El Real Alcázar de Segovia, que data de principios del siglo XII, es uno de los castillos medievales más famosos del mundo y uno de los monumentos más visitados de España. En su milenaria existencia, el Alcázar ha sido castro romano, fortaleza medieval, palacio real, custodio del tesoro real, prisión de estado, colegio de artillería y archivo general militar. Su imponente perfil se levanta, majestuoso, sobre el valle del Eresma y es símbolo de la ciudad vieja de Segovia, declarada Patrimonio Mundial de la Unesco en 1985.
Durante más de cinco siglos, el Real Alcázar de Segovia fue una de las residencias habituales de los reyes de Castilla y un escenario político de primer orden. Ninguna otra fortaleza del antiguo reino reunió la presencia de tantos monarcas a lo largo del tiempo. Desde la Alta Edad Media hasta la actualidad —durante casi un milenio de historia—, 31 reyes de todas las dinastías han recorrido sus estancias, además de algunos de los personajes más destacados de la historia. Por esta continuidad, la fortaleza segoviana se consagra, junto con el castillo de Windsor, como uno de los espacios europeos con mayor proyección y permanencia regia.
Fue la primera residencia de los reyes de Castilla. Al menos desde 1135, dos siglos antes del Palacio Real de Tordesillas o el Alcázar de Sevilla, la familia real castellana tenía aposentos en el Alcázar, conocidos como el «Palacio Mayor». Su traza refleja el esplendor de la corte durante el medievo, y sus muros han sido testigos de batallas, intrigas palaciegas, bodas reales y sucesos asombrosos.
En la torre vieja, la del Homenaje, se custodiaba el tesoro de la Corona, de donde salieron los fondos para financiar, entre otras empresas, el primer viaje de Cristóbal Colón y el descubrimiento de América. En 1437, los libros de la administración real llegaron al Alcázar, creando uno de los primeros archivos reales, de Castilla, que luego fueron el germen de lo que es hoy el archivo de Simancas. El Alcázar también albergaba la sede de la armería regia, que hoy en día se exhibe en Madrid.
La fortificación tiene fundamentos romanos, probablemente restos de un antiguo castro, y en la base de su muralla hay estelas funerarias reutilizadas. Aunque la verdadera historia del Alcázar comienza con la Reconquista, cuya evolución coincide con la del castillo, se sucedieron importantes remodelaciones posteriores, como la techumbre de pizarra que mandó hacer Felipe II y que convierte al Alcázar de Segovia en el castillo «más europeo» de la península, siendo uno de los ejemplos más notables de fortaleza militar y un caso único en la historia de la arquitectura española y europea, castillo y palacio real, cual su apelativo indica: "alcáçar", con el que ya se le conoce en 1135, reinando Alfonso VII el Emperador.
Su contorno esbelto y elegante inspiró a Walt Disney para el castillo de Blancanieves y los siete enanitos (1937), considerada el primer filme de animación de la historia del cine. Orson Welles lo utilizó en Campanadas a medianoche (1965).
Fernando Chueca Goitia lo definió como «proa de Castilla y solar de su monarquía», y el coronel de artillería Eduardo de Oliver-Copóns dejó escrito en 1916 que el Alcázar es «el modelo perfecto de los fantásticos castillos descritos en sus romances de viajes por los ingeniosos trovadores que errantes cruzaban todas las comarcas en busca de la dama digna, por sus perfecciones, de ocupar su pensamiento y enamorar su corazón, para a los pies del amurallado recinto donde se encerraba, cantar sus trovas y tañer sus cítaras».
Segovia entre el siglo V a. C. y el siglo XI d. C.
Los restos más antiguos hallados en el lugar son unos sillares de granito similares a los del acueducto romano, lo que hace suponer que en tiempos de la dominación romana de la ciudad ya hubo de haber un castro o fortificación. Sobre los restos de este, el alcázar fue erigido como fortaleza.
El Alcázar durante los primeros siglos del medievo (1125-1369)
La primera noticia documental que se conserva del edificio data del año 1125, poco después de que Alfonso VI de León reconquistase la ciudad, aunque no es hasta 1155 cuando aparece citado con la denominación de alcázar, en una carta custodiada en el archivo de la catedral.
Fue residencia del rey Alfonso VIII. En 1258, reinando Alfonso X, se hundió el palacio cuando el rey se encontraba en su interior. Este núcleo más antiguo corresponde con la sala de armas. Fue numerosas veces restaurado y ampliado, posiblemente desde Alfonso X hasta Felipe II. A este último se debe su aspecto actual, su silueta lo hace único entre los castillos españoles.
Palacio real de los Trastámara (1369-1516)
En la Edad Media, tanto por su seguridad como por la proximidad de zonas de caza, el Alcázar se convirtió en una de las residencias favoritas de los Reyes de Castilla. El rey Alfonso X el Sabio convocó Cortes en 1256, las primeras que tuvieron lugar en el Alcázar, manteniéndose la Corte ahí hasta el reinado de los Reyes Católicos. Las actuaciones de remodelación, ampliación y decoración del Alcázar, que se iniciaron con Catalina de Lancaster en 1412 y que alcanzarían su apogeo durante el reinado de Enrique IV.
El Alcázar había pasado de su estricta función militar, a ser un gran edificio institucional donde se custodiaba el tesoro regio, el archivo del reino y la armería real. Este cambio tomará forma en la decoración de diversas estancias. Por lo que atañe al archivo, fueron Juan II y Enrique IV quienes, en verdad, comenzaron de forma sistemática la tarea de salvaguardar la documentación histórica. Consta que, en 1437, Juan II ordenaba trasladar al Alcázar diversos registros «al mi archivo de la cibdad de Segovia», lo que supone la existencia de uno de los primeros archivos reales de Castilla.
El Real Alcázar y los primeros monarcas de la casa de Austria (1516-1621)
La Casa de Austria (1516-1621) apenas utilizará el edificio. No obstante, aún tendrá un papel relevante en dos momentos: la Guerra de las Comunidades (1520-21) y la boda de Felipe II con Ana de Austria (1570).
El Real Alcázar en los siglos XVII, XVIII y XIX (1621-1862)