Tal Día como Hoy

Alfonso Reyes Ochoa

Ensayista, diplomático, literato y pensador mexicano

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Alfonso Reyes Ochoa (Monterrey, Nuevo León, 17 de mayo de 1889-Ciudad de México, 27 de diciembre de 1959), apodado el Regiomontano Universal,​ fue un escritor, traductor, diplomático, jurista, filósofo, filólogo y académico mexicano y un importante literato de la lengua española​​​​​​ que se halló entre los fundadores de El Colegio de México, del que fue su primer presidente entre 1940 y 1958. También se desempeñó como embajador de México en Argentina, Brasil, Francia y España. Fue miembro de El Colegio Nacional y de la Academia Mexicana de la Lengua que dirigió entre 1957 y 1959.

Alfonso Reyes Ochoa fue el noveno de los doce hijos del general Bernardo Reyes Ogazón, secretario de Guerra y Marina y gobernador de Nuevo León, preferido sucesor a la presidencia de México por el general Porfirio Díaz, y de su esposa, la aristócrata jalisciense doña Aurelia de Ochoa-Garibay y Sapién. Estos fueron, en orden de nacimiento: Bernardo, Rodolfo, María, Roberto, Aurelia, Amalia, Eloísa, Otilia, Alfonso, Guadalupe, Eva y Alejandro.​

También tuvo un medio hermano por parte de su padre: León Reyes, padre de la muralista Aurora Reyes.​ León era hijo de una novia de Bernardo Reyes, tenido antes de su matrimonio con Aurelia Ochoa. León nació en Durango el 29 de junio de 1870 y se integró a la familia cuatro años antes de que Alfonso Reyes naciera. Con él mantuvo Alfonso una relación especial; según explicó este último: "Se dejaba ver de tarde en tarde. Ingeniero militar adscrito a una comisión geográfica, recorría el país y algunas veces aparecía por casa. Como poseía una fuerza prodigiosa, con los dedos doblaba los quintitos de plata".​ Otra muestra de su personalidad la recoge José Luis Martínez en la siguiente anécdota: cierto día "[e]ncontró a una [de sus novias] 'pelando la pava' con un galán junto a una de aquellas ventanas de barrotes de hierro. Abrió un poco los barrotes, le metió al rival la cabeza, volvió a cerrarlos lo indispensable, y ahí lo dejó aprisionado y dando gritos".​

León le regaló a Reyes su primera pluma fuente "[p]ara que me escribas de donde quiera que andes". Alfonso admiraba a este hermano que "había conocido los lugares más recónditos del país, las tribus más extrañas". También Aurelia, la madre de Alfonso, tenía con León una cierta confianza que no podía tener con sus hijos: ''Un día sorprendí a mi madre hablando con León de las esperanzas que fundaba en mi porvenir. El efecto fue casi trágico: un desgarramiento, un candor perdido. Lo he dejado sentir en mi poema 'El hombre triste'".​ Por las palabras del poema se desprende que esto debió suceder cuando Alfonso Reyes tenía diez años, hacia 1899. Sobre León Reyes, cabe leer en Adolfo Castañón, Alfonso Reyes, caballero de la voz errante.​

El padre de Alfonso Reyes, el general Bernardo Reyes Ogazón, ocupó importantes cargos durante los gobiernos de Porfirio Díaz (fue gobernador del estado de Nuevo León y secretario de Guerra y Marina). Su madre, Aurelia, fue nieta de don José Ignacio de Ochoa-Garibay y Móxica, uno de los cuatro hijos de don José Justo de Ochoa-Garibay y Ximénez y doña Juana María de Móxica y Eguía, primeros descendientes del conquistador Diego de Ochoa-Garibay en establecerse en Zapotlán el Grande, según describe el propio Reyes en su Parentalia.​

Alfonso Reyes realizó sus primeros estudios en colegios de Monterrey, en el Liceo Francés de México, en el Colegio Civil de Monterrey, y posteriormente en la Escuela Nacional Preparatoria y en la Escuela Nacional de Jurisprudencia, que tiempo después sería la Facultad de Derecho, en la Ciudad de México, en donde el 16 de julio de 1913 se graduó como abogado. En 1909, fundó, con otros escritores, el Ateneo de la Juventud,​ donde Pedro Henríquez Ureña, Antonio Caso Andrade y José Vasconcelos Calderón, entre otros intelectuales, se organizaron para leer y discutir a los clásicos griegos a los que tuvieron acceso (Homero, Platón, Esquilo, Sófocles, entre otros), y formular agudas reflexiones sobre la literatura y la filosofía universales, y llevar a cabo una importante labor de formación humanística. De gran relevancia fueron las críticas que hicieron al positivismo y al desarrollo que tuvo en México durante el Porfiriato, paralelas al ciclo revolucionario en el país.[cita requerida]

