Alfredo Rodríguez Ballón (Arequipa, 25 de octubre de 1906 - Pongo de Manseriche, Nieva, Amazonas, 21 de febrero de 1933), fue un piloto de aviación peruano y uno de los impulsores de la aviación civil en su país. Se hizo célebre en 1932, al realizar con éxito el raid Mendoza-Lima, con escalas, recorriendo en un biplano Spartan unos 6000 kilómetros, uniendo diversas localidades de tres países sudamericanos: Argentina, Chile y Perú, y que incluyó un cruce de la cordillera de los Andes. Luego se alistó voluntariamente para servir en la aviación militar durante el conflicto con Colombia de 1933. Falleció cuando se dirigía al teatro del conflicto, al estrellarse el hidroavión que pilotaba sobre un río de la selva peruana. Recibió honores de héroe militar. El aeropuerto de la ciudad de Arequipa fue bautizado con su nombre.
Nacido en el distrito de Miraflores en la ciudad de Arequipa, el 25 de octubre de 1906, fue hijo del matrimonio entre Juan Mariano Rodríguez y Bernal y María Ballón García. Perteneció a una familia de clase alta de Arequipa. A los tres años de edad quedó huérfano de padre y madre, junto a sus seis hermanos: Juan José, Rosa, Alicia, Juan Manuel, Leonor y José Enrique; todos ellos fueron acogidos por sus tíos y padrinos, Pio Francisco Calderón Navarro y Carmen Ballón García. El menor de sus hermanos, José Enrique, ingresaría a la orden franciscana y llegaría a ser arzobispo de Arequipa entre 1946 y 1980, con el nombre de Leonardo José Rodríguez Ballón.
Cursó sus estudios de primaria en el Colegio Nacional de la Independencia Americana, y los de secundaria en el Instituto Ballón. Al cumplir la mayoría de edad y en su afán de explorar el mundo, emprendió viaje hacia Estados Unidos en 1925. Estudió aeronáutica en The School of Aeronautics of America en California, de donde egresó como mecánico de aeronaves. En 1929 comenzó a trabajar para la Pan-American & Grace Airways, más conocida como Panagra.
Con la consolidación de las rutas aéreas por Sudamérica, fue destacado a Arica y luego a la Argentina como representante de Panagra en Mendoza. Su gusto por la aviación lo llevó a licenciarse de piloto civil en el Club Aéreo Los Tamarindos de dicha ciudad, graduándose con honores. Este suceso fue cubierto por el diario mendocino Los Andes, con fecha 19 de octubre de 1931, el mismo que a la letra dice:
La noticia la recogió también el diario El Deber de Arequipa, con fecha 17 de octubre de 1932.
Además de la representación de la compañía, comenzó a ejercer de piloto de correspondencias en la ruta Buenos Aires-Santiago de Chile que ofrecían, motivo por el que participó activamente en la búsqueda del trimotor San José, un avión perdido en los Andes chilenos en 1932.
En 1932 se hizo conocido al realizar con éxito el raid Mendoza-Lima en un avión Spartan de su propiedad, alcanzando reconocimiento y fama en Argentina, Chile y Perú. En el transcurso del raid aterrizó en la ciudad de Arequipa donde manifestó sus deseos de fundar la Escuela Civil de Aviación del Perú. Tenía el anhelo de promover e impulsar la aviación civil peruana. La prensa argentina le puso el apodo de “El Volante de Cuyo”.
En 1932 fue recibido en el Palacio de Gobierno por el presidente del Perú Luis Sánchez Cerro, a quien le expresó su intención de participar en el conflicto bélico con Colombia que se venía desarrollando en territorio norperuano. A su solicitud fue puesto a órdenes del Cuerpo de Aviación del Perú (CAP) en la Base Aérea de Ancón y luego de una rápida preparación militar obtuvo el rango de sub-alférez, grado especialmente creado para su adhesión.
Se dirigía pilotando un hidroavión hacia la zona del conflicto, cuando un inoportuno accidente aéreo puso fin a su vida sobre el río Nieva, el 21 de febrero de 1933. Tenía apenas 25 años de edad. Su cuerpo fue rescatado por el aventurero español Alfonso Graña y trasladado a Iquitos, de donde partió para ser sepultado en Lima. A título póstumo recibió el grado de alférez. En su homenaje, el aeropuerto internacional de Arequipa lleva su nombre.
