Alfonso o Alonso García de Santa María, más conocido como Alfonso de Cartagena por ser este el primer obispado de su padre (Burgos, 6 de julio de 1384-Villasandino, Burgos, 12 de julio de 1456) fue un humanista, diplomático, historiador y escritor castellano del Prerrenacimiento.
Fue el tercer hijo, segundo varón del rabino de Burgos y después famoso obispo judeoconverso de Cartagena Pablo de Santa María, habido de su mujer legítima, antes de que tomase religión. Alfonso estudió leyes en la Universidad de Salamanca y "fue gran letrado en derecho canónico e cevil", según los Claros varones de Castilla (1486), así como un "gran filósofo natural". Comenzó su carrera como maestresala de la catedral de Murcia (sede de la diócesis de Cartagena) para, más tarde, en 1415, ser nombrado deán de Santiago y de Segovia, nuncio apostólico, canónigo de Burgos en 1421, actuando ese año como embajador en Portugal para conseguir la paz entre los dos reinos.
Siendo deán de Santiago, fue uno de los nombrados por Juan II de Castilla para ir al Concilio de Basilea (1434) en sustitución del cardenal Alonso de Carrillo. Allí logró con un famoso discurso, que compuso en latín y en castellano (Propositio... super altercatione praeminentia, 1434), que los padres de aquel concilio reconocieran el derecho preferente del rey de Castilla sobre el de Inglaterra.
Justo entonces, a la muerte de su padre en 1435, fue nombrado su sucesor como obispo de Burgos, por el papa Eugenio IV.
Ya en 1422 había emprendido la traducción de algunas obras de Cicerón (De officiis, De senectute), encargadas por el secretario del rey Juan II de Trastámara (1405-1454), Juan Alfonso de Zamora, así como el De inventione, para uso del entonces príncipe Duarte de Portugal.
Las «traslaciones en vernácula lengua», tal y como las llamó, obedecen a una intención claramente humanística, la de aleccionar con la sabiduría de los clásicos a cortesanos y caballeros interesados por las letras aunque no muy doctos. Por ello, pero también por un especial interés, emprendió la traducción de los Tractados y las Tragedias de Séneca, pues de hecho se hallaba bastante inclinado al estoicismo que se avenía mejor con su formación moralizante y escolasticista, que le hizo sustentar el valor de las Sagradas Escrituras sobre las profanas, si bien no les discutió como otros su enorme valor pedagógico, en especial de historiadores como Tucídides o poetas épicos como Homero para la casta nobiliaria y gobernante.
En ese sentido disputó con el humanista Leonardo Bruni de Arezzo o Aretino (1370-1444) sobre una nueva traducción que hizo este de la Ética de Aristóteles en defensa de la traducción medieval de Guillermo de Moerbeke (1215-1286), conflicto que se prolongó al defender Pier Cándido Decembrio (1399-1477) a Bruni, e intervenir el cardenal Pizolpasso (1370-1443). La disputa originó no menos de seis textos y diecinueve cartas cruzadas entre Cartagena y Decembrio. Cartagena escribió, por ejemplo, Declinationes o declamationes super translationem Ethicorum (h. 1432).
Durante algún tiempo vivió en Roma consagrado al estudio.
En 1438 fue a Breslau para entrevistarse con el emperador Alberto II de Habsburgo, rey de Alemania y Rex Romanorum desde 1438, a la muerte del emperador del Sacro Romano Imperio Segismundo, hasta la suya propia en 1439, logrando la paz entre el rey de Polonia Vladislao III Jagellón y el emperador.
En 1441 fue junto al obispo de Segovia y también cardenal, Juan de Cervantes, ante el supuesto rey de Navarra (rey consorte de Navarra realmente), recientemente enviudado de la reina titular de Navarra Blanca I, luego Juan II de Aragón con el fin de evitar la guerra.
