Antonio Beltrán Casaña (Canfranc, 8 de marzo de 1897-Ciudad de México, 6 de agosto de 1960), conocido igualmente como L’esquinazau o, impropiamente, como El Esquinazau o incluso El Esquinazao, fue un político y militar español. Destacó por su participación en la fallida sublevación de Jaca y por su actuación durante la guerra civil española, en la que mandó sucesivamente varias unidades del Ejército republicano: el Batallón «Cinco Villas», la 72.ª Brigada Mixta y la 43.ª División, unidad con la que tuvo un destacado papel en la Bolsa de Bielsa.
Antonio Beltrán Casaña nace el 8 de marzo de 1897 en la población de Canfranc, perteneciente al partido judicial de Jaca, en la comarca de la Jacetania, siendo hijo de Gregorio Beltrán Casajús y de Anacleta Casaña Lacué, siendo su madre descendiente de una familia con privilegios de infanzonía pero de muy menguados recursos económicos. Realiza sus primeros estudios en la Escuela Municipal de Canfranc, aunque rápidamente sale de la escuela ya que su maestro afirma que tiene mayores conocimientos que los suyos.
En su infancia se hará íntimo amigo de Francisco Cavero, Hilario Borau, Ricardo Sánchez y Lázaro Beltrán conformando el grupo conocido como "el quinteto de Canfranc", de ideología socialista y anarquista
Emigrante en América del Norte
En 1911, tras diversos episodios en que manifiesta su independencia de carácter, la familia le envía a casa de unos familiares en Flagstaff (Arizona, en Estados Unidos), donde permanece unos pocos años, ya que en 1915 pasa la frontera con México, por entonces en plena lucha revolucionaria, para unirse a los Dorados de Pancho Villa, con los que participa en la batalla de Columbus, es decir, el asalto a la población de Columbus, en el estado estadounidense de Nuevo México, el 9 de marzo de 1916. Cuando poco después se organice una expedición militar punitiva estadounidense al mando del general John J. Pershing para castigar la invasión, Antonio Beltrán decide abandonar el Ejército revolucionario para trasladarse a Canadá, donde trabaja como leñador.
Con la entrada en la Primera Guerra Mundial de los Estados Unidos, Antonio Beltrán pasa de nuevo la frontera, alistándose como voluntario en las unidades militares americanas destinadas al frente francés, al mando precisamente del mismo John J. Pershing, con las que llega a Francia el verano de 1917. Tras concedérsele una medalla a principios de 1918, se le otorga un permiso, que aprovecha para desertar y dirigirse a su casa, en Canfranc, volviendo nuevamente a la vida civil.
Junto a Francisco Cavero como socio organiza diversos negocios relacionados con el transporte y contrabando, especialmente una empresa de transporte de viajeros, iniciándose su relación con medios políticos republicanos. El 22 de marzo de 1926 contrae matrimonio con Teodora Bescós Jarne, pasando a residir en la población francesa de Etsaut junto a Cavero y su esposa, tras algunos problemas con la policía española de fronteras a causa de su participación en actividades de contrabando de mercancías. En 1928 se traslada a Buenos Aires y luego a la ciudad argentina de Rosario, donde reside hasta la amnistía promulgada en 1930 por el Gobierno de Dámaso Berenguer, momento en el que decide regresar a España.
Tras su regreso a Jaca, reinicia sus relaciones con medios políticos republicanos, y es en esas mismas fechas cuando adopta el seudónimo de L'Esquinazau, que se remonta a uno de sus antepasados, que tenía la costumbre de comentar, en idioma aragonés, lo esquinazau que estaba tras un día de trabajo (esquinazau se refiere a la parte del cuerpo que en castellano es el espinazo).
Habiendo tenido noticias -pues la preparación de la sublevación no era precisamente un secreto bien guardado- de la preparación de una sublevación republicana, se pone en contacto con el organizador de la misma, el capitán Fermín Galán Rodríguez, para ofrecerle su colaboración. Tras contactar telefónicamente con Galán, que se hospedaba en la fonda Mur, concierta una cita con él en las afueras de la ciudad iniciándose desde ese momento una relación de mutua confianza y amistad. Beltrán le ofrece su plena y total colaboración; se encargará de la requisa de camiones con los que se desplazará hasta Huesca la columna rebelde que lo hará por carretera.
