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Abd al-Qádir

Abd el-Qáder el argelino (en árabe: عبد القادرالجزائري‎, romanizado: ʿabd al-qādir al-ŷazā’irī; El Guettana, 6 de septie

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Abd el-Qáder el argelino (en árabe: عبد القادرالجزائري‎, romanizado: ʿabd al-qādir al-ŷazā’irī; El Guettana, 6 de septiembre de 1808-Damasco, 26 de mayo de 1883) fue un emir, jefe militar y religioso argelino. Está considerado el fundador de la nación argelina, líder de la resistencia frente a la ocupación francesa y creador de un estado moderno. Fue también escritor, poeta, sufí y estudioso de la obra del gran maestro de origen andalusí Ibn Arabi. La nota necrológica que The New York Times publicó tras su fallecimiento en 1883 le calificaba como uno de los dirigentes más capaces del siglo XIX.​

Nació en la Guetna del Oued al Hammam a 20 km de Mascara en la región de Orán, en aquel tiempo bajo dominación otomana. Su familia, una de las más destacadas dentro de la tribu de los Banu Háshim, contaba con una genealogía que se remontaba al profeta Mahoma.

Dotado de unas extraordinarias capacidades y de una inteligencia precoz, recibió desde niño una esmerada educación bajo la dirección de sus padres. Su madre Lalla Zohra, una mujer cultivada a la que se sintió especialmente unido toda su vida, le enseñó a leer y a escribir.

Su padre, Muhy al Din ibn Mustafa al Hassani, muqaddam de la Qadiriyya le iniciará en la vía sufí, vía que en adelante guiará todos los aspectos de su vida. Fue instruido en ciencias islámicas y a muy temprana edad alcanzará el grado de hafiz al haber memorizado el Corán y el hadiz. También aprendió filosofía, literatura, geometría, geografía, astronomía y farmacopea. Se interesó desde muy joven por la historia de los pueblos cristianos, la política y las ciencias europeas. Recibió instrucción de los hombres más notables de la región, como Si Ahmad Ben Tahar al Rify, quien le introdujo en el estudio de otras tantas materias ‘mundanas’ y de lo que los europeos denominaban ‘estrategia’, o Si Ahmad ben Jodja, conocido como uno de los grandes sabios del oeste argelino.​ Excelente orador, sobresalió también en disciplinas físicas como la gimnasia, la equitación o la caza. Fue un extraordinario jinete y gran amante de los caballos.

En 1825 junto a su padre realizó su primer viaje a Oriente. Visitará Orán, Túnez y Egipto, donde quedó vivamente impresionado por la labor de modernización llevada a cabo por Muhámmad Alí. Visitó también La Meca y Damasco donde conoció al sheij Jáled al-Naqshbandi y visitó por primera vez la tumba de Ibn ‘Arabi, al que consideró durante toda su vida su maestro espiritual. Siguieron viaje a Bagdad donde visitará la tumba de otro gran maestro del sufismo y epónimo de la Qadiriyya Abdul Qadir Gilani. De allí volvieron a La Meca, donde realizaron el hach o peregrinación. En 1829 regresa junto a su padre a la Guetna.

Lucha contra la invasión francesa

Las tribus de la región occidental de Argelia se habían manifestado especialmente activas en su resistencia frente al dominio otomano. El padre de Abd el-Qáder era uno de sus cabecillas. En este clima de insurrección contra lo que las tribus consideraban la ocupación extranjera de los otomanos el escenario iba a cambiar rápidamente. En 1830 los franceses toman Argel y el bey de Orán se rinde ante los franceses al año siguiente.

Las tribus se niegan a aceptar la autoridad de los nuevos ocupantes. El padre de Abd el-Qáder ya enfermo dará paso a su hijo. Las extraordinarias cualidades que este había demostrado hicieron que las tribus se unieran bajo su liderazgo: El 21 de noviembre de 1832 cuando contaba con 24 años le prestaran juramento de fidelidad (bay’a) y le proclaman sultán. Abd el-Qáder rechazará el título, que considera aplicable al jerife de Fez y adoptará el de emir. Al año siguiente morirá su padre.

Las constantes victorias del Emir en el campo de batalla concluirán en 1834 con la firma del tratado Desmichels por el que se reconoce la autoridad del Emir en el interior de Orán y la de Francia en las zonas costeras. La ambigüedad de los términos del tratado acabaron favoreciendo las posiciones de Abd el-Qáder. Eso supuso un cierto descrédito para el general Desmichels que será sustituido por Trézel. Con Trézel las tropas francesas seguirán acumulando derrotas hasta el gran desastre que en 1835 supuso la batalla de Macta. Ante el rumbo que tomaban los acontecimientos Francia enviará a Thomas Robert Bugeaud, un militar de reconocido prestigio que había combatido en la Guerra de la Independencia Española y conocía bien la guerra de guerrillas que tan bien dominaba Abd el-Qáder. El 6 de julio de 1836 Bugeaud vence a las tropas de Abd el-Qáder y el 30 de mayo de 1837 ambas partes firman el tratado de Tafna. En virtud del tratado Abd el-Qáder conseguía un territorio más extenso que en el tratado Desmichels aunque siempre bajo la soberanía formal de Francia que además se reservaba el control de ciertos enclaves costeros.

