Tal Día como Hoy

Almagro (Ciudad Real)

Municipio de la provincia de Ciudad Real‎, España

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Almagro es una ciudad y municipio español de la provincia de Ciudad Real, en la comunidad autónoma de Castilla-La Mancha. En 1972 su casco histórico fue declarado conjunto histórico-artístico. Cuenta con una población de 9190 habitantes (INE 2025).

Está catalogado como Uno de Los Pueblos Más Bonitos de España desde el año 2015 y pertenece desde entonces a la asociación homónima.

El topónimo deriva del árabe المغرة (al-magra) «la arcilla roja»,​ haciendo alusión a la característica arcilla rojiza de la zona, de color almagre,​ que está presente en el colorido de la plaza Mayor y otros edificios del municipio.

Según la tradición, el origen del topónimo (y de la ciudad) sería un castillo árabe denominado المغرب (al-magrib) «el oeste» y levantado en uno de los ramales del camino de Toledo-Córdoba, presumiblemente en el solar de los actuales palacios maestrales.

Su entorno natural se halla encajado entre pequeñas sierras paleozoicas con algunos recursos de agua de escaso flujo: arroyos Pellejero y de Cuetos. Es del mayor interés la presencia de una zona volcánica (cerro de la Yezosa), sobre los macizos de cuarcitas existentes, lo que singulariza la zona, junto a la de Olot y a la de cabo de Gata, como los únicos territorios de origen volcánico de alguna importancia dentro de la península ibérica.

La ciudad está comunicada por ferrocarril. Cuenta con la estación de Almagro.

No se conoce con seguridad la fecha del primer asentamiento humano en Almagro. Es muy posible que existiera uno en la Edad del Bronce por los indicios hallados alrededor de las Casas Maestrales y en parajes exteriores al centro urbano. Durante la época romana parece que fue habitada, según consta por el testimonio de Federico Galiano y Ortega, que creyó ver un acueducto durante las obras en el actual Paseo de la Estación. Se han hallado asimismo monedas de esa época y una lápida romana que se exhibe en el Ayuntamiento, proveniente del Puente Romano de Zuqueca, en Granátula.

De tiempos visigodos no quedan vestigios salvo algunas columnillas decoradas con rombos tallados a bisel, desperdigadas por la población. De época árabe viene el propio nombre de la población, con la característica arcilla rojiza del lugar de color Almagro. Durante el siglo XIII Almagro quedó oscurecida por la cercana Oreto u Oretum (Granátula de Calatrava) y por Calatrava la Vieja, pero al ser elegida por los maestres de la Orden de Calatrava en dicho siglo como lugar de residencia y centro gubernativo de sus posesiones pasará a primer término.

La tradición asegura que el maestre don Gonzalo Yáñez concedió fuero a la villa en 1213, confirmado por Fernando III en 1222. En 1273, Alfonso X el Sabio convocó Cortes en Almagro y en 1285 se efectuó la escritura de Conveniencia entre el maestre Ruy Pérez Ponce y los almagreños sobre los hornos, el zocodover, los portazgos. En el siglo XIV la villa ya tenía una muralla y una parroquia, San Bartolomé el Viejo, edificios públicos como las carnicerías, el aholí o pósito, la cárcel, casas del Concejo y un castillo absorbido por las Casas Maestrales.

El avance de los cristianos hizo que se reunieran aquí las tropas camino de la frontera y Pedro I el Cruel mandará apresar al maestre Juan Núñez de Prado en 1355 en los palacios maestrales.

El comercio arraigó en la villa con la concesión de dos ferias por Enrique II en 1374. Además, verá reunirse los Capítulos Generales de la Orden de Calatrava, tanto en la capilla de San Benito de los palacios maestrales, como la iglesia de Santa María de los Llanos (antigua patrona de la ciudad), ambas desaparecidas. En el siglo XV la incorporación del maestrazgo a la Corona en 1487 no variará la situación. Ahora, es el gobernador quien habita los palacios maestrales. En 1493, Cisneros dirigió la fundación del monasterio de las franciscanas de Santa María de los Llanos, que se anexionará la iglesia del mismo nombre, también desaparecida.

