Amelia Mary Earhart (Atchison, Kansas, 24 de julio de 1897-desaparecida el 2 de julio de 1937 y declarada muerta el 5 de enero de 1939) fue una profesora, conferenciante y pionera de la aviación estadounidense. Earhart fue la primera aviadora en volar sola a través del océano Atlántico. Estableció muchos otros récords, fue una de las primeras aviadoras en promover los viajes aéreos comerciales, escribió libros superventas sobre sus experiencias de vuelo y fue fundamental en la formación de "The Ninety Nines", una organización para mujeres pilotos.
Nacida y criada en Atchison, Kansas, y luego en Des-Moines, Iowa, Earhart desarrolló una pasión por la aventura a una edad temprana, ganando experiencia de vuelo de manera constante desde sus veinte años. En 1928, Earhart se convirtió en la primera pasajera en cruzar el Atlántico en avión (acompañando al piloto Wilmer Stultz), por lo que alcanzó el estatus de celebridad. En 1932, pilotando un Lockheed Vega 5B, Earhart realizó un vuelo transatlántico en solitario sin escalas, convirtiéndose en la primera mujer en lograr tal hazaña. Recibió la Cruz de Vuelo Distinguido de los Estados Unidos por este logro. En 1935, Earhart se convirtió en profesora visitante en la Universidad de Purdue como asesora de ingeniería aeronáutica y consejera profesional para mujeres estudiantes. También fue miembro del (National Woman's Party y una de las primeras partidarias de la Enmienda de Igualdad de Derechos. Conocida como una de las figuras estadounidenses más inspiradoras en la aviación desde finales de la década de 1920 hasta la década de 1930, el legado de Earhart a menudo se compara con la temprana carrera aeronáutica del aviador pionero Charles Lindbergh, así como con figuras como la primera dama Eleanor Roosevelt por su estrecha amistad e impacto duradero en el tema de las causas de las mujeres de ese período.
Durante un intento de convertirse en la primera mujer en completar un vuelo de circunnavegación del mundo en 1937 en un Lockheed Modelo 10-E Electra financiado por Purdue, Earhart y el navegante Fred Noonan desaparecieron sobre el océano Pacífico central cerca de la isla Howland. Los dos fueron vistos por última vez en Lae, Nueva Guinea, el 2 de julio de 1937, en la última parada en tierra antes de la isla Howland y en una de sus últimas etapas del vuelo. Presuntamente murió en el Pacífico durante la circunnavegación, solo tres semanas antes de su cuadragésimo cumpleaños. Casi un año y seis meses después de que ella y Noonan desaparecieran, Earhart fue declarada oficialmente muerta. Las investigaciones y el interés público significativo en su desaparición aún continúan más de ochenta años después.
Décadas después de su presunta muerte, Earhart fue incluida en el Salón de la Fama de la Aviación Nacional en 1968 y en el Salón de la Fama Nacional de la Mujer en 1973. Ahora tiene varios monumentos conmemorativos nombrados en su honor en los Estados Unidos, incluido un parque urbano, un aeropuerto, una residencia, un museo, una fundación de investigación, un puente, un buque de carga, una presa de relleno de tierra, cuatro escuelas, un hotel, una casa de juegos, una biblioteca, múltiples caminos y más. También tiene un planeta menor, una corona planetaria y un cráter lunar recién descubierto que lleva su nombre. Ocupa el noveno lugar en la lista Flying de los cincuenta y un héroes de la aviación.
Amelia era hija de Samuel "Edwin" Stanton Earhart (1867-1930) y Amelia "Amy" Earhart (nacida Otis) (1869-1962). Pasó buena parte de su infancia en Atchison (Kansas) con sus abuelos maternos, quienes le proporcionaron un estilo de vida lleno de comodidades. Su abuelo, Alfred Gideon Otis, era un prominente juez federal retirado, que pensaba que el padre de Amelia, Edwin Earhart, abogado de empresas del ferrocarril, no estaba en condiciones de proveer a su familia un estilo de vida lo suficientemente holgado.
