Tal Día como Hoy

América Latina

Región del continente americano en donde se hablan mayoritariamente lenguas romances

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América Latina o Latinoamérica​ (en portugués: América Latina, en francés: Amérique latine) es un constructo político​​​​​​ que alude al conjunto de países de América donde predominan las lenguas romances (derivadas del latín), concretamente la española, portuguesa y francesa.​ El término fue acuñado en París en la segunda mitad del siglo XIX por Francisco Bilbao y Jose María Torres Caicedo como contraposición a la América Anglosajona sobre una propuesta introducida por el político y economista francés Michel Chevalier quien destacaba la herencia de las lenguas romances, o neolatinas, que caracterizaba a un conjunto de países americanos al sur de los Estados Unidos.​​​​​​​​ En 1890, un año después de la primera Conferencia Panamericana celebrada en Washington D. C., el término América Latina apareció por primera vez en un documento oficial estadounidense y fue recogido en los diccionarios del país. Su uso tanto en Francia como en Estados Unidos surgió vinculado a los proyectos imperialistas de ambas potencias.​

Geográficamente incluye la mayor parte del continente americano, desde el archipiélago de Tierra del Fuego, en América del Sur, hasta el río Bravo en la frontera entre México y Estados Unidos, en América del Norte, abarcando las islas caribeñas e incluyendo la parte central del continente,​ con excepción de los países de la región donde no se hablan lenguas romances.​

El gentilicio de Latinoamérica es "latinoamericano", ​​ sin embargo, en los Estados Unidos, se utiliza el apócope «latino» que, junto con el término «hispano», designa a la población procedente de cualquier país de habla española;​ a partir del uso estadounidense, y desde principios del siglo XXI, «latino» se ha utilizado por algunas personas como sinónimo de latinoamericano, lo que puede provocar confusión con el uso original del término que se refiere, en primer lugar, a la población del Lacio en la Antigüedad, donde se originó el idioma latino y que, por la expansión del Imperio romano, dio origen a las lenguas romances,​​ y, en segundo lugar, a los llamados pueblos latinos, es decir las comunidades nacionales cuya lengua procede del latín, tales como portugueses, españoles, franceses, italianos y rumanos, entre otros.​​ ​

En los siglos XIX y XX, los estados de la América Latina experimentaron fuertes corrientes migratorias provenientes de la Europa Latina (en especial España, Italia, Francia y Portugal), favoreciéndose dicho término como identificador de las diversas culturas incorporadas a las ya presentes en el territorio. Si bien distintas variaciones de los idiomas español, portugués y francés se constituyeron como lenguas francas y oficiales de los estados latinoamericanos, estos se entremezclaron con una enorme cantidad de otros elementos lingüísticos y culturales (de origen autóctono, africano, asiático, etcétera), dando lugar a la evolución del término como definición antropológica de la compleja diversidad cultural presente en el territorio.​​​​ En la cultura popular, el término se encuentra frecuentemente vinculado a las manifestaciones de expresión cultural de la región, si bien es también utilizado por diversos idearios políticos en alusión a la unidad política del territorio.​

El concepto de una América culturalmente «latina» por oposición a otra «anglosajona» fue introducido por el político y economista francés Michel Chevalier en Cartas sobre América del Norte, un libro que publicó en 1836 tras viajar por los Estados Unidos, México y Cuba, aunque sin usar la expresión «América Latina». En este libro suscita la idea de que al igual que en Europa existía una diferencia cultural entre anglosajones al norte y latinos al sur. Bajo esta idea Francia se siente como la dueña y protectora de toda la latinidad.​

