Agustín Moreto y Cavana (Madrid, 9 de abril de 1618-Toledo, 28 de octubre de 1669) fue un dramaturgo español barroco del Siglo de Oro perteneciente a la llamada «escuela de Calderón». Sus obras más reconocidas son El desdén, con el desdén (1654), una elegante y divertida comedia palatina o «de fábrica»; y El lindo don Diego (1662), comedia de capa y espada de las llamadas «de figurón». Entre sus obras graves sobresale San Franco de Sena (1652), una comedia de santos a la que influyó El condenado por desconfiado (1635) de Tirso de Molina.
Agustín Moreto y Cavana nace en 1608, en el seno de una familia de la alta burguesía comerciante italiana. Aunque estudió súmulas, lógica y física durante tres años, acabó graduándose en Artes hacia 1639 por la Universidad de Alcalá. Sus primeros trabajos, los entremeses El poeta o La Perendeca, son ya de la época estudiantil.
En 1642 se ordena clérigo de órdenes menores y es enviado a Mondéjar, una población de la actual Guadalajara. Aunque conoció prontamente al rey Felipe IV, fueron años difíciles para la dramaturgia debido al duelo escénico (1644 - 1651) a causa de la muerte de la reina Isabel de Francia, esposa primera del monarca. En estos años ingresa en la Academia Castellana, y ya a mediados de siglo es un autor de renombre: con poco más de 30 años se había consagrado ya en las representaciones de Palacio y en las del Coliseo del Buen Retiro.
Estos años son de gran actividad para el comediógrafo, en lo que será un crescendo que alcanzará su culminación a partir de comienzos de los cincuenta, alrededor de su ordenación como sacerdote. En este fértil periodo se representaron más de una treintena de piezas de su teatro breve, frente a las cuatro de la etapa previa. Entre 1665 y 1667 cierran los dos grandes corrales madrileños -el del Príncipe y el de la Cruz- por la muerte del rey Felipe IV. Moreto muere en 1669 tras enfermar, mientras escribía Santa Rosa de Perú.
Autores y actores dan algunas señas para comprender la gran estima que se tuvo por el escritor en su época. Baltasar Gracián, Sor Juana Inés de la Cruz o Álvaro Cubillo de Aragón elogiaron sus obras, y el primero llegó a considerarle “el Terencio de España”. Por si esto fuera poco, Moreto se encuentra en los repertorios de todas las grandes compañías de la época, siendo representado por los actores y actrices más afamados (Juan Rana, Francisca Bezón…).
Los testimonios indican que la representación de sus obras decrece hasta llegada la década de los 80, cuando famosas compañías como la de Francisca Bezón repusieron su obra póstumamente. Con todo, no es cierto que frenara su producción teatral al ordenarse sacerdote, según afirma Nicolás Antonio.
En su testamento indicó que dejaba todos sus bienes a los pobres. En 1679 apareció póstuma la Segunda parte de sus comedias. Dejó un corpus de unas cuarenta comedias escritas en solitario, una veintena en colaboración con otros dramaturgos y treinta y cinco loas, entremeses y bailes dramatizados.
Desde finales del XVI y durante todo el siglo XVII en Europa, el teatro fue la actividad social por excelencia en torno a la cual se reunía tanto la aristocracia como los que vivían de sus manos, y por supuesto una creciente burguesía que iba configurando la clase media. Junto a esta dimensión social del teatro barroco, se afianza la idea de nación (implícita o explícita, como en el Quijote) que en muchas ocasiones lo complementa y que hace referencia a las numerosas obras de carácter histórico que afianzaban el sentir de un pueblo que paulatinamente se iba identificando como nación.