Durante su infancia, Amelia dio muestras de una personalidad inquieta y audaz, pues se involucraba en actividades atribuidas a los chicos: escalaba árboles, se deslizaba en trineo y disparaba a ratas con un rifle. También tenía como pasatiempo reunir recortes de periódicos de mujeres famosas que sobresalían en actividades tradicionalmente protagonizadas por hombres. Otra de las cosas que vivió durante su infancia es que estuvo rodeada por problemas familiares, ya que su padre no contaba con una estabilidad laboral lo que complicaba las cosas y, aún peor, su padre comenzó a tener problemas con el alcohol.
En 1905, a los siete años, se mudó junto a su familia a Des Moines (Iowa), pues su padre había conseguido allí un empleo de ejecutivo, tras venir a menos su práctica de abogado. Cuando tenía diez años, tuvo la oportunidad de ver su primer aeroplano en una feria estatal. Precisamente, la joven expresó en esa oportunidad que el aparato «era una cosa hecha de cables oxidados y madera, nada interesante».
Sin embargo, una serie de desventuras llegaron a la familia Earhart poco después. Su padre había caído en el alcoholismo, por lo que fue despedido de su trabajo; además, Amelia Harres Otis, abuela de Amelia y muy querida por ella, había fallecido en 1911. La familia se mudó a St. Paul, Minnesota, y posteriormente a Springfield, Misuri. En esta ciudad, su padre tenía la certeza de tomar un empleo, algo que terminó en un fiasco, pues el sujeto a quien supuestamente reemplazaría, no había dejado el puesto. Esto provocó el enojo de su esposa Amy, quien partió junto a Amelia y su hermana Muriel, rumbo a Chicago.
Durante la Primera Guerra Mundial se enroló como voluntaria en labores de enfermería junto a su hermana en la ciudad de Toronto, Canadá, donde atendió a los pilotos heridos en combate. También aprovechó la ocasión para visitar un campo del Cuerpo Aéreo Real. En sus propias palabras, fue allí donde terminó «picada por el gusanillo de la aviación».
En 1920 su familia pudo reunirse nuevamente en California. Para ese tiempo Amelia asistió a un espectáculo aéreo en Long Beach y quedó prendada definitivamente de los aviones. Consiguió que la llevaran a bordo de un biplano en el que voló durante diez minutos sobre Los Ángeles. Sus palabras acerca de esta experiencia fueron: «Tan pronto como despegamos sabía que tendría que volar de ahora en adelante».
Sus primeras clases de aviación las obtuvo de la instructora Neta Snook, otra piloto pionera. Durante esa época logró adquirir un prototipo del aeroplano Kinner al que llamó «el Canario», en el que sufrió algún que otro accidente, cosa común en esa época por la poca fiabilidad de los motores y la lentitud de las aeronaves. Su instructora no le daba mucha credibilidad como piloto, una opinión que no abandonaría durante su carrera. Ya en octubre de 1922 consiguió su primer récord de altitud al volar a 4267 metros de altura. Para 1923 obtuvo la licencia de piloto de la Federación Aeronáutica Internacional, siendo la decimosexta mujer en recibirla.
Amelia dejó por un tiempo la aviación y compró un automóvil, al que puso el sobrenombre de The Yellow Peril (‘el peligro amarillo’), en el que llevó a su madre a través del país rumbo a Boston. Al ser los autos aún una novedad en el campo, la gente se interesaba por ella y le preguntaba de dónde venía.
En 1927 se unió a la Asociación Aeronáutica Nacional (capítulo Boston). Se dedicó a invertir dinero para construir una pista de aterrizaje, vendió aviones Kinner y promovió la aviación, especialmente entre mujeres. Ya comenzaba a hacerse un nombre en la sociedad. El Boston Globe la reconocía como una de las mejores pilotos de Estados Unidos.
Años de marcas y reconocimientos
En abril de 1928, Amelia recibió una llamada que cambiaría su vida: el capitán H.H. Railey le preguntó si quería ser la primera mujer en cruzar el océano Atlántico. La idea de la aventura había sido de Amy Guest, una aristócrata estadounidense que había adquirido un Fokker F.VII. En un primer momento, ella era quien pilotaría la nave, pero, por presiones de su familia, había desistido. Entonces, la familia Guest contrató a George Putnam, un publicista de Nueva York, para que encontrase la mujer indicada.