (1843) regreso fueron como presidente interino o provisional, casi siempre apoyado por grupos políticos contrarios a los gobiernos legalmente constituidos que habían sido derrocados. Bajo el documento fundamental de las Bases orgánicas, que sustituyó a las Siete Leyes, se produjo su octava presidencia, ya que fue electo constitucionalmente para el periodo 1844-1849, en este lapso, y en medio de la invasión de Estados Unidos, solicitó licencia en dos ocasiones para encabezar al ejército en la contienda, regresando en esas mismas ocasiones para su noveno y décimo mandato (ambos en 1847). Su último y más largo período, el undécimo (1853-1855), tuvo lugar luego de ser instalado por el golpe de Estado contra Mariano Arista.
Su carrera política se caracterizó por una notable capacidad de adaptación ideológica, transitando del realismo al republicanismo, del federalismo al centralismo, y del liberalismo al conservadurismo, según las circunstancias políticas del momento. Participó activamente en los principales conflictos armados de su época, incluyendo la guerra de independencia, la Independencia de Texas, la invasión estadounidense, y la intervención francesa de 1838.
La vida política de Santa Anna se desarrolló durante uno de los períodos más turbulentos de la historia mexicana, caracterizado por la inestabilidad institucional, las luchas entre federalistas y centralistas, liberales y conservadores, y la amenaza constante de intervenciones extranjeras. Entre 1821 y 1876, México experimentó más de cincuenta cambios de gobierno, reflejando la dificultad del país para consolidar un sistema político estable tras la independencia.
Antonio López de Santa Anna nació en el seno de una familia criolla acomodada en Xalapa, Veracruz. Su padre, Antonio López de Santa Anna, era un comerciante próspero de origen andaluz, mientras que su madre, Manuela Pérez de Lebrón, pertenecía a una familia establecida en la región. Esta posición social privilegiada le permitió acceder a una educación formal en el Seminario de Veracruz, aunque desde temprana edad mostró mayor inclinación hacia la vida militar que hacia los estudios eclesiásticos.
A los 16 años, en 1810, ingresó como cadete al Regimiento Fijo de Veracruz, iniciando así una carrera militar que se extendería por más de cuatro décadas. Su mentor inicial fue el coronel José Joaquín de Arredondo, un militar realista de vasta experiencia que lo introdujo en las complejidades de la guerra contrainsurgente.
Durante la primera década de la Guerra de Independencia, Santa Anna sirvió lealmente a la Corona española, participando en numerosas campañas contra los insurgentes. Su actuación en la batalla de Medina (1813) en Texas, donde las fuerzas realistas derrotaron decisivamente a una expedición insurgente, le valió su primer reconocimiento militar significativo.
En 1816, fue ascendido a teniente coronel tras distinguirse en las operaciones contra las guerrillas insurgentes en Veracruz. Su conocimiento del terreno veracruzano y su habilidad táctica lo convirtieron en una pieza valiosa para el ejército realista, aunque ya comenzaba a mostrar signos de la ambición política que marcaría su carrera posterior.
El año 1821 marcó un punto de inflexión decisivo en la vida de Santa Anna. Cuando Agustín de Iturbide proclamó el Plan de Iguala, Santa Anna, entonces comandante de Veracruz, inicialmente se mantuvo leal al virrey Juan O'Donojú. Sin embargo, al evaluar la situación política y reconocer la inevitabilidad de la independencia, decidió sumarse al Ejército Trigarante.
Esta decisión, que algunos críticos han interpretado como oportunismo, puede entenderse mejor en el contexto de un militar pragmático que reconoció el cambio irreversible en las circunstancias políticas. Su adhesión a la causa independentista no fue meramente personal, sino que arrastró consigo a una parte significativa de las fuerzas militares bajo su mando.
Del Imperio al republicanismo (1822–1829)
La transformación de una parte de la Nueva España en lo que hoy es México no iba a ser fácil; incluso, hoy en día, el territorio mexicano ni siquiera comprende la totalidad de la parte septentrional (norte) de América a la que se referían los primeros independentistas. España desconoció hasta 1836 la independencia de todos sus dominios y esto hizo que aumentara el fervor de independencia en las principales ciudades. Luego de que Iturbide firmase los Tratados de Córdoba, en los que México se declaró independiente, empezó la polarización de políticos y militares mexicanos. En el recién nombrado Congreso Constituyente había representantes monárquicos borbonistas e iturbidistas, así como republicanos. Además, España conservó para sí Cuba, Puerto Rico, Santo Domingo y las Filipinas, dividiendo aún más el antiguo reino. Centroamérica, sin embargo, hasta ese momento seguía de lado de los independentistas de la Ciudad de México.
Iturbide fue coronado emperador gracias a la presión de las masas afuera del Congreso Constituyente, quienes la noche del 18 de mayo de 1822 pidieron la corona para él, proclamándolo como "Agustín I", y presionaron al Congreso para instituir la monarquía como nueva forma del Estado.
La oposición republicana no tardó en exacerbarse: en Michoacán se descubrió un complot para formar la república y, en consecuencia, fueron detenidos quince diputados, entre ellos Servando Teresa de Mier y Carlos María de Bustamante.
Iturbide disolvió el Congreso el 31 de octubre por desobediencia, conjuras y falta de servicio a la nación; en su lugar, designó a cuarenta y cinco diputados que consideró adecuados. Los antiguos insurgentes Nicolás Bravo, Vicente Guerrero y Guadalupe Victoria se sintieron traicionados; Santa Anna reapareció en la vida pública, emitió el Plan de Veracruz y poco tiempo después el Plan de Casa Mata, declarando ilegal la elección del Emperador y pronunciándose a favor de los republicanos. Los borbonistas también se unieron al levantamiento. El general José Antonio de Echávarri, quien fue designado para combatir la rebelión a Jalapa, decidió unirse asimismo en contra del Imperio. Iturbide solo fue apoyado por el clero y decidió abdicar.
Desterrado Iturbide en 1823 y restaurado el Congreso, comenzaron las pugnas entre centralistas y federalistas, a los que Santa Anna se une de inmediato. En esta ocasión fracasa un levantamiento que surgió en San Luis Potosí. Santa Anna, como su principal comandante, es enviado a la Ciudad de México para ser juzgado; por influencias que tenía en la Corte, fue absuelto.
El episodio que catapultó definitivamente a Santa Anna al centro de la escena nacional fue su exitosa defensa de Tampico contra la expedición española de reconquista comandada por Isidro Barradas en 1829. Esta victoria, que garantizó definitivamente la independencia de México frente a las pretensiones españolas, le valió el título de «Héroe de Tampico» y lo estableció como una figura nacional de primer orden.