Intervino también en los conflictos de Castilla con Aragón y Granada. Hombre muy respetado y de gran altura moral e intelectual, Fernando del Pulgar lo describe así:
«Desde su mocedad fue criado en la iglesia y en escuela de sciencia, e fue gran letrado en derecho canónico e cevil. Era así mismo gran filósofo natural. Fablava muy bien e con buena graçia, çeçeava un poco, e su persona era tan reverenda e de tanta autoridad que en su presencia todos se onestavan e ninguno osava dezir ni fazer cosa torpe. Era ya tan acostumbrado en los actos de virtud que se deleitava en ellos. Era muy linpio en su persona e en las ropas que traya, y el servicio de su mesa e todas las cosas que le tocavan fazía tractar con gran limpieza [...] porque la limpieza esterior del onbre dezía él que era alguna señal de la interior. Entre los letrados que fueron escogidos para embiar a un grand concilio que se fizo en Basilea [...] fue uno de los nombrados a quien el rey don Juan mandó ir en aquella embaxada [...] ganó tan gran fama que estando en Roma el Papa Eugenio lo proveyó del obispado de Burgos, que era del obispo don Pablo, su padre. [...] Fue embaxador al rey de Portogal por mandado del rey don Juan, e con la fuerça de sus razones escusó la guerra e concluyó la paz, que por entonces ovo entre estos dos reinos. Era observantíssimo en la orden e ábito que tomó. Predicava, confessava, corregía e usava en su diocesi de aquellas cosas que perlado es obligado a fazer. Era limosnero e ayudó con grand suma a edificar el monesterio de sant Pablo de Burgos, e reedificó otras iglesias e monesterios de su obispado. Fue varón quito de cobdicias temporales e nunca se sintió en él punto de enbidia. Dezía él que no podía ser alegre con sus bienes el que se atormenta con bienes agenos. Era de spíritu humilde, e dotrinando con humildad su doctrina era mejor recebida e de mejor fruto. Tornó de lengua latina en nuestra lengua vulgar ciertas obras de Séneca que el rey don Juan le mandó reduzir. Era ombre muy estudioso e deleitávase en platicar las cosas de ciencia. Ovo una gran disputa con un filósofo e orador grande de Italia que se llamó Leonardo de Arecio sobre la nueva translación que fizo de las éticas de Aristóteles, en la qual disputa se contienen muchos e muy doctrinables preceptos. Fizo así mismo algunos tratados de filosofía moral e de theología provechosos a la vida, los quales están oy en la capilla do está enterrado en la iglesia mayor de Burgos. Aborrecía los loores que en presencia le dezían, porque si la conciencia acusava de dentro poco dezía él que aprovechan los loores de fuera. E si el entendimiento humano es tan alto e generoso que pone sus términos cercanos a los del alto Dios, quien bien considerare los a[c]tos esteriores deste perlado conoscerá sin duda que sus pensamientos interiores más participavan con las cosas celestiales que con las terrenales. Al fin, seyendo en edad de se[t]enta años, como propusiesse ir en romería de Santiago, [...] la qual cumplida, e tornado a su diocesi, finó.»
El famoso humanista Enea Silvio Piccolomini, luego papa con el nombre de Pío II, le llamó Deliciae hispanorum decus praelatorum non minus eloquentia quam doctrina preclarus, inter omnes consilio et facundia praestans. De vuelta a Burgos fundó una escuela pública "de toda doctrina" en la que estudiaron los más doctos latinistas de la España de los Reyes Católicos, como Rodrigo Sánchez de Arévalo, Alfonso de Palencia, Diego Rodríguez Almela y, tal vez, Fernán Díaz de Toledo.
Fue amigo del también escritor y humanista Fernán Pérez de Guzmán, sobrino de Pero López de Ayala y señor de Batres, quien incluyó un afectuoso esbozo biográfico suyo en sus Generaciones y semblanzas (1450); Cartagena le dedicó su Oracional (1454), un tratadito sobre el rezo.
Ayudó con una fuerte suma a edificar el convento de San Pablo de Burgos, donde estaban enterrados sus padres y muchos de sus familiares, y reedificó otras iglesias y monasterios de su obispado, entre ellos la catedral de Burgos, cuya construcción permanecía paralizada desde hacía tiempo.
Compuso, además, algunos tratados de filosofía moral y teología. A los sesenta años se propuso ir en romería a Santiago de Compostela, lo que pudo concluir, si bien murió una vez vuelto a su diócesis. Su sepulcro se encuentra en la Capilla de la Visitación de la catedral de Burgos.