Acarigua es una ciudad venezolana capital del Municipio Páez situada en el Estado Portuguesa. La zona metropolitana de Acarigua-Araure cuenta con una población de 400 000 habitantes. Acarigua cuenta con un bajo PIB per cápita, y es la urbe más poblada de la Región de Los Llanos venezolanos. Acarigua es la ciudad más poblada del Estado Portuguesa y de todos los Llanos Venezolanos. Está considerada como el granero de Venezuela.
Los primeros relatos sobre el territorio de Hacarygua está basada en los escritos de Nicolás Federmann, el conquistador alemán, quien llegó a un primitivo poblado indígena el 15 de diciembre de 1530 y se dirigió al territorio de la Llanura Suroccidental en busca de la mítica ciudad de "El Dorado"
El río Acarigua, afluente del río Portuguesa, le da un gran apoyo a todo el desarrollo agrícola de la región. Las actividades agropecuarias convirtieron Acarigua-Araure en un polo de desarrollo. El cultivo tecnificado llenó a la ciudad de silos para guardar la gran producción agrícola de arroz, caña de azúcar, maíz, ajonjolí, tomate y otros rubros, convirtiéndola en el granero del país.
El nombre Acarigua proviene de la palabra indígena Hacarygua, dada por la tribu primitiva que habitaba en la zona. El nombre de San Miguel de Acarigua sigue la tradición católica española de nombrar las ciudades con el nombre de los santos el día en que se fundó la fundación. Como patrón de la ciudad "San Miguel Arcángel", es conocida como "Capital agrícola e industrial de Venezuela" y "Capital llana de Venezuela".
El nombre de la ciudad proviene de la tribu gayón hacarygua que habitaba la zona, y a su vez, el nombre de esta tribu proviene del vocablo indígena akaregua, de akare ‘caimán’, y gua ‘agua’; es decir, ‘Lugar de Caimanes’. Los Gayones de Hacarygua provienen del pueblo Gayón, cuyo término significa “Hermano”, eran una etnia agrícola y sedentaria poblaban la serranía de Matatere, la cordillera de Sanare, el río Claro, serranía de El Tocuyo, depresión de Quíbor al noroeste de Barquisimeto, Bobare, entre otros.
Los primeros relatos sobre el territorio de Hacarygua están asentados en los escritos dejados por el conquistador alemán Nicolás Federmann quien llegó a la primigenia aldea indiana el 15 de diciembre de 1530, de paso a los territorios de los llanos del suroeste en busca de la Mítica Ciudad de «El Dorado».
Desde 1579, existen registros fidedignos de que en el Valle de Hacarygua se hallaban alrededor de 25 encomiendas, atendidas por vecinos de la Ciudad de Nueva Segovia de Barquisimeto; productoras de cacao, maíz, algodón y tabaco; cuyos frutos eran transportados en arreos de mulas hasta el Puerto de Nueva Zamora de Maracaibo.
Tal era la importancia de aquellos lugares, que el Obispo de Venezuela fray Antonio de Alcega en 1608, de visita en Barquisimeto, decide nombrar un sacerdote doctrinero que cumpliera con el mandato de pregonar la palabra santa y educar las almas bajo su dirección; esta responsabilidad recaerá en el presbítero Antonio de Esteves quien permanece en este puesto hasta 1615 año en que se retira a Caracas, para ingresar como monje en un convento franciscano. Al quedar desierto el puesto, el obispo mexicano Juan de Bohórquez, el 24 de septiembre de 1615, lo declara vacante y abierto a oposición. Para este cargo aparecerán tres calificables que fueron, Antonio Luis de Urquiolaegui, Lucas Gomes y Juan Bernardo de Quiroz. Este último será el escogido por aptitud para asumir las riendas de ese curato de encomiendas en aquel lugar.
Con la llegada del gobernador y capitán general de la Provincia de Venezuela, Francisco de la Hoz Berrio y Oruña, a la ciudad de Barquisimeto comenzando 1620, no se tardará mucho tiempo en organizar una misión pobladora hacia el Valle de Hacarygua. Para esta tarea se comisionó como Juez Poblador al capitán Diego Gómez de Salazar, habitante de esa ciudad, quien también era poseedor de un repartimiento en aquel valle. Una vez seleccionado el sitio de Bocoy, de la Sabana de Choro, como terreno más propicio para el emplazamiento, se procuró dar aviso a los distintos grupos de indios diseminados alrededor del punto seleccionado, de que se reunieran en una sola agrupación, para así fundar un nuevo asentamiento, de la mano de Francisco de la Hoz Berrio y Oruña, el 29 de septiembre de 1620; con la doctrina de su fiel sacerdote el toledano Juan Bernardo de Quiroz.
