Alberto VII de Austria (Wiener Neustadt, 15 de noviembre de 1559-Bruselas, 13 de julio de 1621) fue archiduque de Austria, soberano de los Países Bajos y conde de Borgoña entre 1598 y 1621 junto con su esposa Isabel Clara Eugenia de Austria. Antes de su matrimonio, había sido cardenal, arzobispo de Toledo, virrey de Portugal y gobernador de los Países Bajos.
Era el noveno hijo del emperador Maximiliano II de Habsburgo —a su vez hijo del emperador Fernando I de Habsburgo— y de María de Austria —hija de Carlos I de España—. Tras unos primeros años de formación de la mano de Nicolás Coret, futuro obispo de Trieste y azote de los luteranos de aquella diócesis, el latinista Mathieu Othen y Ogier Ghislain de Busbecq, diplomático flamenco que había servido a su padre en la corte del Turco,se trasladó en 1570 con su hermano Wenceslao a la capital española, en la que habían residido sus hermanos mayores Rodolfo y Ernesto.
Aquellas estancias madrileñas habían comenzado en 1563 por mandato de su abuelo, el emperador Fernando, quien perseguía varios objetivos: el primero, el alejamiento de sus nietos de las influencias luteranas que se cernían sobre la corte de Viena, y que habían llegado hasta el confesor de Maximiliano, Johann Sebastian Pfauser; el segundo, la reconciliación con los Austrias españoles tras el conflicto sucesorio de 1550, en que Carlos I, temeroso precisamente de las concesiones de sus familiares vieneses al protestantismo, había amagado con nombrar heredero de todos sus estados, incluida Austria y la corona imperial, a su hijo Felipe; el tercero, el mantenimiento de la financiación de las guerras contra los otomanos, que dependían en gran medida de las arcas españolas; el cuarto, la preparación de sus nietos para una posible herencia española, debido a los trastornos que ya presentaba el joven príncipe de Asturias y que terminaron por desatarse durante la estancia de Rodolfo y Ernesto en Madrid, quienes presenciaron su arresto y posterior muerte en 1568. A la muerte del príncipe Carlos se sumó la de la reina Isabel ese mismo año, lo que dejó a Felipe II viudo y sin heredero varón. Mientras tanto, Rodolfo y Ernesto completaron su educación española, y Maximiliano, ya emperador, los reclamó para sí. Felipe II accedió a enviarlos a Austria con la condición de que se le enviasen los demás sobrinos y, además, que se concediese la mano de su sobrina Ana. Como Maximiliano no quiso desprenderse de su favorito, Matías, envió a Madrid a Alberto y Wenceslao, sus dos hijos menores, junto a Ana, casada ya por poderes con Felipe II, e Isabel, futura reina de Francia. La comitiva llegó a los Países Bajos Españoles y en Bergen se embarcó rumbo a la península, protegidos durante su travesía por el Canal de La Mancha por la flota de Isabel I de Inglaterra. Llegaron a Santander el 3 de octubre de 1570 y se encontraron con sus hermanos Rodolfo y Ernesto en Valladolid, con quienes siguieron camino a Segovia, en cuyo alcázar se celebraron los esponsales reales el 14 de noviembre de 1570.
En su etapa madrileña reforzó su educación bajo la atenta mirada de su tío, Felipe II, hasta tal extremo que se lo postuló para gobernador de los Países Bajos con el apoyo del duque de Alba, puesto que, por intervención de Antonio Pérez, recayó en don Juan de Austria.
Etapa eclesiástica y primeras experiencias política
El fiasco político pareció conducirlo de forma definitiva a la carrera eclesiástica. Le consiguió su tío el cardenalato de la Santa Cruz de Jerusalén, y para mantener su nueva casa quiso hacérselo arzobispo de Toledo. Sin embargo, el secretario real, Antonio Pérez, volvió a interponerse: obtuvo que el monarca nombrase a Gaspar de Quiroga, convencido éste de que una temprana muerte, dada la edad avanzada de éste, abriese pronto las puertas del arzobispado a su sobrino. Sin embargo, el antiguo inquisidor general no murió hasta 1594, por lo que se conformó hasta entonces, en el plano toledano, con el título de obispo coadjutor.
