Alberto Jesús Laiseca (Rosario, 11 de febrero de 1941-Buenos Aires, 22 de diciembre de 2016) fue un escritor y presentador de televisión argentino. Entre los más de diecinueve volúmenes que publicó en los géneros de novela, cuento, poesía y ensayo, se destacan las novelas El jardín de las máquinas parlantes (1993) y Los sorias (1998).
En el cine y la televisión, Laiseca condujo el programa Cuentos de terror en el canal I.Sat, presentó películas en el ciclo Cine de terror del canal Retro, respondió consultas de amor en el programa de citas Cupido y actuó en las cintas El artista (2008) y Querida, voy a comprar cigarrillos y vuelvo (2011).
Nació en Rosario el 11 de febrero de 1941, siendo el único hijo de Alberto Laiseca y Maria Luisa Torriani. A poco de su nacimiento, los padres se trasladaron a Camilo Aldao, localidad al sudeste de la provincia de Córdoba donde su padre trabajaba como médico y donde transcurrió su infancia y adolescencia. A los tres años perdió a su madre, quedando a cargo de su padre, con quien mantuvo una relación conflictiva durante todo ese tiempo. Laiseca contó con frecuencia que su padre lo maltrataba, pero también le estimuló la lectura, algo que a la larga «le salvó la vida». Entre sus influencias, siempre solía citar a Oscar Wilde, Edgar Allan Poe, Gastón Leroux, Ayn Rand, H. Rider Haggard, Mika Waltari y Lao Tsé.
Tras cursar los estudios secundarios en el pueblo vecino de Corral de Bustos, por deseo de su padre se trasladó a la ciudad de Santa Fe para cursar la carrera de Ingeniería química en la Universidad del Litoral, la cual abandonó en 1964 para dedicarse a escribir. Buscando «purificarse», se marchó a trabajar como peón y cosechero en las provincias de Mendoza, Córdoba y Santa Fe.
Dos años después, llegó a Buenos Aires, donde trabajó como peón de limpieza y más tarde como empleado de ENTel, viviendo en condiciones precarias en pensiones, experiencias que recrearía en su obra. En Buenos Aires se nucleó en el bar Moderno y entró en contacto con figuras extrañas y marginales propias de la bohemia porteña de los años sesenta, como Marcelo Fox, Horacio Romeu e Ithacar Jalí (pseudónimo del artista Enrique Lerena de la Serna), a quienes Laiseca citó con frecuencia como referentes.
Comienzos de su carrera literaria
A partir de sus contactos con el ambiente del Moderno, Laiseca empezó a escribir lo que denominaba «textos caoístas», de carácter experimental, con poco o ningún hilo argumental, a la vez que cultivaba un perfil de autor anticomercial, negándose a publicar. No fue hasta 1973 que apareció su primer relato publicado, Mi mujer, aparecido en el diario La Opinión, al que un año después siguió Feísmo, incluido en una antología de humor negro, ambos textos firmados con el seudónimo Dionisios Iseka. En 1976 la editorial Corregidor le publicó su primera novela por recomendación de Osvaldo Soriano, Su turno para morir. Aparecida en la colección Serie Escarlata, se trata de una obra que utiliza el modelo de la novela negra en clave paródica para dar una primera muestra de sus temas y estilo característicos, como escenas de violencia, disertaciones de los personajes en torno a cuestiones literarias y esotéricas y una importante presencia de un negro sentido del humor. El título original era Su turno, pero el editor lo cambió por razones comerciales, recuperándolo más de treinta años después, al ser reeditada.
Con sus obras siguientes, el libro de cuentos Matando enanos a garrotazos y la novela Aventuras de un novelista atonal, ambas publicadas en 1982, Laiseca terminó de convertirse en una figura de culto entre los escritores emergentes de su generación, como César Aira y Rodolfo Fogwill, quienes junto con Ricardo Piglia hicieron circular su nombre como autor de Los sorias, una extensa novela que también terminó por entonces pero que tardaría dieciséis años más en ser publicada.
