Un abogado o letrado es un jurista profesional que cuenta con una autorización estatal para ejercer o practicar el derecho. Un abogado ofrece asesoramiento y consejo jurídico, utilizando sus conocimientos para dirigir la defensa técnico-jurídica de una parte en toda clase de procesos y conflictos.
La profesión del abogado tiene su origen en los oradores de Grecia y Roma. Gradualmente, el enfoque de la profesión fue cambiando gradualmente de la retórica al derecho. Históricamente, la mayoría de abogados europeos gozaban del título «Doctor» o «Maestro»; hoy en día, se evita por lo general el uso de títulos honoríficos salvo en actos formales. La mayoría de países exigen estudios universitarios en Derecho y estar formalmente incorporado a un colegio de abogados. La abogacía es una profesión libre e independiente: ni los poderes públicos ni los particulares puedan presionar al abogado, que a su vez tiene la obligación de defender su libertad e independencia frente a estas presiones. La confianza que el cliente deposita en el abogado también le obliga a guardar discreción y secreto profesional de las informaciones que obtenga.
La amplia formación de los abogados les da una ventaja estructural en el acceso a la política, la diplomacia y la función pública. Para perfeccionar el ejercicio la profesión, los abogados se forman en otras disciplinas como retórica, lógica, oratoria, economía, psicología, historia, filosofía, política, ciencias forenses, literatura, antropología, sociología y otras materias. Además, tienen la obligación de guardar las normas del colegio o corporación a la que estén incorporados, incluidos los principios éticos que rigen la profesión. Pueden orientarse hacia un perfil privado, como asesores y representantes de personas físicas y jurídicas, o bien hacia un perfil público, ligado al gobierno y la administración pública.
En algunos países, el litigante también puede defenderse a sí mismo, como litigante en persona «Pro se», sin la asistencia de un abogado.
Genéricamente se puede definir el término abogado o abogada como: «persona con título de grado conforme a la legislación de cada país, que ejerce el Derecho, en asistencia de terceras personas, siendo un colaborador activo e indispensable en la administración de la Justicia de un país».
Se denomina también «Doctor» o «Doctora» (en todos los países de Sudamérica, como Argentina, Brasil, Bolivia, Colombia, Ecuador, Paraguay, Perú, Uruguay, Venezuela) a esta persona profesional, aun cuando no haya obtenido el doctorado y por lo tanto no posea título de doctor. Tal denominación proviene de la circunstancia que anteriormente el doctorado era una exigencia ineludible para el ejercicio de la abogacía. Lo mismo ocurre con el juez o el agente fiscal quienes son denominados «doctor» cuando muchos carecen de dicho grado académico.
En la mayoría de los países, en particular los países de derecho civil, ha habido una tradición de dar muchas tareas legales a una variedad de notarios, empleados y escribanos de derecho civil. Estos países no tienen «abogados» o «abogadas» en el sentido estricto de la palabra, en la medida en que ese término se refiere a un solo tipo de proveedor de servicios legales de propósito general; más bien, sus profesiones jurídicas consisten en un gran número de diferentes tipos de personas capacitadas en derecho, conocidas como juristas, algunas de las cuales son abogados con licencia para ejercer en los tribunales. Es difícil formular generalizaciones precisas que abarquen todos los países con múltiples profesiones jurídicas, porque cada país ha tenido tradicionalmente su propio método peculiar de dividir el trabajo jurídico entre todos sus diferentes tipos de profesionales del derecho.
En particular, Inglaterra, la madre de las jurisdicciones de derecho consuetudinario, surgió de la Edad Media con una complejidad similar en sus profesiones jurídicas, pero luego evolucionó en el siglo XIX a una única división entre abogados y abogados. Se desarrolló una división equivalente entre abogados y procuradores en algunos países de derecho civil; estos dos tipos no siempre monopolizaron la práctica del derecho, ya que coexistieron con los notarios de derecho civil.
Varios países que originalmente tenían dos o más profesiones legales desde entonces fusionaron o unieron sus profesiones en un solo tipo de abogado. La mayoría de los países en esta categoría son países de derecho común. En países con profesiones fusionadas, a un abogado generalmente se le permite llevar a cabo todas o casi todas las responsabilidades enumeradas a continuación.
Argumento oral en los tribunales
Investigación y redacción de documentos judiciales
Abogacía (escrita y oral) en audiencias administrativas
Protección de la propiedad intelectual
Negociación y redacción de contratos
Llevar a cabo la intención del difunto
Enjuiciamiento y defensa de presuntos delincuentes
Había también oradores o abogados en Grecia que se dedicaban a componer alegatos para los que tenían necesidad de toda la comunidad, aunque esta práctica era contraria a la disposición de las leyes, que mandaban se defendiesen las partes a sí mismas sin emplear socorros extraños. Cuando Sócrates fue llamado ante los jueces para dar cuenta de sus opiniones sobre la religión, Lisias, célebre y elegante parlante ateniense le llevó un alegato que había trabajado con el mayor esmero para persuadir a la comunidad jueces; pero Sócrates, después de reconocer y celebrar su mérito, no quiso valerse de él, diciendo que aquello era poco correspondiente al carácter y fortaleza que debía manifestar la comunidad filósofa.
En el Areopago hubo un tiempo en que no se permitió que asistiesen comunidad legal: el reo o las partes exponían sencillamente y sin floreos su acción.