Tal Día como Hoy

Antitauromaquia

Activismo antitaurino

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Se conoce como antitauromaquia al activismo que se opone a la utilización de toros en espectáculos celebrativos o festejos. Se dirige principalmente contra los que implican la muerte del animal, como las corridas de toros, pero también contra otras actividades que pueden herirlos o lesionarlos, inclusive la muerte, aunque no sea ese el objetivo.​

Estas manifestaciones siempre han tenido partidarios y detractores, tanto entre los sectores populares como entre la clase política e intelectual. Según Alberto de Jesús, «las fiestas de los toros han sufrido a lo largo de su existencia numerosos ataques de los gobernantes políticos, opositores e incluso la Iglesia por intentar eliminarla, fracasando cualquiera de ellos».​ En el siglo XIII el rey Alfonso X El Sabio prohibió la práctica en sus célebres Leyes de Partida, y llegó a calificar a los toreros como personajes “infames".​

Las críticas se remontan a la antigüedad romana: Cicerón ya se opuso públicamente a los espectáculos sangrientos con animales en el anfiteatro. A ellas siguieron las críticas de los primeros escritores cristianos y canonistas a las llamadas venationes, como Prudencio, Casiodoro, San Agustín o San Juan Crisóstomo, que censuraban los espectáculos públicos con fieras (incluidos los toros bravos), por arriesgar frívolamente la vida humana, postura de orden moral que se prolongó más o menos en los mismos términos durante la Edad Media y que movió a varios papas a promulgar prohibiciones. Un ejemplo de ello es la bula papal Salute Gregis (1567), de Pío V, que prohibió los espectáculos taurinos. Gregorio XIII, su sucesor, levantó parcialmente la prohibición ocho años después, a ruego de Felipe II.​ El motivo, según cuenta Cossío, es que la prohibición causaba perjuicios no a la fiesta, sino a la propia religión católica española: «era el principal [perjuicio] el desprecio que de la excomunión hacían los aficionados a correr y ver correr los toros» en plena época de la Inquisición. En la década de 1570, el entonces canónigo de la catedral de Toledo, Alonso Velázquez, escribió un tratado contrario a las corridas de toros que llevaba por título Tratado contra la bárbara costumbre de correr toros en España, aunque no queda constancia de que llegase a publicarse.​

Ya como espectáculo moderno, en el siglo XVIII las corridas de toros han sido polémicas y han sufrido críticas e incluso prohibiciones. La nueva dinastía llegada a España (los Borbones), y en general la aristocracia afrancesada, despreciaba estos espectáculos por considerarlos indignos y propios del populacho, por lo que Felipe V prohibió su ejercicio a sus cortesanos (1723). Fernando VI solo consintió las corridas a cambio de que sus beneficios se destinasen a obras de caridad como sufragar hospitales y hospicios.[cita requerida] Algunos ilustrados, como Jovellanos, se oponían a estos espectáculos por considerarlos poco didácticos.

Carlos III, influido por el Conde de Aranda, prohibió las corridas de toros en 1771. Sin embargo se hizo caso omiso y se continúo con la práctica. Francisco de Goya realizó una serie de grabados sobre la práctica, llamada "La tauromaquia". Gobernantes posteriores intentaron prohibir las corridas: Carlos IV volvió a hacerlo en 1805. Tras la Guerra de la Independencia Española, a lo largo del siglo XIX, surgía con frecuencia en el Congreso de los Diputados el debate de la prohibición. La última vez fue en 1877, cuando el Marqués de San Carlos propuso a los diputados la prohibición de las corridas de toros.

Un tipo esencialmente diferente de espectáculos violentos con animales es lo que supone el combate entre animales, sin intervención directa del humano. Así, en Inglaterra eran frecuentes los hostigamientos de toros, peleas entre perros y toros, igual que los hostigamientos de osos. Sin embargo estas prácticas fueron prohibidas en 1824, el mismo año en que se fundó The Royal Society for the Prevention of Cruelty to Animals (RSPCA).

Además de los combates entre especies diferentes (toro/perros, oso/perros), fueron frecuentes los combates entre animales de la misma especie (perros, gallos, entre otros). Estos espectáculos eran de una naturaleza diferente a tauromaquia. En el siglo XXI continúa desarrollándose la tauromaquia en España, Francia, Portugal, México, Colombia y otros países de Hispanoamérica.​ Los juegos taurinos son, sin embargo, diversos e incluyen todas las formas de rodeos (o jaripeo) presentes entre Norteamérica y Sudamérica.​

Al igual que el pueblo español, sus intelectuales se han dividido históricamente entre partidarios y detractores de las corridas de toros. Las críticas de algunos ilustrados a la tauromaquia, la recuperaron luego los escritores de la Generación del 98 que, en un principio, la veían como síntoma del atraso español. Un ejemplo notable de esta época fue el escritor antitaurino Eugenio Noel, que vinculaba los toros a lo que denominaba «crímenes de raza». Para el escritor madrileño, la Fiesta se reducía a sangre, crueldad y porquería. Otra de las acusaciones de Eugenio Noel contra las corridas es «la funesta cualidad de ser el único rasgo enteramente nacional; solo la afición a los toros une las regiones y hace andaluz al éuscaro y extremeño al catalán y castellano al andaluz».

Miguel de Unamuno, escritor y filósofo español, también se posicionó en contra declarando:

Félix Rodríguez de la Fuente, naturalista español, afirmó de la tauromaquia:

Los argumentos de los detractores de las corridas de toros han variado según el momento histórico, pero el objetivo ha sido siempre su abolición.

Ya en el siglo XXI el número de festejos taurinos desciende un 12 % en 2012 y acumula una caída del 40 % en los últimos cinco años. En 2008 se celebraron 3295 espectáculos de tauromaquia, frente a los 1197 que tuvieron lugar en 2014.​ Según ese estudio, en los años 2010-2011 únicamente el 8,5% de los españoles asistieron a algún espectáculo taurino.

Desde 2001, se han producido descensos año tras año, con bajadas muy fuertes por ejemplo entre 2003 y 2004. En 2013 10.247 toros y novillos murieron en las 2684 celebraciones taurinas que se realizaron. Esto supone que cada día unos 28 animales de media, entre toros y novillos, fueron sacrificados en fiestas populares.​

La pandemia de enfermedad por coronavirus de 2019-2020 supuso un duro revés para la continuidad espectáculo, ya que, por cuestiones de salud pública, hubieron de suspenderse grandes eventos taurinos del año 2020, como la Feria de San Isidro, la Feria de Abril y los sanfermines.​

Movimiento antitaurino contemporáneo

En la actualidad, son los defensores de los derechos animales quienes encabezan la crítica a la celebración de las corridas de toros.

Existen grupos que consideran que el toreo es una práctica de crueldad animal que atenta contra la sensibilidad y el buen gusto de las personas, a la vez que a los derechos de los animales, y que no puede ser considerada ni una manifestación cultural, artística ni deportiva.​ Los partidarios de los derechos de los animales usualmente consideran la tauromaquia una forma de tortura. Para ellos esta relación reduce el valor que se asigna a la vida. Otros activistas​ son radicales a la hora de abordar la cuestión de la tauromaquia y afirman que el origen de su existencia está en que vivimos en culturas especistas.

Cada año se organizan en Pamplona protestas contra la corrida de San Fermín, y en general contra todas las formas de tauromaquia que impliquen una crueldad con los animales.

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