Alfonso de Albuquerque, duque de Goa (Alhandra, Portugal, 1453-Goa, India, 16 de diciembre de 1515), llamado «el Grande», «César del Oriente», «León de los Mares», «el Terrible», o el «Marte Portugués», fue un fidalgo, militar y célebre almirante y conquistador portugués, cuyas acciones militares y políticas contribuyeron a la creación del Imperio portugués en el océano Índico. Como segundo virrey de la India portuguesa expandió y consolidó con una administración ejemplar las posesiones coloniales en Oriente.
Se educó en la corte de Alfonso V. Acompañó a la guerra con Castilla a Juan II en 1476. En 1480, partió en una escuadra para socorrer a Fernando I de Nápoles que estaba siendo atacado por los turcos y, en 1486, en otra para la defensa de la fortaleza de Chistosa junto a la ciudad de Larache. En 1503, con tres naves cada uno, parte a la India con su primo Francisco de Alburquerque, participando en varias batallas y estableciendo relaciones con Colombo. Manuel I le envió de nuevo a Oriente acompañado de Tristán de Acuña para tomar posesión del cargo de virrey de las Indias en 1509, en sustitución de Francisco de Almeida, quien rehusó entregarle el mando y lo encerró tres meses en la fortaleza de Cananaor en Malabar.
Una vez liberado y en posesión de su cargo, fracasó en su intento de conquistar Calicut pero si consiguió tomar posesión de Goa en 1510, convirtiéndola en capital de las Indias Portuguesas. Conquistó Socotra, Curiati (Kuryat), Sohar, Khor Fakkan, Kalhat, Mascate (Omán), Hormuz (golfo Pérsico), Ceilán y Malaca, con lo que consiguió someter a numerosas islas malayas, entre ellas Java y Sumatra. En 1513, bombardeó Adén y penetró en el mar Rojo, siendo el primer europeo que lo hizo al mando de una escuadra de guerra. Inició contactos para aliarse con el negus de Abisinia y formuló el ambicioso proyecto de desviar el Nilo hacia el mar Rojo con el fin de anular la competencia de Suez a los puertos indios controlados por Portugal. A partir de 1514 se dedica a la diplomacia, firmando la paz con Calicut y enriqueciendo Goa, donde trató de crear una raza mestiza propiciando matrimonios de portugueses con indígenas. Tras su muerte su cuerpo fue enterrado en el convento de Nossa Senhora da Graça de los Religiosos Eremitas de Santo Agostinho da corte.
Dejó un hijo natural, Brás de Albuquerque, que narró la vida de su padre en la obra Comentarios do grande Afonso de Albuquerque. Luís de Camões celebró sus empresas en Los lusiadas.
Alfonso de Alburquerque es reconocido como un genio militar por el éxito de su estrategia de expansión: procuró cerrar todos los pasos navales para el Índico —en el Atlántico, en el mar Rojo, en el golfo Pérsico y en el océano Pacífico— construyendo una cadena de fortalezas en puntos clave para transformar ese océano en un mare clausum portugués, sobreponiéndose al poder de los otomanos, árabes y sus aliados hindus.
Destacó tanto por la ferocidad en batalla como por los muchos contactos diplomáticos que estableció. Nombrado gobernador después de una larga carrera militar en el norte de África, en apenas seis años —los últimos de su vida— con una fuerza nunca superior a los cuatro mil hombres logró establecer la capital del Estado portugués de la India en Goa; conquistar Malaca, punto más oriental del comercio en el Índico; llegar a las ambicionadas islas de las especias (Ilhas das especiarias,) las islas Molucas; dominar Ormuz, la entrada del golfo Pérsico; y establecer contactos diplomáticos con numerosos reinos de la India, Etiopía, reino de Siam, Persia y hasta a China. Adén sería el único punto estratégico cuyo dominio no consiguió, aunque capitaneó la primera flota europea que navegó por el mar Rojo, remontando el estrecho de Bab el-Mandeb. Poco antes de su muerte fue agraciado con el título de virrey y «duque de Goa» por el rey Manuel I, que nunca disfrutó, aunque fue el primer portugués en recibir un título allende el mar y el primer duque nacido fuera de la familia real. Fue el segundo europeo en fundar una ciudad en Asia (el primero fue Alejandro Magno).
Alfonso de Alburquerque nació en Alhandra, en las afueras de Lisboa, en el año 1453. Fue el segundo de los cuatro hijos de Gonçalo de Albuquerque, señor de Vila Verde dos Francos, y de Leonor de Meneses, hija de Álvaro Gonçalves de Ataíde, conde de Atouguia. A través de su padre, que desempeñaba un cargo importante en la corte, descendía por vía natural de la familia real portuguesa. Fue educado en matemáticas y en latín clásico en la corte de Alfonso V, donde creció y se hizo amigo del príncipe João, futuro rey.
