Albert Charles Paul Marie Roussel (Tourcoing, 5 de abril de 1869-Royan, 23 de agosto de 1937) fue un compositor francés, que junto a Jean Cras y Antoine Mariotte, formó parte de la trilogía de compositores-marinos franceses.
Con Debussy y Ravel, fue una de las principales figuras de la música francesa de la primera mitad del siglo XX. Sus obras más conocidas son El festín de la araña, el ballet Bachus et Arianne y la Tercera Sinfonía.
Albert Roussel nació 5 de abril de 1869, en el seno de una familia de la industria textil de la alta sociedad de Tourcoing, pequeña ciudad del norte de Francia, en los Flandes franceses, muy próxima a la frontera belga. Su padre murió en 1870, cuando Albert aún no tenía un año de edad, de tuberculosis y en el año 1877, cuando no tenía ocho años y también de tuberculosis, falleció su madre, Louise, quedando huérfano. Le afectó mucho la muerte de su madre y su abuelo Charles Roussel-Defontaine, alcalde de Tourcoing le acogió en su casa, hasta su muerte en 1880, cuando el joven Albert tenía sólo once años. Una de sus tías, casada con Félix Réquillart, a la muerte del abuelo le llevó a vivir con ellos.
Todos los años, la familia iba a pasar el verano a Heyst, en la costa flamenca. Roussel tendrá toda su vida un gran amor por estos parajes, amor que se extenderá a todo lo belga. (Estudió las canciones flamencas y le gustaban las corales de trabajadores que escuchó en el concurso de Bruselas). En 1935 se decidió a componer una Rapsodia Flamenca, Op. 56 y más tarde, una gran ópera, Le temeraire, op. 59 (que no pudo acabar), que narraba la rebelión y nacimiento de la nación belga).
El arte era una parte importante de toda educación respetable y Roussel pronto mostró una buena disposición para la música. La organista de Tourcoing, Mlle Decrème, le dio clases de piano e incluso sugirió que emprendiese una carrera de virtuosista. Pero el héroe de su infancia fue, sin duda, Julio Verne, que le hizo soñar con aventuras y mundos desconocidos. Las estancias con sus primos en las playas belgas de Heyst le despertaron una gran afición por el mar.
A los quince años, ingresó en el Collège Stanislas de París —fue compañero de Edmond Rostand— y tuvo como profesor de música a Jules Stold, organista de San Ambrosio, que le descubrió e hizo amar las grandes obras, las Sonatas de Mozart, la Séptima de Beethoven, a Bach y a Chopin. Tras obtener el bachillerato, llevado por su vocación de marino, ingresó en la «École Navale» en 1887. Hizo sus estudios en el buque-escuela Borda, anclado en el puerto militar de Brest. Los años siguientes Roussel descubrió las largas travesías por el Atlántico y el Índico hacia Oriente, de Francia a Indochina. Se embarcó en el Melpomène, barco en el que dirigía una pequeña orquesta y un coro, además de tocar en la misa. Por esa época comenzó a componer.
En 1892 tuvo problemas de salud y pasó una larga convalecencia en Túnez. Sin ninguna formación técnica, Roussel emprendió la composición de una ópera, escribió una Fantaisie para violín y piano y un Andante, Ave María para cuerdas y órgano, que fue estrenada en diciembre de 1892 en una escala en la catedral de Cherbourg (la impericia de Roussel se manifiesta en que se ejecuta en una clave incorrecta, la de sol.
En 1893 fue nombrado teniente de navío y destinado al acorazado Styx, con el que hizo una travesía a la Cochinchina, como parte de la movilización en el área.
Espoleado por sus inicios musicales prometedores, compuso una Marche Nuptialle, una pieza que Calvé (un oficial compañero suyo y hermano de una distinguida cantante de ópera) le prometió mostrar a Édouard Colonne. Calvé le dijo a Roussel que el veredicto fue favorable, aunque años más tarde se supo que Calvé nunca enseñó la composición al director. Roussel solicitó un largo permiso y se instaló, a finales de 1893, en Roubaix con su familia. Comenzó entonces sus primeros estudios musicales con Julien Koszul, director de la «École nationale de musique» de Roubaix. En octubre de 1894, a los 25 años y ya convencido de sus dotes musicales y también debido a su mala salud, decidió abandonar su carrera de marino para dedicarse plenamente a la música y se trasladó a París.
Los años de aprendizaje en París
En París tuvo como profesor a Eugène Gigout (1844-1925), con quien estudió piano, órgano, armonía, contrapunto y fuga. Fue la influencia más decisiva de su vida, un maestro que le enseñó a conocer bien a Bach y a dominar el arte de la fuga y la técnica contrapuntistica.
