Al-Ándalus, también escrito al-Andalus, (en árabe: الْأَنْدَلُس, romanizado: al-ʾAndalus, AFI: /al.ˈʔan.da.lus/) es el nombre de la sociedad islámica que se formó en la península ibérica en la Edad Media. Las fuentes árabes medievales utilizan el término al-ʾAndalus para referirse tanto a la península ibérica, con un sentido geográfico, como al territorio peninsular controlado por los musulmanes, es decir, con un sentido político, mientras que las fuentes cristianas utilizan los términos Spania, Yspania o Ispania, derivados de Hispania, para referirse a la península ibérica, aunque a partir del siglo XII aparece en ocasiones el término Alandaluf para referirse al territorio controlado por los musulmanes.
Tras la conquista musulmana de la península ibérica, al-Ándalus se integró inicialmente en la provincia norteafricana del Califato omeya. En el año 756 se convirtió en el Emirato de Córdoba y posteriormente en el año 929 en el Califato de Córdoba, independiente del califato abasí. Con la disolución del Califato de Córdoba en 1031, el territorio se dividió en los primeros reinos de taifas, periodo al que sucedió la etapa de los almorávides y los segundos reinos de taifas; y la de los almohades y los terceros reinos de taifas.
Con el avance de los reinos y condados cristianos de las montañas del norte peninsular (en la llamada «Reconquista», un término cuestionado por gran parte de la historiografía actual) el territorio de al-Ándalus se fue reduciendo, hasta que la toma de Granada por los Reyes Católicos en 1492 puso fin al último estado musulmán peninsular (el reino nazarí de Granada). Mientras que una parte de los andalusíes emigró al norte de África, la mayoría de ellos —los que serían conocidos como mudéjares— quedó bajo el dominio de sus nuevos señores cristianos; hasta que a principios del siglo XVI fueron obligados a convertirse al cristianismo; fueron denominados «moriscos». En 1609 estos fueron expulsados por orden del rey Felipe III.
El nombre al-Ándalus referido a la península ibérica, aparece documentado por primera vez en una moneda conservada en el Museo Arqueológico Nacional de España y datada en el año 98 de la Hégira/716-717 d. C., pocos años después de la conquista musulmana de la península ibérica. En el dinar bilingüe latino-árabe aparece en una cara la inscripción Ferit[us] soli[dus] in Span[ia] ann[o] XCVII («fue acuñado este sueldo en Spania, el año 97 [sic, por 98]») y en la otra cara su equiparable árabe: duriba hadal-dinar bi-l-Andalus sanata taman wa-tisin («fue acuñado este dinar en al-Ándalus, el año 98 [de la Hégira]»). Así pues, «Spania o Hispania se correspondía con el al-Ándalus recién incorporado al Imperio islámico», concluye María Jesús Viguera Molins.
Posteriormente el nombre al-Ándalus siguió utilizándose para el conjunto de la península ibérica —por ejemplo, un cronista que refiere la famosa aceifa de Almanzor sobre Santiago de Compostela escribe que era «el principal santuario cristiano en el país de al-Andalus»— pero es frecuente que el topónimo se limite al territorio dominado por los musulmanes, como cuando una crónica de la época del emir Al-Hakam I dice en referencia a unos rebeldes que este «optó por contenerse y decidió dejarlos salir del territorio sin molestarlos en el país de al-Andalus, que era su espacio de soberanía y su reino». Por otro lado, los autores de las crónicas utilizan expresiones como bilād al-ʾAndalus (بِلَاد الْأَنْدَلُس, 'país de al-Ándalus'), ʾahl al-ʾAndalus (أَهْل الْأَنْدَلُس, 'gentes de al-Ándalus') o ʾandalusiyyun (أَنْدَلُسِيٌّ, 'andalusíes'), e incluso en alguna ocasión la fórmula Andalusi-na ('nuestro al-Ándalus').
El origen del término al-Ándalus sigue siendo objeto de debate; al respecto se han formulado tres teorías. Según Daniel Valdivieso, la teoría más aceptada en la actualidad es la que remonta el origen del término a los Diálogos de Platón cuando habla de la isla mítica de la Atlántida, que sitúa más allá de las columnas de Hércules, lo que habría influido a los autores árabes en la denominación que dieron a la península situada en el extremo occidental. Menos respaldo tendría la teoría vándala, que sitúa el origen del término en el nombre de «tierra de los vándalos» que dieron los bereberes del norte de África al territorio situado al otro lado del Estrecho (por las particularidades fonéticas de la lengua amazigh habría acabado perdiendo la v de vándalos). En cuanto a la tercera teoría, la visigoda, Valdivieso señala que el término Landahlauts ('tierras de sorteo' o 'tierras repartidas') no aparece en ningún documento, en contraposición al término Sortes Gothica o gótica sors para referirse al reino visigodo en Hispania.