Alfonso de Alburquerque sirvió diez años en el norte de África, donde ganó experiencia militar: en 1471 acompañó a Alfonso V en las conquistas de Tánger, Anafé y Arcila, donde pasó varios años como oficial de la guarnición. En 1476 acompañó al príncipe João en las guerras contra el Reino de Castilla, habiendo participado en la batalla de Toro. Participó en la escuadra enviada en 1480 en socorro de Fernando II de Aragón, Sicilia y Nápoles «para reprimir o furor dos turcos» de avanzar en la península itálica, en el golfo de Tarento, en Otranto, que culminaría con la victoria de los cristianos en 1481.
En 1481, cuando el príncipe João ascendió al trono como João II, Albuquerque regresó a Portugal y fue nombrado su estribeiro-mor (estribero mayor o jefe de la caballería). En 1489 volvió al servicio en el norte de África, donde mandó la defensa de la fortaleza de la Graciosa, situada en la isla que el río Luco forma junto a la ciudad de Larache y en 1490 formó parte de la guardia João II, habiendo regresado a Arzila en 1495, donde su hermano menor, Martim, murió combatiendo a su lado.
Cuando el nuevo rey Manuel I de Portugal accedió al trono, mostró cierta reticencia hacia Alfonso de Alburquerque, íntimo del temido João II y diecisiete años más viejo. El 6 de abril de 1503, ya con una edad madura y una larga carrera militar, Alfonso de Alburquerque fue enviado en su primera expedición a la India con su primo Francisco de Albuquerque, mandando cada uno tres naos donde seguían también Duarte Pacheco Pereira y Nicolau Coelho. Participaron en varias batallas contra Calicut, donde pudieron garantizar la seguridad en el trono al rajá de Cochín. A cambio de sus servicios recibieron permiso para construir una fortaleza portuguesa en Cochín que sería el primer asentamiento europeo en la India y el punto de partida para la expansión del imperio en Oriente y las relaciones comerciales con Coulão. De regreso al reino, en julio de 1504, mais cheio de glórias que de despojos (‘más lleno de glorias que de botines’), Alfonso fue bien recibido por Manuel I.
Capitão-mor de la costa de Arabia (1506-09)
A principios de 1506, después de participar en delinear la estrategia para Oriente, el rey le confió una escuadra de cinco navíos en la armada de dieciséis navíos dirigida por Tristán de Acuña con destino a la India. Iban con el objetivo de tomar Socotra y ahí construir una fortaleza, con la esperanza de comerciar en el mar Rojo (o mar Vermelho, para los portugueses) transportando un fuerte de madera para apoyar los trabajos iniciales.
Alfonso de Alburquerque iba como capitão-mor (‘capitán mayor’) de la «costa de Arabia» e «incluso Mozambique iría bajo la bandera de Tristán de Acuña». Llevaba una carta con una misión secreta, ordenada por el rey de, una vez cumplida la primera misión, sustituir al virrey D.Francisco de Almeida, que terminaba su mandato dos años después. Antes de partir legitimó un hijo natural nacido en 1500 e hizo su testamento.
Toma de Socotra y Ormuz en el golfo Pérsico
El 6 de abril de 1506, las dos armadas partieron de Lisboa. Afonso de Albuquerque iba pilotando su propio navío, pues el piloto designado desapareció antes de la partida. En la isla Juan de Nova, en el canal de Mozambique encontraron a Juan de Novoa (o da Nova) regresando de la India, que invernaba allí después de sufrir un boquete en el casco de su navío Frol de la mar. Lo rescató y la nave se unió a la flota. Desde Malindi, Tristán de Acuña envió una expedición portuguesa a Etiopía, que entonces se creía pensaba estaba más próxima. La misión incluyó al padre João Gomes, João Sanches y al tunecino Sid Mohammed (sin conseguir atravesar por Malindi regresarían a Socotra, en donde Alfonso de Alburquerque consiguió desembarcarlos en Filuk, puerto del cabo Guardafui). Después de una serie de ataques afortunados a las ciudades árabes de la costa oriental africana, siguieron a Socotra, donde no había noticias de cristianos, y que tomaron en agosto de 1507, iniciando una fortaleza. Cuatro años después sería abandonada, dada su ineficacia para controlar la entrada del mar Rojo, pasando Adén a ser el punto preferible.