Los problemas financieros del emperador Carlos V hicieron a los banqueros alemanes Fugger beneficiarios de las rentas de las minas de Almadén y los vincularon a Almagro, trayendo consigo a sus administradores Wessel, Xedler, entre otros, cuyas casas solariegas se conservan aún.

En los siglos XVI y XVII la población prosperó. La ciudad gozaba de un extraordinario dinamismo demográfico, pasando su población a lo largo del siglo XVI de unos 4000 habitantes en 1500 a 8000 en 1597 (L. SÁNCHEZ LÓPEZ, «La población», en Historia de Almagro. Ciudad Real 1993, pág. 25.). La villa creció y se embelleció, salió de las murallas. Se crearon los arrabales de San Pedro, Santiago, San Ildefonso, San Juan, San Sebastián y San Lázaro. El clavero Fernando Fernández de Córdova y Mendoza fundó el monasterio y la universidad menor de Nuestra Señora del Rosario y el comendador mayor don Gutierre de Padilla el Hospital de la Misericordia y el Monasterio de la Asunción de Calatrava. Se construyeron la iglesia parroquial de Madre de Dios, el convento de la Encarnación, las oficinas de los Fugger y multitud de casas particulares. Se reformaron la iglesia de San Blas, la Plaza y el Ayuntamiento. La crisis de los últimos años del siglo XVI y comienzos del XVII no frenó la boga constructora en Almagro. Los franciscanos levantaron el convento de Santa Catalina. Se instalaron los agustinos, los jesuitas, los hermanos de San Juan de Dios. Los ascendientes del conde de Valdeparaíso construyeron su palacio.

Durante el siglo XVIII, Almagro vivió un esplendor pasajero, merced al apoyo de la ciudad al candidato Borbón, Felipe V, y el oficio de Juan Francisco Gaona y Portocarrero, conde de Valdeparaíso, ministro de Hacienda del rey. Se nombró a la villa capital de la provincia de La Mancha durante algo más de un decenio (1750-1761). Durante ese tiempo la villa sufrió grandes estragos a causa del terremoto de Lisboa, como indicó en carta del 9 de noviembre de 1755 al marqués de Santa Cruz, su administrador, Andrés:

Ha habido muchas ruinas y algunas desgracias, y con especialidad en la villa de Almagro es donde todos los templos y conventos y muchas casas han padecido mucho, mayormente los conventos de San Francisco y Santo Domingo, y asegura un célebre maestro de obras que hay en esta tierra llamado Juan Alejandro Núñez que no se podrá reedificar el destrozo hecho en Almagro con catorce millones de reales (Archivo Histórico Provincial de C. Real)​

Fracasado el intento de reactivación administrativa, el conde promovió la actividad económica creando una industria textil dirigida por el irlandés Enrique Doyle. Luego de algún sonado fracaso, corrió mejor suerte la organización de la industria de blondas y encajes, que con el tiempo dotaría a Almagro de una de sus principales señas de identidad.

Las desamortizaciones emprendidas por los gobiernos de Carlos III provocaron el desmantelamiento de los edificios religiosos más importantes, lo cual perjudicó considerablemente la conservación del patrimonio arquitectónico de la villa; la decadente universidad menor desapareció con el primer cuarto del siglo XIX y en ese siglo los calatravos, cansados de la aspereza del sacro convento del castillo de Calatrava la Nueva, situado en un frío, alto y aislado nido de águilas, dejan la fortaleza y trasladan el Sacro Convento a Almagro. La comodidad resultó efímera. En 1796, Carlos IV concedió a Almagro el título de ciudad.

La invasión francesa vio instalarse en Almagro, en 1810, una activa logia masónica bonapartista, en la casa propiedad de José Antonio Ceballos de la calle Clavería, según un largo procedimiento que siguió la Inquisición entre 1814 y 1815 y que fue extractado por Antonio Paz y Meliá.​ El gobernador afrancesado Benito María Ciria, «de muchas luces», algo admitido incluso por sus enemigos, fue acusado por los patriotas de muchos crímenes, hasta el punto de que fue llamado «el Nerón de La Mancha».

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