Tal Día como Hoy

Aleksandr Suvórov

General ruso (1730–1800)

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Alejandro Suvórov​ (en ruso: Александр Васильевич Суворов, transliterado Aleksandr Vasílievich Suvórov, conocido también como Aleksánder), Conde Suvórov de Rímnik, Príncipe de Italia (граф Рымникский, князь Италийский) (24 de noviembre de 1729-18 de mayo de 1800), fue generalísimo ruso, reconocido como uno de los pocos grandes generales de la historia que nunca perdió una batalla. Se hizo famoso por su manual La ciencia de la victoria y notorio por su dicho «Entrenar duro, luchar calmado».​

Suvórov nació en Moscú en el seno de una familia noble procedente de la región de Nóvgorod. De origen sueco​ y armenio.​ Entró en el ejército de niño, sirviendo contra los suecos en Finlandia y contra los prusianos durante la guerra de los Siete Años (1756-1763). Tras distinguirse repetidas ocasiones en combate, fue ascendido a coronel en 1762.

A continuación sirvió en Polonia durante la Confederación de Bar, dispersando a las fuerzas polacas bajo el mando de Kazimierz Pułaski. Atacó infructuosamente Cracovia en 1768. En 1769, consigue derrotar a la fuerza perseguidora de Pułaski en Orzechowo (Voivodato de Brest Litovsk). En 1772 vuelve a sitiar Cracovia, rindiendo las plazas fuertes de Wawel (defendidas por el marqués de Choisy) el 28 de abril; la Fortaleza de Tyniec el 13 de julio y finalmente Częstochowa frente a Pułaski el 18 de agosto. Con las victorias en Polonia alcanzó el rango de mayor general. En la guerra ruso-turca de 1768-1774 vivió sus primeras batallas contra los turcos en 1773 y 1774, y particularmente en la batalla de Kozludsí (hoy Suvorovo), en el último año, asentó su reputación.

En 1775, Suvórov fue enviado a sofocar la rebelión de Pugachov bajo el mando de Piotr Ivánovich Panin, pero llegó al escenario de la revuelta sólo a tiempo de dirigir el primer interrogatorio al líder rebelde, que había sido traicionado por sus aliados cosacos y que posteriormente sería decapitado en Moscú.

Desde 1777 hasta 1783, Suvórov sirvió en Crimea y el Cáucaso, ascendiendo a teniente general en 1780 y a general de infantería en 1783 al final de su carrera. De 1787 a 1791 luchó de nuevo contra los turcos durante la guerra ruso-turca de 1787-1792 y consiguió numerosas victorias; fue herido dos veces en Kínburn (1787), tomó parte en el asedio de Ochákov y en 1788 logró dos grandes victorias en Focsani y en el río Rímnik.

En ambas batallas participó un cuerpo de ejército austriaco bajo el mando del Príncipe Josías de Sajonia-Coburgo, pero en Rímnik Suvórov comandaba el conjunto de las fuerzas aliadas. Por la última victoria, Catalina II, la Grande, nombró a Suvórov conde del Sacro Imperio Romano Germánico. El 22 de diciembre de 1790, Suvórov atacó la impenetrable fortaleza de Izmaíl en Besarabia. Las fuerzas turcas tenían órdenes de mantener la posición hasta el final y declinaron de forma arrogante el ultimátum ruso. La derrota significó una catástrofe de gran magnitud para el Imperio otomano. En Rusia, la victoria fue glorificada en su primer himno nacional, «Suenan los truenos de la victoria», cuya letra fue escrita por Gavrila Derzhavin.

Inmediatamente tras la firma de la paz con los turcos, Suvórov fue transferido de nuevo a Polonia, donde asumió el mando de uno de los cuerpos de ejército que tomaron parte en la batalla de Maciejowice, en la cual capturaron al comandante en jefe de la insurrección polaca, Tadeusz Kościuszko. El 4 de noviembre de 1794, los cosacos de Suvórov atacaron Varsovia, y en lo que se conoció como la «Masacre de Praga» (distrito de Varsovia), se apoderaron del suburbio de Varsovia llamado Praga. La matanza denunciada de muchos civiles rompió el espíritu de los defensores, y rápidamente se puso fin a la insurrección de Kościuszko.

