Tal Día como Hoy

Ana Frank

Víctima del Holocausto, autora de un diario

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Annelies Marie Frank, conocida en español como Ana Frank (Fráncfort del Meno, 12 de junio de 1929-Bergen-Belsen, febrero o marzo de 1945),​​​ fue una niña neerlandesa de origen judío nacida en Alemania, conocida en el mundo gracias al Diario de Ana Frank, la edición de su cuaderno íntimo en donde dejó constancia de los casi dos años y medio que pasó oculta de los nazis en Ámsterdam, con su familia y cuatro personas más, durante la Segunda Guerra Mundial.

Una vez que fueron descubiertos en su escondite, Ana y su familia capturados fueron llevados a distintos campos de concentración alemanes. El único superviviente de los ocho escondidos fue Otto Frank, su padre. Ana fue enviada al campo nazi de Auschwitz el 2 de septiembre de 1944 y, más tarde, al de Bergen-Belsen, donde murió de tifus hacia mediados de febrero de 1945, dos meses antes de que el campo fuera liberado.​ En 1947, dos años después de la guerra, su padre publicó el diario bajo el título La casa de atrás (en neerlandés, Het Achterhuis).

Annelies Marie Frank nació en Fráncfort del Meno (Hesse, Alemania), la segunda hija de Otto Heinrich Frank (1889-1980) y Edith Hollander (1900-1945), una familia de judíos alemanes. La familia vivía en una comunidad asimilada de ciudadanos judíos y otros que no lo eran; los niños se criaban con amigos católicos, protestantes y judíos. Los Frank eran judíos reformistas (progresistas); mantenían muchas tradiciones de la fe judía, pero no se ceñían demasiado a los preceptos. De sus padres, la creyente era Edith. Otto, que había participado como teniente del Ejército alemán durante la Primera Guerra Mundial y pasó a ser empresario, se ocupaba más de la formación de sus dos hijas. Disponía de una amplia biblioteca privada y animaba a las chicas a leer. A Anne la comparaban con su hermana Margot, tres años mayor, a quien se la tenía por bondadosa, ejemplar y discreta, mientras que Anne tenía muchos intereses, era extrovertida e impulsiva; se sentía en desventaja frente a Margot.

Antes de que la política antijudía de los nacionalsocialistas sembrara el desasosiego en su vida y acabara por destruirla, Anne vivía en Fráncfort una vida plácida con su familia y sus amigos. Tuvo ocasión de visitar a Alice Frank, su abuela paterna, en Basilea. Según su primo Bernhard, era una niña que no paraba de reír.​

El 13 de marzo de 1933, pocas semanas antes de la toma del poder por Hitler, el NSDAP alcanzó la mayoría en las elecciones municipales de Fráncfort, de inmediato hubo manifestaciones antisemitas. Otto Frank se dio cuenta de los grandes problemas que se les venían. Ese año, Edith se mudó con las niñas a Aquisgrán a casa de su madre. Otto se quedó en Fráncfort, pero le ofrecieron montar en Ámsterdam una sucursal de Opekta, una empresa alemana, y él se fue a los Países Bajos a poner en marcha los negocios y preparar todo para la llegada de su familia. Los Frank perdieron allí su ciudadanía alemana por aplicación de la Ley sobre los ciudadanos del Reich.

En 1934, la madre de Anne se trasladó con sus dos hijas a Ámsterdam, donde su marido Otto llevaba meses preparando sus negocios y la futura vida familiar. Fueron a vivir a un barrio nuevo al sur de la ciudad, Rivierenbuurt, donde ya se habían instalado numerosas familias judías de Alemania, que se sentían más seguras en los Países Bajos que en su patria.

En el exilio, los padres continuaron preocupándose por la formación de sus hijas. Margot iba a una escuela pública y Anne a una Montessori, también pública. Margot tenía estupendos resultados en matemáticas, y a Anne se le daba bien la lectura y la escritura. Una de sus mejores amigas, Hannah Goslar, a quien llamaban Hanneli, contaría que Anne a menudo escribía en secreto y no quería decir nada del contenido. Sus recuerdos dieron lugar a un libro de Alison Leslie Gold, publicado en 1998.​ Otra amiga, Jacqueline van Maarsen, relató algunos años después sus vivencias con Anne.​ En el verano de 1935 y 1936 Anne pasó unas vacaciones despreocupadas con su tía abuela en Suiza, donde hizo amistades.