En Inglaterra se creó el denominado teatro isabelino, en un periodo que va desde 1558 a 1603, fecha en la que fallece Isabel I. Junto a la imprescindible figura de Shakespeare, creador de obras universales, bien tragedias -Hamlet, Romeo y Julieta, Otelo, El rey Lear, Macbeth- o bien comedias, como El mercader de Venecia, El sueño de una noche de verano, La tempestad; habría que señalar las aportaciones de Thomas Kyd (1558-1594) autor de Tragedia española y un primer Hamlet y de Cristopher Marlowe (1564-1593) autor de la Tragedia del Doctor Fausto, Dido, reina de Cartago, Eduardo II,… Otros autores destacados son Ben Jonson (1572-1637) o John Webster (1580-1633)…
En Francia, el teatro siguió una línea distinta tomada tempranamente bajo la protección real, hecho que condicionó sus estructuras y carácter. El teatro del XVII tiene como referencia a un autor universal como es Jean-Baptiste Poquelin (1622-1673), más conocido como Molière, cuyas obras pertenecen, como las de Shakespeare, al patrimonio cultural de la modernidad. Obras como El misántropo o El atrabiliario enamorado, El médico a palos, El avaro, Anfitrión, Tartufo, El enfermo imaginario …
En este contexto de autores y obras que han llegado a nuestros días con una vigencia incuestionable, se inserta el teatro español de los Siglos de Oro como una de las ramas más indispensables del teatro europeo. Heredero de la Commedia dell´Arte italiana, el teatro barroco español alcanza su máximo esplendor durante los reinos de Felipe III, Felipe IV y Carlos II, es decir entre 1598 y 1700, aunque realmente podría considerarse la muerte de Calderón en 1681 como el final del periodo áureo. La producción dramática de esta época no admite comparaciones con ninguna otra debido a la ingente cantidad de obras publicadas, junto con otras muchas que no han llegado a nuestros días, pero de las que nos llegan noticias por otros medios. Al igual que las obras, sus autores son también numerosísimos y su nómina difícil de delimitar. Con todo ello, Moreto está considerado como uno de los seis grandes dramaturgos de la escena áurea, lo cual muestra la importancia de este autor, que llegó a competir en popularidad con Calderón y Rojas.
Moreto se encuadra en la escuela dramática de Pedro Calderón de la Barca, a quien conoció y admiró. Como los dramaturgos de esta época, reelaboró comedias anteriores suprimiendo los defectos que encontraba en las mismas, si bien algún contemporáneo, como Jerónimo de Cáncer y Velasco, se lo hizo notar. Destaca especialmente como un fino cincelador de caracteres, un gran observador y un maestro del diálogo gracioso, elegante e inteligente. Es proclive a las sentencias y al consejo moralizador, pero lo hace con una gracia y finura inimitables, talentos que se revelaron poderosamente en el género de la comedia. Todas estas cualidades presagian ya la comedia neoclásica del siglo XVIII.
Sus dos comedias más famosas, que han pasado al repertorio de los clásicos, son El desdén, con el desdén y El lindo don Diego. El desdén, con el desdén es una comedia de salón con antecedente en La vengadora de las mujeres de Lope de Vega, y fue imitada por Molière en La princesse d'Élide y Carlo Gozzi en la Principessa filosofa, entre otros muchos como Marivaux, Tauro, Alain René Lesage, etc. En ella un enamorado galán decide escarmentar a la mujer esquiva cuyo amor persigue, desdeñosa con todos sus pretendientes, haciéndose igualmente desdeñoso y esquivo, con lo que viene a suscitar su curiosidad y, por fin, su amor. Para ello recurre a los sabios consejos de su criado, que conoce bien la naturaleza humana.
En El lindo don Diego es una de las primeras comedias de figurón, o de carácter; se satiriza en ella el afeminamiento cortesano con finísima ironía en la persona del carácter central, que pierde el tiempo miserablemente acicalándose, siendo esclavo de las modas y presumiendo; al final se queda burlado y sin pareja. La obra posee una fuerte vis cómica y deriva de El Narciso en su opinión, de Guillén de Castro. Sin embargo, en su tiempo también fueron famosas otras comedias suyas, como No puede ser, reelaboración de El mayor imposible de Lope de Vega, que fue refundida e imitada en Inglaterra. De fuera vendrá quien de casa nos echará, inspirada en ¿De cuándo acá nos vino?, también de Lope, que inspiró a su vez Le baron d'Abicras de Pierre Corneille. Hasta el fin nadie es dichoso refunde la obra de Guillén de Castro Los enemigos hermanos. Los jueces de Castilla se centra en la personalidad de Ramiro II de León (931-951) como símbolo del nacimiento de Castilla.