Tal Día como Hoy

Anthony Perkins

Actor estadounidense

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Anthony Perkins (Nueva York, 4 de abril de 1932-Los Ángeles, 12 de septiembre de 1992) fue un actor estadounidense de cine y teatro, cuyo trabajo más conocido fue su papel como el asesino en serie Norman Bates en la película Psicosis (Psycho) de Alfred Hitchcock (1960).

Fue hijo del actor Osgood Perkins (James Ripley Osgood Perkins, 1891-1937) y Janet Esseltyn Rane. Sus inicios en el cine fueron inmejorables: debutó en la película La Actriz (The Actress, 1953), junto con Spencer Tracy y Jean Simmons, y recibió una nominación al Óscar por su segundo trabajo, en la película Friendly Persuasion de 1956, protagonizada por Gary Cooper.

Luego, rodó con varias de las actrices más prometedoras: con una joven Sophia Loren Desire Under the Elms; con Silvana Mangano This Angry Age (La diga sul Pacifico, 1958), bajo la dirección de René Clement; con Audrey Hepburn Green Mansions (1959), y con una debutante Jane Fonda Tall Story (Me casaré contigo).

Después de participaciones aclamadas en Broadway, como Té y simpatía con Joan Fontaine, interpretó al protagonista Norman Bates en la hoy legendaria película Psycho. Mucha gente opinaba que merecía el Oscar por este papel, pero no fue nominado.

Después rodó Phaedra con Melina Mercouri, bajo la dirección de Jules Dassin, y realizó el papel de Joseph K. en la aclamada adaptación al cine de la obra de Franz Kafka El proceso (The Trial), dirigida por Orson Welles. También protagonizó Le scandale de Claude Chabrol y participó en la superproducción ¿Arde París? (1966) de René Clement. Luego, Perkins regresó a Estados Unidos para tomar el papel de un joven asesino en Pretty Poison (1968), el cual afectó al resto de su carrera cinematográfica, que en la década de 1970 entró en declive. A pesar de todo, participó en filmes tan reseñables como The Life and Times of Judge Roy Bean (El juez de la horca) de John Huston, Asesinato en el Orient Express (1974) y Mahogany (1975, protagonizado por Diana Ross). También coescribió el guion para la película El fin de Sheila (1973) junto con el compositor Stephen Sondheim.

Aunque su actividad en el cine perdió pujanza en los años setenta, Perkins siguió gozando de éxito en los escenarios de Broadway. En 1974 con Equus, y en 1979 con Romantic Comedy, montaje teatral que casi llegó a las 400 funciones.

Protagonizó en los años ochenta las secuelas y la precuela de Psicosis: Psicosis II (que fue un gran éxito de taquilla), Psicosis III (que él dirigió) y Psicosis IV: El Inicio. A pesar del éxito, la mayoría de sus trabajos posteriores fueron en películas para TV.

En 1991 recibió el Premio Donostia a su carrera, otorgado por el Festival de Cine de San Sebastián. En esas fechas había rodado la película española Los gusanos no llevan bufanda, comedia dirigida por Javier Elorrieta.

Aunque realizó varias interpretaciones aclamadas por la crítica, Perkins nunca mencionó si se regía por un método de actuación en particular. Se sugirió que su estilo oscilaba entre el de su padre —construir un personaje de afuera hacia adentro— y «el Método» —construir un personaje de adentro hacia afuera—.​ Norma Moore lo observó mientras se preparaba para una escena de Fear Strikes Out en la que su personaje sufre una crisis nerviosa, cosa que describió así: «[Se lo veía] serio, muy concentrado y nervioso antes de filmar la escena... Iba y venía, no hablaba con nadie y estaba agitado». El director de la mencionada película, Robert Mulligan, dijo que Perkins «se guiaba por su instinto».​ Un año después, cuando trabajó en la obra de Broadway El ángel que nos mira, abordó el papel de Eugene Gant «pragmáticamente», de acuerdo con su amigo George Roy Hill, que agregó: «Él en algún momento iba a encontrar la manera correcta de interpretar ese papel, sin teorías de por medio».​