A partir de 1933, Otto Frank estuvo a cargo de la sucursal holandesa de Opekta. En 1938, junto con su amigo Hermann van Pels, un carnicero que también había huido con su familia judía, fundó otra empresa dedicada a la venta de especias. Otto hacía grandes esfuerzos por asegurarse ingresos, pues fue testigo de cómo el banco de su padre, que ya había salido debilitado de la crisis económica mundial de 1929, fue expropiado por los nacionalsocialistas.

En 1939, la abuela de Ana (madre de su madre Edith) se mudó a Ámsterdam con los Frank y se quedó con ellos hasta que falleció en 1942. Su familia se enteró, de primera mano, de la manera tan despiadada en que actuaban los nacionalsocialistas por el hermano de Edith, Walter Holländer, a quien detuvieron en la "noche de los cristales rotos" y llevaron al campo de concentración Sachsenhausen, antes de permitirle viajar a los Países Bajos con autorización. Sin embargo, Otto Frank mantenía su optimismo, incluso tras enterarse de las sinagogas incendiadas. Calificó el suceso como un ataque de fiebre que haría entrar en razón a todos los participantes. Pero su esperanza se trocó en miedo cuando, en septiembre de 1939, el ataque a Polonia hizo estallar la Segunda Guerra Mundial.

A los judíos exiliados les preocupaba la amenaza que el ansia de expansión de Hitler podía suponer para los Países Bajos, los cuales intentaban mantenerse neutrales. El 10 de mayo de 1940, la Wehrmacht alemana ocupó el país. Las tropas neerlandesas se rindieron y la Reina Guillermina huyó a Londres, donde se exilió. Quedó patente que a los judíos en Holanda les esperaba el mismo destino que a los de los otros territorios ocupados. Otto y Edith Frank ya no podrían ocultarles a sus hijas la situación. Hasta entonces, habían intentado mantenerlas al margen, simular normalidad, pero ahora Ana estaba hecha un lío. Su carácter combativo solía llevarla a no plegarse; estaba acostumbrada a imponer sus puntos de vista. Otto intentó varias veces que le concedieran asilo en Estados Unidos o en Cuba, entre otros con la ayuda de su amigo Nathan Strauss, quien tenía contactos con la primera dama Eleanor Roosevelt, pero no tuvo éxito.​

Cada vez había más leyes "antijudíos"; les quitaban derechos, se les excluía de la vida social y de todas las instituciones públicas. Para Ana, que coleccionaba con entusiasmo fotos de las estrellas de Hollywood, fue muy duro que le prohibieran ir al cine. Debió ir a una escuela especial, el Liceo, lo cual supuso separarse de muchos amigos. Los judíos estaban obligados a acudir a que los registraran; y después a sus bicicletas. Cuando se les hizo llevar la cruz judía, muchos neerlandeses se solidarizaron con ellos. Por otra parte, se constituyó un partido nacionalsocialista neerlandés. Para proteger a su empresa de las estrictas inspecciones a las que se las sometía, Otto Frank le cedió la dirección, sobre el papel, a dos colaboradores suyos que eran arios.

Al cumplir trece años, el 12 de junio de 1942, Ana recibió de regalo un pequeño diario, un cuaderno a cuadros rojos y blancos que ella le había señalado a su padre en un escaparate poco antes. Ese día, Ana comenzó a escribir en lengua neerlandesa, describiéndose a sí y a su familia, así como su vida en casa y el colegio.

El escondite en la casa trasera

Otto Frank había preparado un escondite en la parte trasera de la empresa, en el número 263 de Prinsengracht, como le había sugerido un colaborador. El edificio cerca de la iglesia Westerkerk no llamaba la atención; era viejo y típico de ese barrio de Ámsterdam. La casa de atrás era una construcción de tres plantas unida a la fachada posterior del edificio. En el primer piso había dos habitaciones pequeñas con baño y WC, por encima una habitación grande y otra pequeña, en la última había una escalera de mano que llevaba a la buhardilla. Eran unos 50 metros cuadrados. Delante de las oficinas había un pasillo, en el cual, oculta tras una estantería de libros, una puerta se abría hacia una escalera empinada que llevaba a la casa trasera.

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