El viernes 12 de diciembre de 1930 tiene lugar la sublevación. A primera hora de la tarde parte Antonio Beltrán en dirección a Huesca como conductor de uno de los camiones de la columna que se dirige hacia la ciudad, donde está previsto que la sublevación reciba nuevos apoyos. Sin embargo, en contra de lo inicialmente previsto, falla el apoyo de los sindicatos obreros, que deberían haber decretado una huelga general y haber paralizado el transporte, especialmente el ferroviario, lo que permite la reacción del Gobierno, que se organiza desde la Capitanía General de Zaragoza, ya que la actitud del general Manuel de las Heras, en el Gobierno Militar de Huesca, no parece clara. Falla también el prometido apoyo de otras guarniciones militares previamente comprometidas en la sublevación, que optan por quedar a la expectativa de los acontecimientos.
Mientras tanto, la columna en que va incluido el camión de Antonio Beltrán choca, a la altura de Anzánigo con un pequeño destacamento que manda el general las Heras, y que se dirige hacia Jaca para investigar sobre los rumores de una sublevación. Se produce un pequeño tiroteo y la columna gubernamental se deshace, perdiéndose el contacto con el general las Heras. A su vez, la guarnición de Huesca establece una posición defensiva en Cillas, a las puertas de Huesca, bloqueando el posible acceso de los sublevados a la ciudad, en espera de los refuerzos prometidos desde Zaragoza y otras guarniciones. Tras muchos retrasos, la columna sublevada llega a Ayerbe, de donde sale hacia Huesca de madrugada. Hacia las nueve o las diez de la mañana llegan a las posiciones gubernamentales de Cillas. En la creencia de que las tropas de Huesca van a unirse a la sublevación, y desconociendo que el mando de las mismas ha sido asumido por el monárquico general de Caballería Ángel Dolla Lahoz, Antonio Beltrán conduce a los capitanes Ángel García Hernández y Luis Salinas a parlamentar, siendo los tres hechos prisioneros por orden de Dolla, que ordena igualmente disparar contra los sublevados, lo que produce la dispersión de su columna, siendo posteriormente capturados sus componentes, en el propio lugar o en las cercanías.
Antonio Beltrán, junto a los capitanes Salinas y García Hernández, es conducido a las instalaciones militares de Huesca, donde queda detenido, a pesar de las órdenes del general Dolla de que los tres fuesen fusilados sumariamente. El 14 de diciembre se abre juicio sumarísimo contra los militares sublevados, quedando los civiles en situación de espera. Los capitanes Fermín Galán Rodríguez y Ángel García Hernández son fusilados tras un juicio sumarísimo que dura tan sólo 40 minutos. Antonio es posteriormente trasladado a la Ciudadela de Jaca, junto a otros 138 civiles detenidos por su participación en la sublevación. Su juicio debía celebrarse pasadas las previstas elecciones municipales del 12 de abril de 1931.
Tras la victoria de las candidaturas republicanas en las elecciones municipales del 12 de abril, el 14 de abril de 1931 es proclamada la Segunda República Española, y a las once de la noche de ese mismo día Antonio Beltrán es puesto en libertad, siendo paseado como un héroe por las calles de Jaca, junto con el resto de presos liberados. El 19 de abril los sublevados de Jaca, militares y civiles, reciben un homenaje en Barcelona, siendo recibidos en el Palacio de la Generalidad de Cataluña por Francesc Macià, su presidente provisional, militar de profesión.
En las primeras elecciones a Cortes, el 28 de junio de 1931, Antonio Beltrán presta su apoyo a la candidatura Insurrección de Jaca, liderada por los capitanes Francisco Galán (hermano de Fermín), Salvador Sediles y Luis Salinas, junto con algunos civiles implicados en la sublevación. Aunque no logran acta de diputado, obtienen buenos resultados en varios lugares del distrito de Jaca. Antonio Beltrán, reintegrado a la vida civil, trabaja para el nuevo Gobierno republicano en el ferrocarril de Canfranc, destinado en el poblado de los Arañones como delegado. No tiene excesiva actividad política a lo largo del período.