Tal Día como Hoy

Andrés Manjón

Sacerdote, jurista y pedagogo español (1846-1923)

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Andrés Manjón y Manjón (Sargentes de la Lora, Burgos, 30 de noviembre de 1846 - Granada, 10 de julio de 1923) fue un sacerdote, pedagogo, jurista y canonista español que impulsó la fundación de una institución educativa propia, dedicada inicialmente tanto a la enseñanza elemental como la formación de profesorado: las Escuelas del Ave María.​ En noviembre de 2020, la Iglesia católica inició el proceso de beatificación del presbítero burgalés.

Nacido en el término municipal de Sargentes de la Lora, en la provincia de Burgos, Andrés Manjón creció en el seno de una familia de labradores castellanos, como el hijo mayor de cinco hermanos.​ Nació el 30 de noviembre de 1846 (en algunas síntesis biográficas, y también en su expediente académico, aparece como fecha de nacimiento el año de 1847). Sus padres, Lino y Sebastiana Manjón y, sobre todo, su tío Domingo, sacerdote de una pequeña aldea, se empeñaron en que estudiara por la aplicación y dotes que se le apreciaban. Sus biógrafos achacan una influencia decisiva en su vocación por el estudio a su madre, a la que Manjón confesó un día que le gustaban más los jatos o becerros que los libros. Si bien él en su obra Derecho eclesiástico general y español escribe una expresiva frase:

Comenzó sus estudios primarios en Sargentes, continuándolos en Sedano. Como tanto su tío como su madre deseaban que se hiciera sacerdote, lo enviaran a que estudiase latín con el párroco de Barrio Panizares, que tenía fama de gran latinista. Sin embargo, Manjón afianzó sus conocimientos en esta lengua en el centro de estudios preparatorios para teólogos existente en Polientes. Estos conocimientos le permitieron ingresar en el Seminario de Burgos en 1861, donde, además de latín y humanidades, también estudió filosofía y teología (1861-1868), obteniendo el título de bachiller en Sagrada Teología ese último año. Sin embargo, debido a los disturbios de la revolución de 1868 que destronó Isabel II, dicho Seminario se cerró y entonces Manjón optó por trasladarse a la Universidad de Valladolid para cursar allí la carrera de derecho.

Estudió derecho en la Universidad de Valladolid desde 1868 hasta 1872, año en el que obtuvo, con unas magníficas calificaciones, la licenciatura en Derecho y en Derecho canónico (junio de 1872). Ese año se desplazó a Madrid para realizar los pertinentes estudios de doctorado en la Universidad Central. Tuvo como residencia el Colegio de San Isidoro, donde también impartió clases y fue un asiduo de la Real Academia de Jurisprudencia y Legislación, con cuyo presidente, Eugenio Montero Ríos, tuvo algunos desencuentros motivados por su diferente postura ante el matrimonio civil. Asimismo, Manjón atacó en un artículo de prensa y en una conferencia la tolerancia y reconocimiento que Montero Ríos había dado a esta institución en los debates constitucionales de 1870.

En 1873 defendió su tesis doctoral, titulada Sistemas diferentes respecto a la propiedad, en la enaltecía el derecho de propiedad y criticaba los desmanes del comunismo. Con esta defensa y después de haber cursado las asignaturas correspondientes, obtuvo el doctorado in utroque iure, es decir, en derecho y en derecho canónico, que fue expedido por la Universidad Central el 12 de febrero de 1874.

Poco después de doctorarse ocupó durante unos meses la cátedra de Derecho romano de la Universidad de Salamanca. Más tarde conseguiría una plaza de auxiliar en la Universidad de Valladolid, donde explicó durante un curso Derecho canónico. En 1878 se presentó a la cátedra de Disciplina Eclesiástica en la Universidad salmantina, obteniendo el número uno de doce aspirantes, si bien, debido a la negativa del presidente del tribunal, Eugenio Montero Ríos, dicha plaza se cubrió, adjudicándola al opositor que obtuvo el número dos. Por fin fue catedrático por oposición en la Universidad de Santiago de Compostela para la asignatura Disciplina General de la Iglesia y particular de España, el 29 de abril de 1879 y ello a pesar de las intrigas de Montero Ríos. Parece que la intervención del Ministro de Fomento, el Conde de Toreno, fue decisiva para la adjudicación de dicha plaza. En este destino sólo estuvo un curso académico, pues de esta Universidad solicitó el traslado a la cátedra de Instituciones de Derecho canónico vacante en la Universidad de Granada, destino que consiguió el 17 de abril de 1880.