En el año 1897, presentó dos pequeñas obras suyas al concurso de la «Société des auteurs, compositeurs et éditeurs de musique» (SACEM), bajo dos anónimos diferentes. Eran los Deux Madrigales a 4 voces, que fueron premiados ex aequo y estrenados bajo su dirección en un concierto celebrado en la Salle Pleyel. Compuso luego una pieza para piano titulada Les heures passent (1898), obra que consideró, a los treinta años, su Opus 1.
Gracias a Antoine Mariotte —otro compositor tránsfuga de la Marina— conoció a Vincent d'Indy en 1898, e ingresó en la Schola Cantorum, recién fundada en París en 1894 por Charles Bordes, Alexandre Guilmant y el propio d'Indy. Tras unos años de estudio, D'Indy le ofreció el puesto de profesor de contrapunto en 1902, puesto que desempeñara hasta 1914 y donde tuvo como alumnos a destacados compositores, como Erik Satie (1905), Edgar Varèse, Roland-Manuel, Paul Le Flem, Rodolphe Mathieu, Knudåge Riisager y Stan Golestan. En la Schola, Roussel aprendió orquestación y descubrió y estudió en profundidad a otros compositores como Charpentier, Rameau y Monteverdi.
En el año 1901 compuso un Quintette para cuarteto de cuerdas y trompa y una Sonata para violín y piano, sonata que luego destruyó. (También destruyó, años más tarde, otra pieza Vendanges (1905), un fragmento sinfónico que incluso llegó a estrenar en los Conciertos Cortot).
En 1902 fue declarado no apto para la Marina por razones de salud. Compuso el Trio opus 2 (1902), y los Quatre Poèmes de Henri Régnier (1903), una obra cuya tercera canción era ya muy original (y que puede considerarse como una de las cimas de la «mélodie» francesa): Un jardin mouillé (Un jardín mojado). Luego escribió Résurrection opus 4 (1903), un preludio sinfónico —basado en la novela de León Tolstói de 1899, en la que criticaba las instituciones religiosas y que le supuso la excomunión— que Cortot estrenó en 1904. Algunos compositores presentes en el estreno comenzaron a prestar atención a este joven músico, siendo Charles Koechlin uno de los que más crédito le dio. En esta obra aún sigue bajo la influencia de Franck y D'Indy, pero así como enseguida se desembarazó del lirismo del primero, el evangelio d'indysta le acompañó en todas las obras de esta primera etapa (que podría abarcar hasta la Primera Sonata para violín y piano opus 11): formas cíclicas y desarrollo temático fueron los principios compositivos que siempre consideraba esenciales.
En la obra para piano Rustiques opus 4 (1904-06), la voz personal de Roussel ya comenzó a reconocerse, una voz delicada, sutil, profunda, que trata de la naturaleza, de los árboles, de sus murmullos y claroscuros, una música emocionante pero sin la complacencia romántica, elocuente pero no enfática. Esos mismos años (1904-06) compuso su primer gran trabajo orquestal, el Poème de la Forêt en cuatro movimientos —Forêt d'hiver, Renouvres, Soir d'été and Faunes et Dryades— obra que es su Sinfonía n.º 1, opus 7. Pese a su apariencia y a que el primer movimiento es una representación maravillosa de una ventisca del invierno, la obra no es una obra impresionista o descriptiva. La obra fue un completo éxito que comenzó en el propio concierto de estreno por Chevillard, cuando el público joven al finalizar «Faunes et Dryades» comenzó a aplaudir sonoramente, una acogida que contrastó con los silbidos que le dispensó a la Fantasie para arpa y orquesta de Théodore Dubois, interpretada en el mismo concierto.
A partir del Divertissement opus 6, para flauta, oboe, clarinete, bajo, trompa y piano, la música de Roussel se acerca a las investigaciones que por esa misma época estaba haciendo Stravinski, sin conocerse, un lenguaje despojado, con una importante concepción rítmica, más lineal y transparente de lo que lo serán Petrouska y La Sacre de printemps unos años después. Ese mismo año también compone Le Marchand du sable qui passe opus 13 (1908) un cuento lírico de Georges Jean-Aubry estrenado en Le Havre, en el que solo con una flauta, un clarinete, una trompa, un arpa y un cuarteto de cuerdas crea unas sugestivas atmósferas, que nada tienen ya ver con la obsesión por la variación temática de los scholistas.