En 1985 comenzó a trabajar como corrector de galeras en el diario La Razón, al mismo tiempo que hizo colaboraciones esporádicas para revistas como Banana y Twist y gritos, dirigidas por el periodista musical Tom Lupo. Finalmente, cerró la década con tres libros que De Boeck agrupa bajo el término «tríptico exótico»: el poemario Poemas chinos (la única incursión de Laiseca en el género) y las novelas La hija de Kheops y La mujer en la Muralla, obras en las que la construcción de la Gran Pirámide y la Gran Muralla sirven como excusa argumental para que el autor dé rienda a sus temas y obsesiones recurrentes, enmarcados en dos civilizaciones de las que fue un gran estudioso y admirador. Saludadas con reseñas elogiosas de revistas como Babel, estas novelas contribuyeron a que el nombre de Laiseca llegue a un público más amplio y consolidó su canonización en el campo literario.
Por esa época, el escritor comenzó a dictar talleres literarios, los cuales se extendieron durante más de dos décadas. Con el tiempo, estos talleres se convertirían en semillero de varios notables exponentes de la narrativa argentina actual, entre ellos, Selva Almada, Gabriela Cabezón Cámara, Alejandra Zina, Leonardo Oyola, Sebastián Pandolfelli, Natalia Rodríguez Simón, Guillermo Naveira y Juan Guinot, muchos de los cuales forjaron una relación más cercana con Laiseca.
El proceso de legitimación iniciado en la década anterior comenzó a dar resultados en los años noventa. Así, en 1991 la editorial independiente rosarina Beatriz Viterbo Editora publicó el ensayo Por favor, ¡plágienme!, donde Laiseca expone sus ideas sobre el plagio y la importancia de este procedimiento en su propia poética. El mismo año recibió la Beca Guggenheim, gracias a la cual pudo terminar El jardín de las máquinas parlantes, su segunda novela más extensa, publicada en 1993, en la que Laiseca aborda otra de sus obsesiones, el mundo del esoterismo y la magia, a través de la historia de un grupo de magos que deciden ayudar a un hombre víctima de magos oscuros.
Después de dieciséis años de intentos fallidos, incluyendo un contrato con una editorial española que se cayó porque la misma quebró, en 1998 se publicó Los sorias. La edición corrió a cargo de Simurg, y constó de 350 ejemplares de tapa dura, numerados y firmados por el autor. La obra fue prologada por Ricardo Piglia (quien la calificó como «la mejor novela que se ha escrito en la Argentina desde Los siete locos») y llevó un diseño de portada de Guillermo Kuitca. Fue reeditada en 2004 por la editorial Gárgola, en una tirada de 1500 ejemplares de tapa dura, y en 2014 nuevamente por Simurg. Suma de todas las obsesiones recurrentes del autor (política, religión, guerra, historia, sexo, astrología, magia, ciencia y tecnología, etc.), esta novela monumental (1344 páginas, la más larga de la literatura argentina) narra una guerra entre tres dictaduras: Soria, Tecnocracia y Unión Soviética. Fue elogiada por Aira, Piglia y Fogwill y se la considera la obra maestra de Laiseca.
La publicación de Los sorias marcó el inicio de un período de gran presencia editorial y mediática. En 1999 apareció otra novela, El gusano máximo de la vida misma, a la que siguió su segunda colección de cuentos, Gracias Chanchúbelo, en las que prosigue la exploración del «realismo delirante», concepto que Laiseca usaba para definir al conjunto de su obra, Dos años después apareció Beber en rojo (Grupo Editor Altamira), reescritura en clave paródica-erótica de Drácula de Bram Stoker, y otro libro de cuentos, En sueños he llorado, galardonado con el Premio Fundación Municipal de Cultura del Ayuntamiento de Cádiz en España.
Paralelamente, incursionó en el cine y la televisión, ya que en octubre de 2002 comenzó el ciclo televisivo Cuentos de terror, emitido por el canal I.Sat, en el que usando únicamente su voz y una escenografía minimalista (un cuarto a oscuras apenas iluminado con una luz cenital) narró cuentos de diferentes autores, desde leyendas chinas, árabes o japonesas, pasando por clásicos como Edgar Allan Poe o H. P. Lovecraft, hasta autores de terror contemporáneo como Stephen King o Ramsey Campbell, sin excluir trabajos propios, como relatos y hasta un fragmento de Los sorias. El programa duró tres años, recibió un premio Martín Fierro en 2003, en el rubro «Cultural/Educativo», y popularizó la figura de Laiseca entre un público más amplio, llegando a convertirse en un programa de culto después de finalizado. En 2004 la editorial Interzona editó una antología de algunos de los cuentos narrados por Laiseca, con prólogo y selección del autor.