Alberto Fernando Próspero García Granados y Ramírez (Durango, Durango; 29 de julio de 1848 - Ciudad de México, 8 de octubre de 1915) fue un ingeniero agrónomo y político mexicano. Fue Secretario de Gobernación del 19 de febrero al 24 de abril de 1913 durante la presidencia de Victoriano Huerta, este cargo también lo ocupó del 3 de agosto al 27 de octubre de 1911 durante la presidencia de Francisco León de la Barra. También fue gobernador del Distrito Federal en 1911 y diputado federal de 1882 a 1886.
Estuvo involucrado en el asesinato de Francisco I. Madero, lo cual siempre negó y lo atribuyó al presidente usurpador. Intentó, sin éxito, detener la revuelta popular en contra de Huerta, dejando el cargo de Secretario de Gobernación a los dos meses de haber sido nombrado. Fue posteriormente capturado por los carrancistas durante la Revolución mexicana, siendo fusilado, acusado de participar en el asesinato de Madero, en lo que ha sido el único asesinato político en la historia de México que ha sido "esclarecido".
Su gestión como titular de Gobernación es más conocida durante el gobierno interino que durante el régimen usurpador de Victoriano Huerta.
Sus padres fueron José Vicente García Granados y Zavala, y Josefa Ramírez y Palacios, ambos de buena posición económica. Realizó sus estudios en la Ciudad de México en el Liceo Franco Mexicano. En 1861 viajó a Alemania para estudiar en la Escuela de Agricultura de la Universidad de Bonn, realizó algunos otros estudios en Inglaterra. Obtuvo el título de ingeniero agrónomo. Fue propietario de la hacienda Cháhuac en Huejotzingo. Fue vicepresidente y presidente de la Sociedad Agrícola Mexicana. Fue autor de varios estudios económicos y agrícolas. En 1884 se pronunció en contra de la propuesta del presidente Manuel González al respecto del arreglo y conversión de la deuda externa con Inglaterra, la cual había sido criticada por Salvador Díaz Mirón. Contribuyó como articulista, junto con su hermano Ricardo García Granados, en los periódicos de oposición El Demócrata y La República. Por su participación en manifestaciones callejeras fue encarcelado. Contrario al régimen de Porfirio Díaz, decidió autoexiliarse a Europa. De regreso en México, se casó en 1891 con Teresa María de la Merced Campero Flores. Fue diputado de la XX Legislatura de México del Congreso de la Unión.
Al inicio de la presidencia interina de Francisco León de la Barra fue gobernador del Distrito Federal. El 3 de agosto de 1911 sustituyó a Emilio Vázquez Gómez cuando éste renunció al cargo de secretario de Gobernación. A pesar de que Francisco I. Madero consideró el cambio benéfico, García Granados se opuso a la política de conciliación entre el antiguo régimen del porfiriato y el maderismo, movimiento que repudiaba. Pugnó por licenciamiento incondicional de las tropas revolucionarias y por exterminar el zapatismo en el estado de Morelos. Su animadversión por Madero fue tal, que se le atribuyó la frase: "La bala que mate a Madero salvará a la República". Tuvo que abandonar su puesto en octubre, debido a la presión pública, poco después de que Emiliano Zapata irrumpiera en Milpa Alta. Fue señalado de secundar y financiar la rebelión encabezada por Félix Díaz en Veracruz en octubre de 1912.
Durante la Decena Trágica, Juan Sánchez Azcona y Gustavo Adolfo Madero, hermano del presidente, descubrieron que estaba en arreglos entre Victoriano Huerta y Félix Díaz. Fue señalado también, tiempo después, de haber incitado a la soldadesca de Félix Díaz a linchar a Gustavo Madero y al marinero Adolfo Bassó. Eran conocidas las discrepancias entre García Granados y el hermano del presidente. Mediante la firma del Pacto de la Embajada fue nombrado nuevamente secretario de Gobernación por el régimen golpista. Presuntamente participó en un consejo de ministros que se llevó a cabo el 21 de febrero de 1913, durante el cual se decidió llevar a cabo los asesinatos de Madero y Pino Suárez, aunque en una entrevista otorgada al periódico El Radical, el 30 de julio de 1914, negó la existencia del consejo. Durante su breve gestión como titular de Gobernación intentó negociar inútilmente la paz con Emiliano Zapata comisionando a uno de sus subalternos para acompañar a Pascual Orozco Merino, padre de Pascual Orozco Vázquez, quien resultó fusilado.
