Angrois es una zona o barrio de la ciudad española de Santiago de Compostela, en la provincia de La Coruña. Está situado en el este del núcleo urbano y dista 3 km de la catedral. En 1990 contaba con 288 habitantes.[cita requerida]
Según el romanista Dieter Kremer, en el siglo XIII el topónimo fue castellanizado por el término Angrox. El nombre ha dado lugar a la formación de frases y locuciones gallegas fundadas en un supuesto pueblo imaginario de habitantes rudos. Así, este autor cita como ejemplos las expresiones ¿coidas que son de Angrois? ('¿crees que soy tonto?'), non veño de Angrois ('no soy un inocente'), parece que vés de Angrois ('el que está abobado' o 'es corto de entendimiento') y ¿seica somos de Angrois, ou qué? ('¿me tomas por torpe?'). Sin embargo, María Fernández López apoya la tesis de Otero Álvarez de que el topónimo deriva del latín scrobis ('agujero, foso defensivo'), relacionando así Angrois con su castro, aludiendo a la serie de fosos defensivos con que debía contar el existente en la aldea. Por otro lado, en la Carta prehistórica de Santiago se relaciona el topónimo Angrois con la etnia de los Ambrones.
A raíz del comportamiento solidario de los vecinos de Angrois tras el accidente del Alvia en 2013, ampliamente reconocido por los medios de comunicación social y las instituciones, Ferro Ruibal propuso un cambio del significado semántico de la expresión Ser de Angrois y paralelas, que ahora adopta el valor de gente solidaria, generosa, comprometida en la ayuda a quien la necesita.
Según el Plan General de Ordenación Urbana de 1993, Angrois formaba junto con Canteiras y Ponte Marzán, un núcleo rural tradicional en la corona periférica de la ciudad de Santiago de Compostela En el plan de 2008, no aparece en el listado de núcleos rurales.
Como entidad de población ya no aparece en el nomenclátor del INE, en el que se listaba en la parroquia histórica de Sar, también desaparecida.
Los orígenes de Angrois se remontan a la antigüedad, como lo atestiguan los restos arqueológicos que se conservan en el Monte de O Castro, un promontorio estratégico desde el que se domina todo el valle del río Ulla y el Pico Sacro, hacia el este, y las planicies donde hoy se levanta Compostela, hacia poniente, por lo que reúne las condiciones de vigilancia y defensa características de los castros gallegos.
El siguiente vestigio de población es la Calzada Romana de Sar, cuyo tramo conservado transcurre desde el Camino Real de Angrois hasta el puente románico que salva el río Sar, junto a la Colegiata de Santa María la Mayor y Real de Sar. Su original monasterio agustino se remonta a principios del siglo XII, en plena época de lucha contra los musulmanes. La presencia y participación de la Orden de los Agustinos en la promoción de la Ruta Jacobea está constatada y éste de Sar, su primer monasterio gallego, fue el encargado de asistir a los peregrinos que llegaban a Compostela transitando por la Vía o Ruta de la Plata. Esta ruta, que conectaba el sur peninsular con el norte, comenzó a ser frecuentada a partir del siglo IX como camino de huida o peregrinación por los cristianos residentes en territorio musulmán (por ello también es conocida con el nombre de Camino Mozárabe de Santiago).
El monasterio de los agustinos de Sar fue generosamente respaldado con donaciones, exenciones, privilegios reales y anexiones de cenobios rurales, dominando así todo el territorio al este de Compostela, desde el río Sar hasta más allá del Pico Sacro. Nace así la aldea de Angrois, sus primeras casas medievales, asentadas al pie del Camino de Santiago, en donde sus habitantes recibirían la protección del priorato a cambio del pago de los correspondientes diezmos de todo aquello que produjeran y ganaran. Los peregrinos, tras la larga marcha, demandaban catre, pan, sandalias nuevas y herraduras para sus caballos, por lo que la economía de la aldea prospera rápidamente y se hace necesario arrancar terreno a las fragas para sembrar trigo y centeno, descubrir pastos para el ganado y abrir tiendas de artesanos.
Gracias al éxito del camino jacobeo y su proximidad a Santiago, Angrois se va desarrollando, alcanzando su apogeo entre los siglos XVI y XVIII. A finales del siglo XVIII están datadas (en escrituras conservadas y en dinteles cincelados) algunas de sus viviendas de esmerada fábrica de cantería.