No se sabe cuál fue el primer autor que combinó las palabras «América» y «Latina».​ El mismo Caicedo, una de las personalidades a las que se le atribuye la creación del término, escribió «desde 1851 empezamos a dar a la América española el calificativo de latina».​ Algunos autores atribuyen el término al filósofo y político chileno Francisco Bilbao, por una conferencia que realizó en París el 22 de junio de 1856 titulada: «Iniciativa de la América: Idea de un Congreso Federal de las Repúblicas», publicada por su hermano, Manuel Bilbao, en 1866; en dicha alocución propone la creación de una confederación de repúblicas de la región, y usa la expresión: «raza Latino-Americana». ​ El mismo año, el escritor colombiano José María Torres Caicedo también usó la expresión: «La raza de la América latina», en el poema «Las dos Américas», publicado en 1857 en la revista parisina «El Correo de Ultramar», donde la contrapone a: «la sajona raza, / Enemiga mortal que ya amenaza / Su libertad destruir y su pendón», aludiendo a la intervención estadounidense en Nicaragua.​ Caicedo, además, usó el término al definir su ideario político al fundar la «Sociedad de la Unión Latinoamericana» en 1879.​

En la década de 1860, el término fue usado por los franceses para reivindicar un mayor protagonismo en la región:​ el emperador Napoleón III impulsó una campaña para destacar el parentesco cultural de los países de herencia hispana y lusitana con Francia dado el común origen latino de sus culturas, pero también de las regiones con herencia francesa, como Quebec, la Acadia, la Luisiana y las islas del Caribe. De esta manera, el Segundo Imperio Francés pretendía ser un líder cultural y político en América.​ Este movimiento se evidenció en el plano político al instalar a su protegido Maximiliano como Emperador de México, devenido en una suerte de protectorado francés.​ Así, debido parcialmente al esfuerzo de Napoleón III, la expresión «América Latina» fue aceptada a partir de 1870 de manera casi universal.​

Por el contrario, los historiadores Arturo Ardao y Miguel Rojas Mix afirmaron que desde su origen mismo la expresión «Latinoamérica» ha tenido connotaciones antiimperialistas y anticolonialistas, ​​ y que se usó de manera opuesta a cualquier proyecto imperialista, especialmente para contrarrestar el expansionismo estadounidense bajo la idea del «Destino Manifiesto», pero también contra el imperialismo europeo, caracterizado como despótico. De hecho, durante la invasión francesa de México, el mencionado Bilbao, escribió «Emancipación del Espíritu en América», donde pedía a todos los países latinoamericanos que apoyaran la causa mexicana contra Francia, alegando que Francia era «hipócrita, porque ella se llama a sí misma protectora de la raza latina sólo para someterla a su régimen de explotación; traidora, porque habla de libertad y nacionalidad, cuando, incapaz de conquistar la libertad por sí misma, ¡esclaviza a los demás!».​​

Entre otros eventos históricos contemporáneos a los autores que tanto Bilbao como Torres Caicedo mencionan como argumento central de sus propuestas, el más evidente y recurrente en ambas obras es la intervención estadounidense en México, donde a raíz del Tratado de Guadalupe Hidalgo, este último país cedería más de la mitad de su territorio. Ambos autores también hablan del peligro de perder el istmo de Panamá. Torres Caicedo también hace mención expresa de la invasión de Nicaragua, donde el filibustero estadounidense William Walker trató de crear una colonia de habla inglesa y restaurar la esclavitud, abolida hacía ya tres décadas en ese país. Seis años después de «Iniciativa de la América», Bilbao continuaría además con su proyecto anticolonialista al escribir La América en peligro (1862),​ donde se opuso tajantemente a la invasión francesa de México. En ese sentido, Miguel Rojas Mix afirma que «Bilbao no solo antecede a otros pensadores en la utilización de la expresión América latina, también es precursor en la significación que este concepto va a adquirir más tarde en el lenguaje de las izquierdas latinoamericanas. En él, el concepto se acuña en un pensamiento anticolonialista, antiimperialista y de un proyecto de sociedad socialista».​

El término latinoamericano deriva de las palabras (latino) persona natural del Lacio y (América). El término “América” fue utilizado por primera vez por Martin Waldseemüller en 1507 para denominar en su mapamundi lo que hoy se conoce como América del Sur, en reconocimiento a Américo Vespucio explorador del Nuevo Mundo. Este hecho fue descubierto por Alexander von Humboldt en 1836. Posteriormente, en 1538, Gerardus Mercator extendió el nombre a todo el continente en sus mapas.​​

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