Adriano VI (en latín: Hadrianus PP. VI), de nombre secular Adriaan Floriszoon Boeyens, también conocido como Adriano de Utretch (Utrecht, 2 de marzo de 1459-Roma, 14 de septiembre de 1523) fue regente de Castilla y papa 218.º de la Iglesia católica desde el 9 de enero de 1522 hasta su muerte.
Lejos de la avidez, las maniobras y la larga espera de anteriores aspirantes al trono de San Pedro, Adriano fue elegido prácticamente contra su voluntad y, sumergido como estaba en las tareas de la regencia de España, ni siquiera asistió al cónclave en el que se produjo su designación. Fue el único papa de origen neerlandés y el último elegido in absentia de la historia, así como el último no italiano hasta la elección de Juan Pablo II en 1978, 455 años después de su muerte. Fue también uno de los dos únicos pontífices modernos, junto con Marcelo II, en mantener su nombre de pila tras su elección.
Vivió un papado dificultoso y de gran impopularidad, causado en gran medida por su escandalosa falta de afinidad con el entorno del Renacimiento, lo que le valió ser apodado como «el Pontífice Bárbaro». Elegido gracias a la influencia de su antiguo aprendiz, el rey Carlos I de España, mostró sin embargo una difícil relación con él. Su papado se caracterizó por intentos de reforma que fueron impedidos por una curia hostil y la situación política de la época.
Nació en Utrecht en 1459. Hijo de un ebanista, cursó sus primeros estudios en la escuela de Utrecht, donde recibió la influencia de la devotio moderna. En 1479 ingresó en la Universidad de Lovaina, donde obtuvo el doctorado en Sagrada Teología.
Durante toda su vida fue conocido por su sobriedad y su piedad. Fue profesor de Teología en la Universidad de Lovaina, donde llegó a ejercer los cargos de vicecanciller y de rector.
Fue elegido por Maximiliano de Austria, para que fuera maestro de su nieto el príncipe Carlos de Gante. Ejerció durante diez años (1505-1515) su cometido, que desarrolló con eficacia, llevando a cabo importantes misiones en defensa de los intereses de su pupilo, al que educó desde la temprana edad de seis años.
Una década después, en 1516, el heredero de la corona de Castilla y Aragón enviaba a Adriano como legado ante el cardenal Cisneros, a la sazón regente de estos reinos tras el fallecimiento en enero de ese mismo año de Fernando el Católico.
Fernando, enfermo mientras presidía las Cortes de Burgos, julio de 1515, testó, dejando como heredero al infante don Fernando; documento enviado urgentemente al maestro recibe plenos poderes, incluso para tomar posesión de la Corona.
Convertido en rey de España, Carlos I agradecería los servicios prestados por su fiel mentor impulsando su ascenso en la carrera eclesiástica, primero como obispo de Tortosa en 1516, más tarde como inquisidor general de la Corona de Aragón y luego de la de Castilla, y por fin como miembro del colegio cardenalicio.
Carlos V le distinguió confiándole la regencia de España cuando tuvo que ausentarse del país en 1520 por razón de su designación como cabeza del Sacro Imperio Romano Germánico. No fue una encomienda fácil la que se le hizo al regente, puesto que los castellanos se quejaban de la soberbia y codicia de los borgoñones y veían al regente como un nuevo déspota extranjero. Ausente el rey, se originó la sublevación de las Comunidades castellanas, que terminaron con la batalla de Villalar, y la revuelta de las Germanías levantinas. Así, el 31 de octubre de 1520, contando con apoyo suficiente inicia las hostilidades.
Alcanzó el trono de San Pedro gracias a la influencia de las familias Médici y Colonna, de orientación hispanoimperial. Cuando la candidatura de Giulio de Médici fue descartada por los sectores más opuestos a Carlos V, aquél propuso a Adriano como compromiso al tratarse de un candidato proveniente de la órbita carolina pero también muy meritorio y con reputación de santidad. Así, el 9 de enero de 1522 fue elegido Papa sucediendo a León X. El nuevo papa se encontraba en Vitoria ejerciendo como regente de España, preparando a Navarra para la defensa frente a la invasión francesa. La noticia llegó a la Casa del Cordón, donde se hospedaba, el 22 de ese mes.