Las desamortizaciones de Madoz y Mendizábal a principios del siglo XIX desvinculan Angrois y sus tierras de la Colegiata de Sar y el clero, sacando sus propiedades a pública subasta y propiciando el declive de la clase campesina. La opresión trae consigo el asociacionismo agrario y ganadero, dando lugar al nacimiento de la llamada obliga, peculiar sindicación voluntaria que ha perdurado hasta fines del siglo XX. Como su denominación apunta, la obliga aglutinaba a los campesinos de la aldea, pagando una cuota voluntaria que les aseguraba ante los innumerables percances a que estaban expuestos (muerte o enfermedades de ganados, malas cosechas, desastres naturales).[cita requerida]
Angrois se ha convertido, como tantas otras zonas periféricas urbanas, en un lugar dormitorio.
El paisaje y la orografía de Angrois también han sufrido visibles cambios y transformaciones desde los años cincuenta en adelante. En esa década RENFE construye la línea de ferrocarril Ourense-Santiago, para la que expropia y desmonta terrenos de la aldea, separándola en dos partes comunicadas tan solo por un pequeño puente. A finales de los setenta se traza la AP-9, denominada también autopista del Atlántico, principal eje de comunicación entre el norte y sur de Galicia. El tramo Santiago-norte/Santiago-sur se inauguró en 1988, siendo necesario para la construcción del mismo el levantamiento del Viaducto de Angrois, que con una longitud cercana al kilómetro salva y transfigura todo su valle. Actualmente está prevista su ampliación a cinco carriles en cada sentido, hecho que conllevará nuevas expropiaciones de terrenos y agresión al paisaje. Estas obras se han llevado a cabo en 2018. El 11 de enero de 2001, tras diez años de obras, se inauguró en el Monte Gaiás, al norte de Angrois, la Ciudad de la Cultura de Galicia, singular complejo de arquitectura contemporánea proyectado por Peter Eisenman que requisó nuevas expropiaciones de terrenos y domina la fisonomía del paisaje norte. En 2018 se construye el acceso desde la AP-9 al complejo. Finalmente, entre los años 2007 y 2012 se acometen las obras del tren de alta velocidad (AVE) Madrid-Galicia, tramo de acceso a la estación de Santiago de Compostela. La repercusión de tal infraestructura sobre la aldea de Angrois fue de grandes proporciones, acometiéndose el derribo del viejo puente, viviendas, desmontes, tierras, bosques, etc. Al este, para salvar la cumbre de Arines, se construyó el denominado túnel de Compostela. La aldea estuvo durante tres años partida en dos, hasta que ADIF a finales de 2011 inauguró el nuevo puente sobre la Vía de la Plata.
Angrois conserva numerosas casas de arquitectura tradicional gallega, algunas de ellas levantadas en los siglos XVII y XVIII. Son viviendas acondicionadas al clima y a las necesidades agrícolas y ganaderas. Están levantadas sobre sólidos muros de piedra y barro de casi un metro de anchura, reservando la cantería de granito labrado para puertas y ventanas. La estructura típica es de dos plantas.
La trasera de la vivienda da a la huerta, en donde no falta el hórreo, todo de madera (cabazo) o mixto (granito más madera de castaño), imprescindible para secar y conservar el maíz. La huerta de la casa ha sido y aún es fuente de recreo y espacio de recursos (Rodríguez Dacal, 1994), constituyendo un aporte a la economía doméstica.
Las antiguas casas de la aldea están adosadas unas a otras, formando así un núcleo compacto en el que se entrelazan calles y pasadizos. Las rúas son estrechas, a la medida de un carro de bueyes. Estaban totalmente emparradas, apoyando las vides con estructuras de madera y alambre entre las casas frontales. Todavía hoy se conservan bastantes de estos altos viñedos, pero otros han ido desapareciendo. Se conservan varias fuentes y manantiales, entre los que destacan la Fuente do Cancelo, de granito labrado y caño de hierro y la Fuente de la Cagalla, a cuyas aguas se atribuyen propiedades curativas para los ojos. La ermita de Santa Lucía, patrona de la vista y de los ciegos, está muy cerca y ligada a la aldea de Angrois.