El 16 de octubre de 1932, Alfredo Rodríguez Ballón comenzó un raid aéreo cuya meta era unir a tres países: Argentina, Chile y Perú. Inició la travesía en Mendoza e hizo escalas en Santiago, Ovalle, Copiapó, Antofagasta, Iquique, Arica, Tacna, Arequipa, Camaná y Pisco, para culminar satisfactoriamente en Lima, el 22 de octubre. En algunas de esas localidades, rara vez se veía aparecer un avión, lo que despertó el interés de autoridades, medios y todos los sectores de las poblaciones por donde sobrevolaba. El piloto arequipeño era admirado por su audacia y valentía y gozaba de la simpatía de compatriotas y extranjeros.
En la primera etapa del viaje atravesó la Cordillera de los Andes en territorio chileno en un vuelo a 15 m de altura sobre las cumbres nevadas en su biplano Spartan, una proeza considerada de extremo riesgo, teniendo en cuenta las condiciones climatológicas adversas de las alturas andinas. A la potencia del pequeño avión, la pericia del joven piloto fue determinante para la culminación de esta primera parte del raid. Aterrizó en Santiago de Chile esa misma tarde, siendo agasajado por las autoridades chilenas. Ello embargó de emoción al piloto, que expresó su agradecimiento.
Entre ceremoniosos aplausos despegó con dirección a Copiapó, segunda escala del viaje, pero las nubes amenazaban y no permitían la visibilidad. Esta difícil ruta ya se había cobrado varias vidas de pilotos que le precedieron. Rodríguez Ballón decidió no arriesgar y aterrizar de emergencia en Ovalle, una población al norte de Santiago. Dijo él mismo: «…al no haber pistas de aterrizaje allí tuve que hacerlo sobre una pampa que pude divisar en un claro entre las nubes para esperar a que la meteorología fuera favorable…» En tierra inspeccionó la nave y descartó desperfectos, mientras las autoridades mandaron a limpiar y despedrar un terreno para que despegara y continuara su rumbo al día siguiente.
El día 18 de octubre, las radiodifusiones daban boletines informativos acerca del viaje del aviador arequipeño. En Santiago se informó que aterrizó con éxito en Copiapó y que se habían repetido las atenciones por parte de las autoridades locales de esa provincia. Rodríguez Ballón recibió un telegrama de parte de la comunidad peruana de Iquique, que le pedía que aterrizara allí para hacerle una manifestación de bienvenida. Accedió al pedido, aterrizando en Iquique, después de hacer la escala programada en Antofagasta.
En Iquique recibió una distinción honrosa del gobierno de Chile y de forma especial fue invitado a aterrizar en la Base Aérea Los Cóndores, lugar que estaba prohibida de sobrevolar por aviones nacionales chilenos y extranjeros. Allí se le invitó a permanecer por espacio de media hora para que pudiera conocer la base y repostar. Fue un gesto de singular deferencia de los militares chilenos hacia un aviador peruano, quien luego alzó vuelo rumbo a Arica.
El día 20 ya estaba en Arica, donde recibió un pedido especial de la Comisión Patriótica de las Damas Tacneñas que le invitaba a hacer escala en Tacna. El arequipeño tomó tierra sin ningún contratiempo esa misma tarde en dicha ciudad peruana. Al día siguiente muy temprano despegó hacia su Arequipa natal, adonde llegó sin contratiempos.
Fue así como recogió el diario El Pueblo del 22 de octubre de 1932 su llegada a Arequipa:
Fue recibido por el alcalde de Arequipa, doctor Belisario Soto, el prefecto Víctor Saco Arenas, el vicario de la diócesis de Arequipa Eusebio Valencia, el jefe del Estado Mayor Julio Rivera Merino, la prensa local y público en general. A través del diario Noticias, el joven aviador hizo llegar un mensaje: «Saludo cordialmente a mis paisanos, reiterándoles el afecto que siempre guardo por mi tierra.»
Esa tarde se realizaron dos recepciones en su honor. Una se realizó en el local municipal y la otra en el Jockey Club. El Sr. César Bustamante como presidente del Jockey Club dirigió unas palabras a Rodríguez Ballón elogiando el éxito, fruto de su propio esfuerzo, augurándole nuevos lauros y mayores éxitos en su carrera. Se hizo un brindis y dio inicio a la champañada ofrecida por las autoridades de Arequipa. Rodríguez Ballón agradeció las atenciones y reveló que se pondría a las órdenes de la Patria en caso de peligro de conflagración internacional, refiriéndose a la frágil relación entre Perú y Colombia de esos días.