Hay evidencias de que sacó provecho de experiencias traumáticas para alimentarse como actor. Cuando debutó en Broadway con Té y simpatía, el Ejército lo reclutó, por lo que tuvo que admitir que era homosexual. Esto terminó siendo contraproducente dado que despertó el maltrato de los miembros del Servicio Selectivo, suceso que lo marcó de tal forma que no quiso volver a hablar del tema. Su pareja lo recibió cuando llegó a casa y lo oyó llorar. Posteriormente, este reveló que Perkins incorporó exactamente los mismos sollozos en Té y simpatía.​ No obstante, en 1992 Perkins no insinuó nada parecido a esto cuando comentó cómo abordó la escena de Friendly Persuasion en que su personaje se alista en el Ejército:

Perkins, criado en Nueva York e hijo de un actor de teatro, estuvo muy influido por actores de teatro cuando comenzó a interesarse por la actuación. Sin embargo, sus influencias cambiaron con el paso del tiempo, a partir de que una gran cantidad de colegas empezaran a utilizar «el Método». En 1958, admitió en una entrevista de Holiday cuál fue su mayor inspiración: «La actuación que más influyó en mi trabajo es la de Marlon Brando en On the Waterfront... Eso es lo que quiero hacer como actor. Transmitir lo que más pueda mediante el método más simple y básico».​ También, más tarde mencionó a James Dean como una influencia.​ Estuvo afiliado al Actors Studio durante toda su vida, asociación a la que también pertenecían Brando y Dean, cosa que tal vez haya contribuido a que se interesara en «el Método». Winecoff, sin embargo, descartó cualquier posibilidad de que Perkins fuera un actor que trabajara bajo ese sistema.​

A lo largo de su carrera, Perkins interpretó a muchos jóvenes tímidos y sensibles. Personajes como Josh Birdwell, un muchacho dividido entre su odio hacia la violencia y sus ganas de combatir en la guerra, o el inseguro asesino Norman Bates lo convirtieron en uno de los pocos actores que no tenían problemas en mostrarse «débiles» en pantalla. Como recordó Jean Simmons, en algunas películas intencionadamente lo hacían lucir torpe, por ejemplo, dejando que la ropa le quedara pequeña.​ Tab Hunter indicó que «ese aspecto aniñado escondía a una persona muy tensionada, cosa que no sorprende a nadie que haya visto a Tony actuando. Su manera de moverse no era fingida. Solía encorvarse, metía las manos en los bolsillos y tenía el tic de mover el pie inconscientemente».​

Algunos amigos y conocidos de Perkins llegaron a dudar sobre cuán auténtico era. Alan Sues, con quien trabajó en Té y simpatía, señaló: «Sabes, si tú interpretas a un personaje sensible, de esos que no pueden lidiar con cierto tipo de cosas, vas a agradarle a la gente. Siempre parecía que él estaba sufriendo, que sucedía algo dentro suyo, y no creo que eso fuera así. Él sabía muy bien cómo proyectar una imagen».​ Hunter llegó a tener dudas similares, dado que se preguntaba «qué tan genuina era su encantadora timidez y si esta no enmascaraba intenciones metódicas y muy calculadas», y creía que Perkins se había vuelto muy sombrío desde que Paramount mostrara rechazo por su orientación sexual.​​

Fuera genuino o no, su actitud atípica captaba la atención de los medios de comunicación, que, por ejemplo, expusieron que no sabía conducir cuando lo vieron haciendo autoestop en el rodaje de Friendly Persuasion.​ En las revistas, donde se lo describía como alguien infantil,​ se escribía detalladamente sobre sus hábitos, desde cómo vestía hasta qué comía.​​ En la época en que el actor grabó su tercer álbum, From My Heart... (RCA Records, 1958), la redacción de Photoplay, que estaba en el estudio para tomarle fotografías, indicó que había una evidente tensión en él mientras cantaba.​ En ocasiones, Perkins se refería a sí mismo como raro e inseguro, algo que hizo, por caso, en una entrevista con McCall's, en la que se desahogó de la siguiente forma:

Comentarios de este estilo también los hizo en programas de concursos: cuando participó como invitado en What's My Line?, donde personas con los ojos vendados debían adivinar qué famoso tenían en frente, preguntaron si se trataba de una estrella de cine, a lo que Perkins, hablando con acento australiano para despistar, respondió que ese término le disgustaba. Una vez revelada su identidad, se le preguntó por qué motivo no le gustaba, y contestó: «Ser una estrella de cine conlleva cierto glamur del que, creo, carezco».​

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