Se dice que el comandante ruso envió un informe a su soberana que consistía en tres palabras (en ruso):

La emperatriz rusa respondió de una forma igualmente breve:

El recién nombrado Mariscal de Campo permaneció en Polonia hasta 1795, cuando volvió a San Petersburgo. Pero su soberana y amiga Catalina murió en 1796 y su sucesor el emperador Pablo I lo despidió, cayendo en desgracia.

Suvórov vivió entonces algunos años retirado en su finca de Konchánskoye, cerca de Borovichí, región de Nóvgorod. Criticaba las nuevas tácticas militares y los uniformes introducidos por el emperador, y algunas de sus frases más cáusticas llegaron a los oídos de Pablo. Su conducta comenzó a ser vigilada, así como su correspondencia con su esposa, que permanecía en Moscú (ya que sus relaciones matrimoniales no eran buenas). Los domingos tocaba la campana de la iglesia y cantaba con los paisanos de la aldea. Los días entre semana trabajaba con ellos como uno más. Pero en febrero de 1799, el Emperador Pablo I de Rusia lo convocó de nuevo para ir al campo de batalla, esta vez contra los ejércitos revolucionarios franceses en Italia.

La campaña comenzó con una serie de victorias de Suvórov (Cassano d'Adda, Trebbia, Novi), las cuales redujeron el gobierno francés a una estrechez desesperada y expulsaron a los soldados franceses de Italia, salvados por los pocos que estaban bajo el mando de Moreau, que mantuvo el equilibrio tan solo en los Alpes marítimos y alrededor de Génova. El mismo Suvórov obtuvo el rango de Príncipe de la Casa de Saboya del rey de Cerdeña.

Pero los últimos eventos de aquel año lleno de novedades causaron dificultades serias a las tropas rusas. Las fuerzas del general ruso Aleksandr Rimski-Kórsakov fueron duramente vencidas por las fuerzas francesas mandadas por Masséna en Zúrich. Abandonado a sus suerte por los austriacos, Suvórov necesitaba pasar con sus tropas a través de los Alpes hasta el Rin superior, retirando sus fuerzas hacia Vorarlberg, donde el ejército ruso, prácticamente ya deshecho, sin caballos ni artillería, tenía sus cuarteles de invierno.

Suvórov debía entonces hacer camino con sus tropas a través de las cumbres nevadas de los Alpes desde la vertiente sur italiana hasta Voralberg (en el extremo occidental de Austria), su ejército se vio sometido a una dura prueba al marchar en los peores meses de invierno de 1799, reducido apenas a la infantería, y eludiendo a sus enemigos franceses, aunque inclusive en tan malas condiciones no fue derrotado y sufrió muchas menos bajas de las esperadas en tan terribles circunstancias. Por liderar tan exitosa retirada estratégica, conducida con una brillantez no conocida desde los tiempos de Aníbal, Suvórov fue ascendido al rango —sin precedentes en Rusia— de Generalísimo.

A principios de 1800, Suvórov volvió a San Petersburgo. Se le prometió oficialmente que se le darían honores militares por su triunfo en cuanto volviera a su patria, pero las intrigas de la corte llevaron al zar Pablo a cancelar la ceremonia, mostrando que seguía sin el favor del monarca pese a sus grandes triunfos alpinos. El zar rehusó recibirle en audiencia en mayo de 1800 y, herido y enfermo, el veterano general murió unos días después, el 18 de mayo de 1800 en San Petersburgo. Lord Whitworth, el embajador británico, y el poeta Gavrila Derzhavin fueron las únicas personas distinguidas presentes en su funeral.

Suvórov está enterrado en la iglesia de la Anunciación, en el monasterio Aleksandr Nevski de San Petersburgo. Una simple inscripción en su sepulcro reza, conforme a sus propios deseos: «Aquí yace Suvórov». Pero un año después de su muerte, el nuevo zar Alejandro I erigió una estatua a su memoria en el Campo de Marte de San Petersburgo.

El hijo de Suvórov, Arcadio (1783-1811), sirvió como oficial en el ejército ruso durante las guerras turcas y napoleónicas a principios del siglo XIX, y se ahogó en el mismo río Rimnik que tanta fama le dio a su padre. Su nieto, Aleksandr Arkádievich (1804-1882), también fue general ruso.

Distinciones y condecoraciones

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