Virrey e inquisidor general de Portugal (1583-1593)
Acompañó a su tío en la anexión de Portugal, y de él obtuvo el priorato de Crato, arrebatado al principal opositor a la Unión ibérica. Para sorpresa de muchos, su tío le reservó un puesto en el Consejo de Gobierno del reino por delante de su propia madre. Más allá fue cuando lo nombró virrey, sustituyendo así al difunto duque de Alba, e inquisidor general, por lo que concitó en su persona los poderes temporal y espiritual de aquel reino.En el plano político, colaboró en los planes de su tío: organizó la Grande y Felicísima Armada en Lisboa y vetó de los puertos lusos el comercio inglés. A su vez, rechazó la expedición inglesa que trató de responder el intento de invasión español en 1589. En el religioso, quiso que se revisase el índice de libros prohibidos para poder sacar de él aquellos cuyos perjuicios no se hubiesen demostrado, pero compaginó esta aparente apertura con una persecución tenaz de los conversos portugueses. Su celo inquisitorial lo llevó a enviar por primera vez un oidor a Brasil, donde se habían refugiado muchos de ellos.
Arzobispo de Toledo y tutor del príncipe de Asturias (1593-1596)
El 16 de agosto de 1593 dejó su puesto en Portugal llamado por su tío quien, viéndose débil, reunió a los hombres más válidos para asistirlo en sus obligaciones y, además, instruir al joven príncipe Felipe en sus próximas tareas de gobierno. Se compuso entonces una Junta de Gobierno que el archiduque encabezó y de la que formaron parte el portugués Cristóbal de Moura, Gómez Dávila y Toledo, II marqués de Velada, que había sido ayo del príncipe, Juan de Idiáquez secretario del Consejo de Estado (1579-1587) y Diego Fernández de Cabrera, III conde de Chinchón. El 20 de noviembre de 1594 murió el arzobispo Quiroga y Vela, lo que le permitió, nueve días más tarde, hacerse al fin con el solio toledano tras cerca de veinte años de espera. En este tiempo se convirtió en una de las personalidades más importantes de la Monarquía Católica, e incluso recibió la oferta del conde de Tyrone y del señor de Tyrcornell la corona irlandesa para ganarse así el apoyo español ante los ataques ingleses. Aunque no llevaron a un Habsburgo a Irlanda, sí consiguieron que España, poco tiempo después, organizara una expedición de auxilio en 1596.
Gobernador de los Países Bajos (1596-1598)
La muerte de su hermano Ernesto, gobernador de los Países Bajos, lo sorprendió preparándose para ordenarse presbítero y acceder así al arzobispado, y Felipe II le pidió que sustituyese en aquellos territorios al finado. Para ello, se hubieron de pedir dispensas a la Santa Sede para que pudiese ausentarse de sus dominios eclesiásticos para poder atender a los civiles: así, dejado García de Loaysa en el arzobispado, llegó el 11 de febrero de 1596 a Bruselas. La situación no podía ser más delicada: Mauricio de Nassau acosaba desde el norte; Francia, con renovadas fuerzas tras la pragmática conversión al catolicismo de Enrique IV, había abierto un nuevo frente por el sur; Inglaterra amenazaba la región de Flandes desde su puesto en Ostende. Sin embargo, Alberto prefirió centrarse en la guerra contra Francia, continuando así la iniciativa de su hermano. Tal vez la victoria más importante de esta fase fue la toma de Calais, que supuso un durísimo golpe para Francia y cuya relevancia destacó el flamenco Jan Snellinck en dos de los tapices que compuso en honor a Alberto de Austria. Con Calais cayeron otras poblaciones cercanas, como Guînes, Hames-Boucres, Hucqueliers y, sobre todo, Ardres, tras una importante resistencia francesa.Dos años más tarde fue la baza negociadora principal de los españoles en la Paz de Vervins, en la que se devolvió a los franceses a cambio de que el rey francés renunciarse a sus reclamaciones en los Países Bajos.
En el verano de 1596, arrebató Hulst a los rebeldes holandeses, victoria también importante aunque costosa en hombres que, unida a la bancarrota de ese año y a los motines que se produjeron por los impagos a los soldados debidos al saqueo de Cádiz, lo obligó a retirarse a Flandes. La recuperación económica de la Monarquía no se reflejó en los Países Bajos, ya que se envió en octubre la mencionada flota de apoyo a los irlandeses. A los recursos escasos se sumaron ciertos errores estratégicos que le hicieron perder las regiones de Overijssel (Transisalania) y Güeldres, que se habían mantenido españolas desde el inicio de la rebelión.