Fue aprehendido durante la Revolución mexicana en su domicilio de la colonia Juárez, de la Ciudad de México, por las fuerzas de la policía especial del Cuerpo del Ejército del Noroeste. El 28 de septiembre la prensa carrancista hablaba en tono jactancioso de la captura de Alberto García Granados, ex secretario de Gobernación, del que calificaba "régimen oprobioso del pretoriano Huerta", quien tenía muchas culpas, las cuales había llegado la hora de pagar ante los tribunales. Por lo pronto fue internado en la Cárcel de Belén y desde un principio se auguró que sería enviado al paredón. Al ingeniero agrónomo, viudo, originario de Durango, con 67 años de edad, se le acusaba del delito de rebelión y de acuñar la frase de que la bala que matara a Madero salvaría a la república. Por cierto que el difusor de tal afirmación, falsa o verdadera, fue Querido Moheno, quien estuvo exiliado en Estados Unidos y luego en La Habana.
Cómo es que García Granados fue capturado. Es probable que la amnistía otorgada a José López Portillo y Rojas y a Francisco Olaguíbel, le haya inspirado confianza y empezó a salir a la calle sin las debidas precauciones. Pero también pudo haber ocurrido que sospechando que García Granados no había huido del país, Pablo González le haya lanzado un garlito, consistente en amnistiar en forma deliberada a López Portillo y a Olaguíbel. A continuación mandó a la policía a vigilar su casa con la resultante de que efectivamente lo atraparon. El general Pablo González dispuso que fuera trasladado a la Cárcel de Belén y puesto a disposición de las autoridades militares. Inmediatamente, el licenciado Manuel Castro de la Fuente procedió a juzgarlo conforme a la ley expedida por Juárez el 25 de enero de 1862. Su aprehensión causó consternación tanto en México como en el extranjero, ya que no se entendía el porqué no se le amnistiaba como a López Portillo. Tampoco se entendía el porqué iba a ser sometido a un juicio militar.
A juicio de José C. Valadés, Pablo González ansiaba erigirse en el vengador de Madero, ya que fusilando a "reaccionarios" o "huertistas", pensaba alcanzar una gloria similar a la de Benito Juárez, quien fusiló al archiduque Maximiliano. Pero también hubo otro motivo: ansiaba ganar prestigio y dejar atrás su condición de segundón entre las filas de los generales constitucionalistas. Por ello dispuso que García Granados fuera sometido a Consejo de guerra, no obstante que en realidad el acusado no había cometido delito alguno. Prueba de ello, es que durante el juicio sus acusadores no presentaron pruebas convincentes sobre su responsabilidad en la traición de Huerta, en la alteración del orden constitucional, ni en el crimen cometido en las personas Madero y Pino Suárez. A pesar de esto el juez tercero de instrucción militar, juzgó al ingeniero agrónomo Alberto García Granados por el delito de rebelión. Se le acusó de haber entregado documentos al embajador de Alemania en México los cuales mencionaban una compra de armas alemanas a cambio de una probable alianza futura contra Estados Unidos.
Al serle tomada su declaración, García Granados expresó que al estallar la rebelión de febrero de 1913, mientras hacía un viaje a Cuernavaca para encontrarse con el general Felipe Ángeles, Francisco I. Madero dejó como comandante militar de la plaza al general Victoriano Huerta. En el ínterin, Huerta le confió que el plan era derrocar a Madero, y para ocupar su lugar le ofreció la presidencia interina de la república. Que Huerta le ofreció el puesto, porque tenía la convicción de que García Granados sería aceptado por los distintos grupos revolucionarios del norte y también por Félix Díaz. Sin mayores preámbulos, García Granados afirmó que rechazó el cargo que le ofrecían. Lo que aceptó fue la encomienda de Huerta de acudir a La Ciudadela para tratar diversas cuestiones con Félix Díaz y Manuel Mondragón, que encabezaban el ataque. De cualquier forma, estos planes no prosperaron y finalmente Madero regresó a la capital de la república con mayores refuerzos para sostenerse en el poder.