La arabista española Maribel Fierro ha señalado que la compleja historia de al-Ándalus, que «tiene un lugar relevante en la historia y la cultura universales», viene «determinada en gran medida, por la situación geográfica: periferia occidental del mundo islámico, frontera con la cristiandad latina, ambivalente relación con la otra orilla del Estrecho marcada por la necesidad y la alteridad, y cómo ello influyó en los procesos y desarrollos de las sociedades y los individuos que conformaron lo que fue al-Andalus».
En la primavera del año 711, Tariq ibn Ziyad ―lugarteniente de Musa ibn Nusair, gobernador de Ifriqiya (actual Túnez), en nombre del califa de Damasco― cruzó el estrecho que separa África de Europa al frente de unos 18 000 hombres —bereberes en su mayoría, aunque también con presencia de árabes— y desembarcó en el actual Gibraltar ―que será llamada así en honor suyo: "Yebel Tarik" o 'montaña de Tarik'―. A continuación derrotó al ejército visigodo encabezado por el rey Rodrigo en la batalla que tuvo lugar junto al río Guadalete y después ocupó Toledo, la capital del reino visigodo. Al poco tiempo llegó un nuevo ejército musulmán al mando del propio Musa ibn Nusair. La ocupación de la Península quedó completada en sólo dos años ―en unos casos mediante la conquista; en otros a través de acuerdos con miembros destacados de la nobleza visigoda, como el Pacto de Tudmir―.
Como ha señalado Maribel Fierro, «la conquista de la península ibérica fue la continuación por el oeste de la oleada conquistadora que, tras la muerte de Muhammad en el año 632, condujo a los musulmanes procedentes de la península arábiga a formar un imperio. En el este, el Imperio sasánida desapareció bajo el empuje de los musulmanes, quienes llegaron hasta el valle del Indo por las mismas fechas en las que por el oeste caía el reino visigodo. Por su parte, el Imperio bizantino logró mantener su capital, Constantinopla, pero sufrió fuertes pérdidas territoriales, incluyendo sus posesiones norteafricanas. En pocas décadas, los musulmanes conquistaron Egipto e Ifriqiya (el actual Túnez), donde fundaron la ciudad de Qayrawan en 670». A continuación dominaron a las tribus bereberes de los actuales Argelia y Marruecos y, tras conquistar la península ibérica, su avance solo quedó frenado por la derrota de Poitiers en 732.
La conquista de la península ibérica ―que los musulmanes llamaron al-Ándalus― duró relativamente poco por el súbito desmoronamiento de la monarquía visigoda y por las luchas internas nobiliarias que la azotaban; también porque los invasores llegaron a acuerdos con la población local, que respetaban sus formas de autogobierno, les permitían conservar la mayor parte de sus tierras y aceptaban la práctica religiosa cristiana a cambio del pago de un impuesto específico.
Los musulmanes interpretaron la conquista bajo el concepto coránico de fath definido en la azora cuadragésimo octava, que alude a la conquista de La Meca por Mahoma, como el triunfo del profeta sobre sus enemigos. De ahí que este fuera el término empleado para referirse a la expansión musulmana durante el siglo VII y comienzos del VIII a la que el fath dota de connotaciones sagradas, providencialistas y legitimadoras. Como ha afirmado el historiador británico Bernard Lewis, citado por Alejandro García Sanjuán, «no las veían como conquistas en el sentido habitual de adquisiciones de territorio, sino como derrocamiento de regímenes impíos y jerarquías ilegítimas, y como la "apertura" de sus pueblos a la nueva revelación y providencia». Por su parte García Sanjuán ha subrayado «su fuerte contenido providencialista, en función del cual el sujeto de la acción es el propio Dios». Así, las fuentes árabes describen la conquista de al-Ándalus con frases tales como «Dios conquistó al-Andalus para los musulmanes», «Dios derrotó al tirano Rodrigo y conquistó al-Andalus para los musulmanes» o «Dios conquistó al-Andalus por mano de Müsà».