La Revolución mexicana de 1910 no favoreció a la familia Reyes, en virtud de su asociación con la dictadura porfirista. Reyes recuerda que escribía en su cuarto de la Ciudad de México con una carabina cargada, cerca de su escritorio; de vez en cuando, la miraba, preguntándose si tendría que usarla.​ En 1911, cuando tenía veintiún años de edad, publicó su primer libro, Cuestiones estéticas, el cual había empezado a escribir desde años antes.​

En agosto de 1912, fue nombrado secretario de la Escuela Nacional de Altos Estudios, antecedente de la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM, donde impartió la cátedra de "Historia de la Lengua y Literatura Españolas".

En 1913, su padre participó en el golpe de Estado contra el presidente Francisco I. Madero, hecho que derivaría en la lucha fratricida conocida como la Decena Trágica. El general Bernardo Reyes murió el primer día de combate, en el Zócalo de la Ciudad de México; debido a aquello es el único de los golpistas en no ser considerado como villano. Movido por este trágico hecho, Alfonso Reyes publicaría el poema dramático "Ifigenia Cruel" en 1923 y más tarde en 1930 compondría la Oración del 9 de febrero en conmemoración de esa tarde, la cual fue publicada póstumamente en 1969 por su esposa Manuela Mota. Este hecho y la posterior participación de su hermano en el gobierno de Victoriano Huerta lo hicieron marchar a Europa en junio de ese año e incorporarse a la Legación de México en Francia, puesto que desempeñó hasta 1914.​

Después de haber estado como segundo secretario de la Legación de la Embajada de México del entonces presidente Victoriano Huerta, Reyes se trasladó a España, donde residió desde 1914 hasta 1924. Esta época sería una de sus más productivas; durante ella se transformaría en un maestro de la investigación literaria y en un escritor reconocido en el mundo hispánico.

En esos años pasó apuros económicos, se vio obligado a dedicarse al periodismo,​ la traducción, la investigación y la vida literaria, sin perder su vocación poética. Trabajó en el Centro de Estudios Históricos de Madrid bajo la dirección de Don Ramón Menéndez Pidal y, bajo la supervisión del mismo, en 1919 publicó una prosificación o versión en prosa del Cantar de mio Cid.​ Ese mismo año fue nombrado secretario de la comisión mexicana "Francisco del Paso y Troncoso" cuya misión era localizar y finalmente repatriar los documentos históricos mexicanos en Europa, y con ese nombramiento se inicia su acercamiento al México posrevolucionario.

Varios de sus amigos lo instaron a naturalizarse español, pues así podría desempeñar un puesto en el gobierno. Reyes no siguió el consejo. Alguna vez se le presentó una oferta para la enseñanza y la rechazó.

Publicó numerosos ensayos sobre la literatura española clásica y las letras del Siglo de Oro, entre los que destacan: "El Arcipreste de Hita y su Libro de Buen Amor" (1917); "Lope de Vega y El peregrino en su patria" (1919); "Prólogo a Quevedo" (1917) y "Apostillas a Quevedo" (1918), "Gracián" (1918); "Tres siluetas de Ruiz de Alarcón" (1918), por no hablar de sus estudios sobre Luis de Góngora como por ejemplo, "Góngora y La gloria de Niquea" (1915).

Por esa época Reyes colaboró con el hispanista francés Raymond Foulché-Delbosc en la edición de las Obras completas de Luis de Góngora (la primera edición completa de este autor).​​ Este trabajo le abrió numerosas puertas entre los poetas y escritores españoles contemporáneos y lo afianzó en el mundo de la crítica y filología. La relación de Reyes con Góngora durará toda la vida, y un tomo completo de sus propias Obras completas está dedicado al poeta cordobés.​

En 1917 da a la estampa Cartones de Madrid (viaje por la ciudad contemporánea y los subsuelos de su historia); así como su breve y magistral obra, Visión de Anáhuac (1519).​ En este fresco en prosa se describe el valle de México desde la mirada del conquistador. A lo largo de su narración alientan ecos de las Cartas de Relación de Hernán Cortés y las Crónicas de Indias de Antonio de Solís entre otros autores.​ También en esos años pública El suicida, y de 1921, El cazador y Calendario (1924) registro y constancia de su participación en la vida literaria en Madrid.​

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