Alfonso XIII de España, llamado «el Africano» (Madrid, 17 de mayo de 1886-Roma, 28 de febrero de 1941), fue rey de España desde su nacimiento hasta la proclamación de la Segunda República el 14 de abril de 1931. Asumió personalmente la Corona al cumplir los dieciséis años de edad, el 17 de mayo de 1902.
La inesperada muerte de su padre el rey Alfonso XII el 25 de noviembre de 1885 provocó una crisis que llevó al Gobierno presidido por Práxedes Mateo Sagasta a paralizar el proceso de sucesión a la Corona a la espera de que la viuda del rey, María Cristina de Habsburgo diese a luz, pues estaba embarazada en aquel momento. Cuando el 17 de mayo de 1886 la reina regente dio a luz a un varón, Alfonso XIII, este fue reconocido de inmediato como rey, siendo un caso único en la historia.
Durante su reinado España experimentó cuatro problemas de suma importancia que acabarían con la monarquía liberal: la falta de una verdadera representatividad política de amplios grupos sociales, la pésima situación de las clases populares, en especial las campesinas, los problemas derivados de la guerra del Rif y el catalanismo. Esta turbulencia política y social iniciada con el desastre del 98 impidió que los partidos turnistas lograran implantar una verdadera democracia liberal, lo que condujo al establecimiento de la dictadura de Primo de Rivera, aceptada por el monarca. Con el fracaso político de esta, el monarca impulsó una vuelta a la normalidad democrática con intención de regenerar el régimen. No obstante, fue abandonado por toda la clase política, que se sintió traicionada por el apoyo del rey a la dictadura de Primo de Rivera.
Abandonó España voluntariamente tras las elecciones municipales de abril de 1931, que fueron tomadas como un plebiscito entre monarquía o república. Falleció en Roma, donde fue inicialmente enterrado; sus restos no fueron trasladados al Panteón de los Reyes del Monasterio de El Escorial hasta 1980.
Hijo póstumo de Alfonso XII y María Cristina de Habsburgo-Lorena, nació en el Palacio Real de Madrid. Parece que el nacimiento se adelantó porque cuatro días antes, «desafiando todo género de peligros y las molestias propias de su estado, la Reina» fue «en socorro de las víctimas de un ciclón que el 12» dejó «sin casa a muchas familias de Madrid».
El 22 de mayo, cinco días después de su nacimiento, fue bautizado en la capilla del mismo palacio, por el capellán mayor y arzobispo de Compostela, el cardenal Payá. Le fueron impuestos los nombres de Alfonso León Fernando María Santiago Isidro Pascual Antón, siendo sus padrinos el papa León XIII y su tía paterna la infanta Isabel.
«Cuando se le cayó un diente al Rey Niño, Doña María Cristina le pidió al P. Coloma que escribiera un cuento. Y así nació el Ratón Pérez, que hará las delicias y creará tantas ilusiones». Su madre ejerció la regencia durante su minoría de edad, entre 1885 y 1902.
En 1888 la Reina viajó «con su hijo el Rey a Barcelona, para inaugurar la Exposición Universal. El día de la inauguración la comitiva real atraviesa las calles barcelonesas en coche abierto tirado por ocho caballos, rodeado por la Escolta Real. La Reina ocupa la izquierda del asiento principal; frente a ella, el alcalde de Barcelona, Rius y Taulet; a la derecha de la Reina, Maximina tiene en sus brazos al Rey Niño, de dos años de edad. Esta ama —robusta y sonrosada campesina— alza al Rey para que el pueblo pueda contemplarlo fácilmente. Son indescriptibles las ovaciones que la multitud dedica a su Rey Niño, el cual saluda agitando la manecita: es uno de los primeros gestos que ha aprendido a poco de nacer. Miles de barceloneses, conmovidos, gritan una y otra vez al paso del niño: —¡Viva el Rey!». Al final de la Regencia y poco antes de comenzar su reinado propiamente dicho, España, tras la intervención de los Estados Unidos en 1898 en la guerra colonial, perdió sus últimas posesiones ultramarinas en Cuba, Puerto Rico, Filipinas y Guam en una derrota militar conocida como el desastre del 98.
