Tal Día como Hoy

Andrew Carnegie

Empresario y filántropo estadounidense (1835-1919)

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Andrew Carnegie (correctamente pronunciado [kɑrˈneɪgi], pero comúnmente /ˈkɑrnɨgi/ o /kɑrˈnɛgi/)​(Dunfermline, 25 de noviembre de 1835-Lenox, 11 de agosto de 1919) fue un industrial, empresario y filántropo estadounidense. Cuando era niño, migró junto con sus padres, desde su Escocia natal a los Estados Unidos. Trabajó desde muy pequeño en la Pennsylvania Railroad Company. A los veinte años se convirtió en gerente de la misma compañía ferroviaria y en el aprendiz de Thomas A. Scott, dueño de la Pennsylvania Railroad Company. Financió el Puente Eads, diseñado por James Eads. Creó la Carnegie Steel Company en Pittsburgh, que más tarde se fusionó con la Federal Steel Company de Elbert H. Gary y con varias empresas más pequeñas hasta crear U.S. Steel. Destinó grandes cantidades de dinero a la filantropía y educación, fundando el Instituto Carnegie, el Fondo Carnegie para la Paz Internacional, y la Universidad Carnegie Mellon en Pittsburgh.

Aunque Carnegie pagaba a sus empleados los bajos salarios típicos de esa época,[cita requerida] luego donó parte de su dinero para financiar diversas bibliotecas, escuelas y universidades en Estados Unidos, el Reino Unido y otros países, así como para crear fondos de pensiones para los empleados de más antigüedad.​ Carnegie empezó como radiotelegrafista y hacia la década de 1860 invirtió en ferrocarriles, coches cama para trenes, puentes y torres de perforación de petróleo. También hizo fortuna como vendedor de bonos para financiar empresas angloamericanas en Europa.

Hizo la mayor parte de su fortuna con el acero. En la década de 1870, fundó la Carnegie Steel Company, un paso que consolidó su nombre como uno de los "grandes magnates de la Industria" (en inglés, “Captains of Industry”). Sobre la década de 1890, era la más grande y rentable de todas las empresas industriales del mundo. Carnegie la vendió a J.P. Morgan en 1901, quien creó la U.S. Steel. Dedicó el resto de su vida a la filantropía a gran escala, con especial énfasis en bibliotecas locales, la paz mundial,​ educación e investigaciones científicas.

Carrera y evolución en los negocios

La educación de Carnegie experimentó un gran impulso gracias a su pasión por la lectura y al coronel James Anderson, quien abría su biblioteca particular de 1000 volúmenes a los niños obreros todos los sábados por la mañana. Carnegie era un usuario constante y un "hombre hecho a sí mismo" tanto en su desarrollo económico como intelectual y cultural.[cita requerida] Su capacidad y buena disposición para el trabajo duro, su perseverancia y su diligencia pronto le trajeron oportunidades.[cita requerida]

Hijo de un peleador, cuando era niño Carnegie emigró con su familia de Escocia a Estados Unidos en 1847, y se estableció en Allegheny, Pensilvania. Ese mismo año tuvo su primer trabajo, cuando contaba con trece años, fue el de chico de la bobina, se encargaba de cambiar los carretes de hilo en una fábrica de tejidos de algodón durante doce horas al día, seis días a la semana. Cobraba 1,20 $ a la semana, más 100 céntimos adicionales por mantener encendida la caldera. En 1851, Carnegie se hizo telegrafista en la oficina de Pittsburgh de la Ohio Telegraph Company, ganando 2,00 $ a la semana. Además de proporcionarle ingresos mayores, el trabajo también despertó en él una pasión, que duraría toda la vida, por las obras de William Shakespeare.​ A menudo debía entregar mensajes a un teatro y la mayoría de las veces se las arreglaba para llegar justo cuando las cortinas se levantaban y comenzaba el espectáculo. Carnegie podía convencer al gerente del teatro para que le dejara quedarse y ver la actuación gratis.