Algunos encomenderos en declaraciones hechas en 1625, ante el Obispo Gonzalo de Angulo aseguran que el mismo gobernador, formó parte en esta jornada de búsqueda, selección de las quince encomiendas originales, fundación y organización del pueblo de San Miguel del Valle de Acarigua.
Segunda fundación y definitiva
En el lugar original de su fundación, entre la convergencia de los ríos Bocoy y Acarigua permanecerá este primitivo pueblo hasta 1625, año en que un ataque de indios hostiles, aparentemente Caribes, hará que se materialice su primera mudanza hacia el margen izquierdo del Río Acarigua. Finalmente en 1687 y debido a las constantes crecidas de esta corriente de agua que ocasionaban un estado de humedad perenne, se decide la mudanza al sitio que ocupa hasta la presente fecha, como ciudad briosa en el corazón del llano centro-occidental venezolano.
El siglo XVIII y la primera década del siglo XIX, fue para el Pueblo de Indios de San Miguel de Acarigua, un periodo de pleno crecimiento demográfico, económico, y de pleitos territoriales con los vecinos de la contigua Villa de Araure, que fue fundada como tal en el año de 1696; debido a que estos últimos veían con ambición, la posibilidad de poseer las tierras de labranza que cultivaban los pobladores cerca de las Galeras de Araure. Es así como interminables controversias jurídicas fueron elevadas a la Real Audiencia de Santo Domingo y posteriormente a la de Caracas, fallando estas siempre a favor de los afectados acarigueños.
En 1797, los araureños, deciden apoderarse de las tierras y sembradíos de la galera, por lo cual, el Cacique de Acarigua, y su Cura Doctrinero el doctor José María Luna, apelan ante el capitán general de Venezuela, Pedro de Carbonell Pinto Vigo y Correa, quien les otorga en compensación ejidal las Sabanas de Maratan, que colindaban con el Pueblo de Yujure o Turén.
1809, marca el último intento de expulsión, puesto que el vicario de Araure Pbro. Ramón Manuel Tirado, hace construir en la Sabana de Choro una iglesia rudimentaria de bahareque, con la finalidad de que allí se mudasen los habitantes de San Miguel de Acarigua, cosa a la que se oponen nuevamente los pobladores de aquel lugar.
La Guerra de Independencia, la Guerra Federal, y las sucesivas guerras civiles que azotaron a Venezuela a lo largo del siglo XIX; junto a las epidemias de Cólera, Fiebre Amarilla, Paludismo, y Gripe Española hicieron venir a menos esta austera urbe, desolándolo prácticamente. Toda esta serie de calamidades continuaron hasta el momento en que asume la presidencia el general Antonio Guzmán Blanco para 1877, quien destina al Cabildo de Acarigua recursos y asesoría técnica que le permitieran edificar un hospital, alumbrado público con aceite, una acequia, cinco aljibes, un mercado, un matadero, tenerías, y un cementerio alejado de la ciudad, además de crear una mejor planimetría urbana, con la que evitar la proliferación de enfermedades contagiosas.
En 1932 se filmaron en Acarigua algunas escenas para la película «Alma Llanera», dirigida por Amabilis Cordero con guion de Luis Peraza, largometraje que se estrenó en la inauguración de la Casa de la Cultura Carlos Gauna el 13 de junio de 1965. Hasta las primeras décadas del siglo XX, entre 1909 y 1937-1938, Acarigua fue la capital del estado, cuya sede de gobierno se situaba en el actual «Hotel Portuguesa», Avenida 33. Es de esta forma como llegaron los servicios básicos, la electricidad, la radio y hasta el cine.
En la década de 1950 que la ciudad se unió al área urbana de Araure conformando un eje homogéneo, con características comunes, pero conservando sin mayores modificaciones la división político-territorial de ambos municipios, en 1958 fue una de las principales ciudades que participaron en el movimiento cívico-militar que derrocó la dictadura del general Marcos Pérez Jiménez.