Ya en el siglo XX, las aventuras coloniales comenzaron nuevamente en la zona norte de Marruecos, que había sido adjudicada a España en los repartos internacionales, lo que conduciría a la sangría de la guerra del Rif.
Período constitucional del reinado efectivo
En 1902, al cumplir los dieciséis años, Alfonso XIII fue declarado mayor de edad y, tras haber jurado en un acto solemne la Constitución el 17 de mayo, asumió las funciones constitucionales de jefe de Estado. Durante su reinado visitó todas las provincias españolas y realizó numerosas visitas al extranjero. Entre los primeros países en los que fue recibido se encontraban Alemania, Reino Unido y Francia. Durante esta última visita, Alfonso XIII y el presidente de la República francesa, Émile Loubet, fueron objeto de un atentado en las calles de París, del que salieron ilesos.
Entre el 26 de marzo y el 5 de abril de 1906 visitó Canarias, en la que fue la primera visita real a esta región española.
El 31 de mayo de 1906, se casó con la princesa británica Victoria Eugenia de Battenberg (1887-1969), hija del príncipe Enrique de Battenberg y la princesa Beatriz del Reino Unido. Victoria Eugenia era sobrina del rey Eduardo VII y nieta de la reina Victoria I del Reino Unido. El tratado matrimonial se firmó por duplicado en Londres, el 7 de mayo de 1906. Ena, como se la conocía, alteza serenísima por nacimiento, fue elevada al rango de alteza real un mes antes de su matrimonio, para evitar que la unión fuese considerada desigual o morganática.
Cuando Alfonso XIII y la reina Victoria Eugenia regresaban al Palacio Real, después de la boda, sufrieron un atentado mediante una bomba escondida en un ramo de flores, lanzada por el anarquista Mateo Morral a su carroza, frente al número 88 de la calle Mayor de Madrid, del que salieron ilesos. Como consecuencia de la explosión murieron tres oficiales y cinco soldados del séquito real, tres personas más en los balcones y resultaron con heridas más de catorce personas que contemplaban el paso del cortejo.
España conoció numerosas revueltas sociales en sus principales ciudades durante las dos primeras décadas del siglo XX. Una de las más destacadas tuvo lugar en 1909 en Barcelona, conocida como la Semana Trágica. Uno de los factores que la desencadenaron fue el descontento de la población con la guerra de Melilla: en ese año se había recrudecido el conflicto marroquí, convirtiéndose en uno de los principales problemas nacionales. El monarca se implicó en el conflicto, y llegó a visitar Melilla en 1911; a su vuelta, el presidente del Senado Eugenio Montero Ríos le otorgó el sobrenombre de «el Africano».
En 1910 el rey nombró a José Canalejas presidente del Consejo de Ministros: «liberal valiosísimo, de exquisita conducta, regenerador desde la izquierda, definidor de la Monarquía democrática y de la apertura social, el único político capaz de renovar la izquierda dinástica en un programa de altura. Su gestión es ejemplar, tanto al frente del Gobierno como al frente de su Partido Liberal, que por primera vez desde la Restauración tiene un verdadero jefe. Canalejas encauza todos los problemas de España. Es el suyo un Gobierno provisional hasta las elecciones celebradas en mayo, que le dan una mayoría decisiva sobre todos los demás partidos». El 15 de junio, «Alfonso XIII abre las Cortes. Su discurso de la Corona traduce con precisión el proyecto de Canalejas. Jamás hasta ahora en labios de un Rey se han puesto ideas tan liberales y avanzadas». Canalejas, «en su soledad al verse tan atacado, cuenta siempre con el estímulo y la simpatía del Rey, que es su más firme apoyo». Fue asesinado el 12 de noviembre de 1912 por un anarquista mientras el jefe del Gobierno contemplaba el escaparate de una librería en la Puerta del Sol, al cabo de un día de mucho trabajo. «Irreparable desgracia para España la muerte de José Canalejas, el primer ministro de Alfonso XIII más avanzado, liberal y progresista. Con este asesinato saltan en pedazos las posibilidades de aclimatar definitivamente en España el sistema político inglés».