Carnegie rápidamente aprendió a distinguir los diferentes sonidos de las señales que recibía y a transcribirlas de oído, sin tener que anotarlas.[cita requerida] Thomas A. Scott de la Pennsylvania Railroad Company lo contrató como secretario y telegrafista empezando en 1853, con un salario de 4,00 $ a la semana. Con dieciocho años, Carnegie empezó a escalar puestos, llegando a ser el superintendente de la división de Pittsburgh. Scott también le ayudó con sus primeras inversiones. En 1855 Carnegie invirtió 600$ en una exitosa empresa llamada Adams Express. Más tarde invirtió en coches cama para la Pennsylvania Railroad Company y compró parte de la empresa que fabricaba los vagones. Esta se convirtió en una inversión muy rentable.[cita requerida] Reinvirtiendo su dinero en industrias relacionadas con el ferrocarril: (hierro, puentes y raíles), Carnegie lentamente fue acumulando capital, que sería la base de su posterior éxito.

Antes de que estallara la guerra civil estadounidense, Carnegie había formado una sociedad con Woodruff, el inventor de un coche cama para los viajes de primera clase. Los coches cama facilitaban los viajes de negocios para distancias de aproximadamente 500 millas (805 km). La inversión demostró ser un éxito y una fuente de beneficios para Woodruff y Carnegie. El joven Carnegie llegó a ser el superintendente de la Pennsylvania Railroad's Western División e introdujo varias mejoras en el servicio.

En la primavera de 1861 Carnegie fue designado por Scott, que entonces era el vicesecretario de Guerra encargado del transporte militar, como superintendente de los ferrocarriles militares y de las líneas de telégrafos del Gobierno de la Unión en el Este. Carnegie ayudó a abrir las líneas de ferrocarriles que entraban en Washington que los rebeldes habían cortado; condujo la locomotora llevando la primera brigada de las tropas de la Unión hasta llegar a Washington. Tras la derrota de las fuerzas de la Unión en Bull Run, él supervisó el traslado de las fuerzas derrotadas.[cita requerida] Bajo su organización, el servicio de telégrafo prestaba un servicio eficiente a la causa de la Unión y ayudó considerablemente a la victoria final.[cita requerida] Carnegie más tarde se jactaría de ser "el primer herido de la guerra" cuando se hizo una cicatriz en su mejilla cuando trabajaba con el cable telegráfico.

La derrota de los confederados necesitó grandes suministros de munición, así como vías férreas (y líneas de telégrafo) para repartir los bienes. La guerra demostró como eran de íntegras las industrias para el éxito estadounidense.[cita requerida]

En 1864, Carnegie invirtió 40 000 $ en la granja Storey de Oil Creek en el Condado de Venango (Pensilvania). En un año, la granja produjo alrededor de 1 000 000 $ de dividendos en efectivo, y el petróleo de los pozos se vendió provechosamente. La demanda de productos derivados del hierro, tales como corazas para lanchas cañoneras, cañones y armazones, así como un centenar de otros productos industriales, hicieron de Pittsburgh un centro de producción durante el tiempo de la guerra. Carnegie trabajó con otros para montar un laminador de acero, aumentar la producción de acero y hacerse con el control de la industria, lo que supondría la fuente de su fortuna. Carnegie hizo varias inversiones en la industria del hierro antes de la guerra.

Tras la guerra, Carnegie abandonó el negocio de los ferrocarriles para dedicar todas sus energías al comercio con las fundiciones de hierro. Carnegie trabajó para mejorar varias fundiciones, finalmente formando parte de The Keystone Bridge Works y la Union Ironworks. Siendo superintendente de la Keystone Bridge Company's, Carnegie se dio cuenta de la debilidad de las estructuras de madera tradicionales. Fueron reemplazadas en gran medida por puentes de hierro hecho en sus fundiciones.

Además de tener buen olfato para los negocios, Carnegie tenía carisma y conocimientos sobre literatura. Fue invitado a muchos actos sociales, actos que Carnegie aprovechó para su propio beneficio.

Carnegie creía que debía usar su fortuna para beneficiar a los demás y dedicarse a algo más que ganar dinero. Escribió;[cita requerida]

1880-1900: becario y activista

Carnegie continuó su carrera centrado en los negocios; al mismo tiempo algunas de sus intenciones literarias fueron satisfechas. Se hizo amigo del poeta inglés Matthew Arnold y del filósofo Herbert Spencer; a su vez mantuvo correspondencias y relaciones con la mayoría de los presidentes de los Estados Unidos, estadistas y escritores notables. Carnegie admiraba profundamente a Spencer. Sin embargo Spencer, que creía en el darwinismo social, pensaba que la filantropía era una insensatez.[cita requerida]

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