En una solemne declaración el 8 de marzo de 1522 Adriano VI aceptó la elección. En ella proclama su confianza en Cristo, «que le dará fuerza, aun siendo indigno, para defender a la cristiandad contra los ataques del mal, y para reducir, al ejemplo del Buen Pastor, a la unidad de la Iglesia a los que yerran y están engañados». Enseguida emprende el viaje, acompañado de su inseparable secretario y biógrafo, el doctor Blas Ortiz, siguiendo el curso del Ebro hasta Tarragona, ciudad en la que embarcó para Roma, a la cual llegó el 29 de agosto de 1522, para tomar posesión de la silla apostólica. La ceremonia de coronación papal fue el 31 de agosto de 1522. A la llegada del Papa, reinaba la peste en la Ciudad Eterna. Al día siguiente de su coronación Adriano VI pidió ayuda a los cardenales para su doble proyecto: la unión de los príncipes cristianos para combatir al turco y la reforma de la curia romana.
Sin embargo, tuvo dificultades entre los cardenales y la población de Roma, no habituados a su estilo de vida sobrio y austero y a sus sensibilidades nórdicas. El nuevo pontífice destituyó a casi toda la corte papal y la reemplazó con un minúsculo personal neerlandés. También produjo especial confrontación su antipatía hacia el arte renacentista, que le llevó a declarar sus futuras intenciones de desmantelar las pinturas de la Capilla Sixtina por considerarlas obscenas e impropias de una iglesia. También producían rechazo su personalidad taciturna, su preferencia por la soledad y su costumbre de celebrar misa a diario, algo insólito entonces. Como consecuencia, su círculo comenzó a llenarse casi exclusivamente de miembros que no estaban de su lado, de los que al mismo tiempo Adriano dependía debido a su falta de experiencia en el entorno de la Santa Sede.
Podía pensarse que, en todo caso y por el favor que le había hecho Carlos V, iba a ser un pontífice dócil y sumiso al emperador, pero no fue así, o no al menos de forma incondicional. Para desagrado de los sectores imperiales, Adriano VI hizo esfuerzos por obrar con imparcialidad en la pugna continuada entre Carlos V y Francisco I de Francia, enfrentados en la Guerra de los Cuatro Años y solicitó una tregua de tres años a los beligerantes bajo pena de excomunión o entredicho en caso de no cumplirla. Sin embargo, la negativa del monarca francés y su deseo de reconquistar el ducado de Milán empujaron a Adriano VI a los brazos de Carlos V a regañadientes.
El papa llamó a una alianza militar antifrancesa junto con Inglaterra, el archiduque Fernando de Austria, y los Estados italianos de Venecia, Florencia, Génova, Lucca, Siena y el duque de Milán Francisco II Sforza con el objetivo de defender la península italiana.
Durante su pontificado, Adriano VI canonizó a San Antonino de Florencia. Sin embargo, en 1522 el sultán Solimán el Magnífico tomó la isla de Rodas, lo que provocó un duro golpe político.
En el consistorio de 26 de marzo de 1523 el Cardenal de Santa Croce quiso pedir la confirmación de los indultos y privilegios concedidos por León X. Cuando el cardenal le recordó la inaudita amabilidad con que los cardenales lo habrían elegido sumo pontífice, Adriano VI contestó que lo habían llamado al martirio y a la cárcel. Allí tenía una Iglesia agotada y pobre, por lo que les debía muy poco; ellos habían sido más bien sus verdugos.
Su temprana muerte acaecida en septiembre de 1523 le impidió realizar cualquier acción en el seno de tal alianza, como tampoco le permitió poner algún remedio al avance del luteranismo.