Con la estabilidad económica que le dio la cátedra, decidió continuar sus estudios en el Seminario del cabildo de la Abadía del Sacromonte, en donde se ordenaría sacerdote el 16 de junio de 1886, consiguiendo por oposición una canongía en dicha abadía. Celebró su primera misa en su pueblo natal aquel mismo año y además obtuvo el cargo de profesor en Derecho canónico de dicho Seminario, en donde desde hacía poco se había fundado una Facultad de Derecho canónico.

Un día, a finales de 1888, cuando pasaba ante una de las cuevas en el Sacromonte, oyó a unos niños gitanos analfabetos recitar el Ave María, lo que le llevó a iniciar su obra pedagógica con aquellos niños, acompañando en un principio a la maestra que les enseñaba. Allí mismo funda las Escuelas del Ave-María, su obra capital, a las que les dedica todo su dinero, su empeño y su tiempo. Allí comenzó don Andrés Manjón su obra revolucionadora de los métodos pedagógicos. Como han destacado los estudiosos de la pedagogía, Andrés Manjón dedicó todos sus esfuerzos y recursos económicos a la creación de centros docentes destinados a estudiantes marginados, preferentemente pobres y gitanos.

El proyecto avemariano lo trasladó a su pueblo natal. En 1918 había escuelas del Ave María en 36 provincias españolas. A lo largo de su vida, se abrieron unas 400 escuelas por todo el mundo. Fundó, además, el Seminario de Maestros para formar a los futuros responsables de las escuelas del Ave María: "no hay escuela sin maestro". Manjón daba mucha importancia a la formación de los maestros, pues decía que el maestro podía ser formador o deformador de caracteres. La inauguración del seminario de maestros tuvo lugar el 12 de octubre de 1905. Fue una obra muy querida por él.

Durante los primeros años de su estancia en Granada escribe un tratado sobre Derecho Canónico, considerado uno de los mejores de su época. Escribe, a lo largo de su vida, muchas obras (más abajo se señalan algunas) de carácter pedagógico, al servicio de la educación y de su ministerio sacerdotal, con un estilo carente de florituras, sin alardes de erudito. Todos ellos están llenos de sencillez y claridad.

En 1916 y tras cumplir los setenta años, solicitó del ministro autorización para seguir en su cátedra, circunstancia que le fue reconocida y que le permitió jubilarse dos años después.

Falleció en la ciudad de Granada el 10 de julio de 1923, en su celda austera de la Abadía del Sacromonte. Fue enterrado en una sencilla cripta en la capilla de la Casa Madre del Ave-María. En su lápida están escritas las letras “A. M.” que rubrican su vida humilde y sencilla.

En la Casa Madre se encuentra su museo personal con todo lo relacionado con él, túnicas, etc. En la archidiócesis de Granada tiene causa de beatificación abierta. Murió en Granada el 10 de julio de 1923, a la edad de 76 años.​

Debido a su carácter humilde y sencillo, rechazó durante su vida numerosos cargos y honores como el de caballero de la Orden de Carlos III, Abreviador de la Nunciatura, Auditor de la Rota, rector de la Universidad de Granada o Abad del monasterio del Sacromonte. También por su labor pedagógica en beneficio de los más desfavorecidos, recibió varios reconocimientos: en 1900 se le nombró Hijo Predilecto de Granada y, unos años después, de la Provincia de Burgos; en 1902 obtenía la Gran Cruz de la Orden Civil de Alfonso XII y era nombrado consejero de Instrucción Pública por el Conde Romanones; en 1914, la junta de la Facultad de Derecho de Granada le propone para los premios contenidos en el Real Decreto de 6 de septiembre de 1908 para los catedráticos que se habían distinguido en el ejercicio de su cargo, y al morir en 1923 recibió honores militares. Su humildad hacen que no asistiera a ninguno de estos actos. Don Andrés mereció los elogios como persona responsable, sencilla y seria desde su juventud, fue profesor concienzudo y sacerdote humilde y ejemplar. Su personalidad sobria, hizo que los honores que en vida le rindieron, no hiciesen mella en él.​

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