Tras el tratado de Tafna el Emir se dedicará a afianzar la lealtad de la tribus y a sentar las bases de un Estado. Como han señalado los J. Berque y A. Laroui, Abd el-Qáder creó un auténtico Estado en el sentido moderno del término.​

Gran conocedor del pensamiento de Ibn Jaldún, tuvo siempre muy presente la tensión entre vida nómada y vida sedentaria. A lo largo de sus años de lucha contra los franceses tuvo que hacer frente a la inestable fidelidad de las tribus. Siempre declaró que su objetivo fue tanto superar los egoísmos tribales como reformar lo que consideraba la decadente herencia otomana.

Abd el-Qáder organizó un ejército, así como un sistema de plazas fuertes y fortificaciones defensivas. Instauró un sistema de recaudación de impuestos y llegó a acuñar moneda. Gran admirador de la medicina andalusí, planificó un sistema sanitario con equipos que incluían médicos y enfermeras. Planificó también un detallado sistema educativo dirigido a toda la población. Se proveyó de múltiples canales de información gracias a los cuales recibía puntualmente los periódicos franceses y se los hacía leer a su por aquel entonces amigo Léon Roches. La mayoría de sus súbditos judíos fueron empleados en la negociación y el comercio de armas que con base en Gibraltar mantenía con Gran Bretaña y Francia. Sus propios adversarios han sabido destacar el trato que dispensó a los cautivos por motivos de guerra. Abd el-Qáder estableció un código humanitario aplicable al trato de los prisioneros. Muchos de ellos irán a visitarle personalmente cuando el emir se halle exiliado en Pau.​

En un principio fijó la capital en Tagdemt antiguo centro cultural y político de la dinastía de los Banu Rustam. Más tarde en mayo de 1841 cuando el avance del ejército francés llegue hasta sus puertas, la capital será incendiada y abandonada por sus habitantes. Será entonces cuando Abd el-Qáder planifique su Smala, auténtica capital nómada del estado. Una organización donde las tiendas beduinas se organizan en círculos concéntricos. Todos tienen asignado un lugar preciso según un minucioso orden. En el centro de la Smala se situaba el jefe del estado, el Emir Abd el-Qáder.

Reanudación de la lucha armada

Los términos del tratado de Tafna no eran claros y dieron lugar a nuevos desacuerdos. Según B. Étienne, el general Bugeaud había impuesto que el original fuera en francés y ordenó traducirlo al árabe por traductores franceses. Guardó el original en su poder y a su muerte el original fue destruido por su mujer. Hubo que esperar a los estudios de Yver y de Emerit para conocer que los franceses incumplieron los términos del tratado.​

En 1839 los franceses lanzaron la ofensiva militar conocida como ‘Puertas de Hierro’. El emir lo consideró una violación del tratado y se reanudará la lucha armada entre ambos bandos. Bugeaud ejercerá una feroz represión contra la población sobre la que practicó la estrategia de tierra quemada y a la que sometió a constantes hambrunas. Según sus propias palabras, «no hay que correr tras los árabes, sino impedirles sembrar, recolectar, pastar».​

Las victorias francesas empezaron a sucederse a partir de 1842. En 1847 asestaron un golpe decisivo al emir cuando por azar un oficial francés encontró la Smala. El 16 de mayo de 1843 las tropas francesas toman por sorpresa la capital nómada del Emir mientras este estaba ausente. Abd el-Qáder se refugiará en Marruecos con las escasas tropas que le seguían siendo fieles. No cesó en su lucha y llegó a alcanzar alguna victoria aislada como la de Sidi Ibrahim pero se hallaba al límite de sus fuerzas. Pidió protección al sultán de Fez pero este finalmente fue vencido por las tropas francesas en la batalla de Isly el 12 de agosto de 1844. En septiembre de 1844 Francia y el sultán de Marruecos firman el tratado de Tánger por el que fijaran las fronteras de Argelia. El emir Abd el-Qáder queda fuera del Tratado. Acorralado por el ejército francés dirigirá diferentes misivas a la reina de Inglaterra y a la reina de España en solicitud de protección sin obtener respuesta. Finalmente, tras retroceder a Argelia tras la derrota de Agueddin (1847) se rendirá el 23 de diciembre de 1848 ante el general Lamoricière. En el momento de la rendición, Abd el-Qáder obsequiará con su mejor caballo de guerra al general francés. Lamoricière dará su palabra al Emir de que podrá instalarse junto con su familia en tierras del Islam: Alejandría o San Juan de Acre.

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