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1.ª Semana Internacional del Cine de San Sebastián

La 1.ª Semana Internacional del Cine de San Sebastián se celebró entre el 21 y el 27 de septiembre de 1953 en San Sebast

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La 1.ª Semana Internacional del Cine de San Sebastián se celebró entre el 21 y el 27 de septiembre de 1953 en San Sebastián y está considerada como la I edición del Festival Internacional de Cine de San Sebastián, como más tarde fue denominado el evento. Fue organizada por un grupo de comerciantes de la ciudad que querían dinamizar y prolongar el verano donostiarra. La Semana todavía no tenía el reconocimiento de la Federación Internacional de Asociaciones de Productores Cinematográficos (FIAPF), por lo que, aunque se proyectaron películas extranjeras, únicamente pudieron ser premiadas las españolas.

En octubre de 1952 un grupo de empresarios de San Sebastián dirigidos por Dionisio Pérez Villar tuvieron la idea de organizar un certamen cinematográfico en el mes de septiembre con la intención de alargar la temporada turística de la ciudad. A pesar de que encontraron el rechazo de la Cámara de comercio y de la Federación Mercantil de Guipúzcoa y una respuesta fría del Centro de Atracción y Turismo y del Ayuntamiento de San Sebastián, no se desalentaron y siguieron buscando apoyo. Lo encontraron en la Delegación Provincial de Sindicatos, que les ofreció oficinas, personal y una subvención de cien mil pesetas. En abril de 1953 se desplazaron a Madrid, donde el presidente del Sindicato Nacional del Espectáculo, Manuel Casanova, ratificó la subvención y les ofreció un apoyo oficial que suponía también un control del certamen. Por su parte, el director general de Cinematografía Joaquín Argamasilla comprometió otra subvención de ciento cincuenta mil pesetas. Argamasilla sugirió que la semana podía dedicarse al cine católico, pero no insistió al ver la falta de entusiasmo de los promotores.​ Con estos importantes apoyos, los organizadores continuaron las gestiones en San Sebastián.​

Una entrevista con Juan Pagola, alcalde de San Sebastián, tuvo ahora mejor acogida al conocerse el apoyo que el proyecto tenía en la capital. El regidor se comprometió a tratar la cuestión de una subvención en la próxima reunión de la junta del Centro de Atracción y Turismo. A continuación, los organizadores hablaron con hoteles, salas de fiestas y agencias de viajes. Negociaron con el Teatro Victoria Eugenia, que pidió cuarenta mil pesetas por el alquiler de la sala durante siete días y exigió que los miembros del comité firmaran un aval por dicho importe. También se contrató el alojamiento de todos los visitantes en el Hotel María Cristina, el Londres y el Continental.

El proyecto encontró apoyo oficial en las instituciones de la dictadura del general Franco, que confiaban en mostrar así al mundo una imagen abierta y tolerante. El evento no tenía todavía el reconocimiento de la Federación Internacional de Asociaciones de Productores Cinematográficos, por lo que no podía ser considerado un festival internacional competitivo. Se denominó «Semana Internacional del Cine» y, aunque se proyectaron más películas extranjeras que españolas, solo pudo otorgar premios a estas últimas.

Pérez Villar anunció que no se producirían cortes debidos a la censura en las películas exhibidas. Dijo que su integridad estaba garantizada por un acuerdo entre los productores extranjeros y la Dirección General de Cinematografía. Estaba en juego el prestigio del certamen y la posibilidad de ser reconocido internacionalmente por la FIAPF.

A pesar de ello, se produjeron un par de incidentes. Por un lado, el filme francés Nous sommes tous des assassins mostraba campos de concentración franceses que alojaban a refugiados españoles. Por otro, la película española Dos caminos ofrecía una imagen muy tendenciosa de los efectos de la Guerra de España en el bando perdedor. La delegación francesa estuvo a punto de retirarse, pero el conflicto se superó gracias a la mediación del presidente de la FIAPF.

El día 21 hubo una recepción en el ayuntamiento en la que el alcalde saludó a los presentes y fue respondido por el secretario del Sindicato Nacional del Espectáculo, Miguel de Echarri, y por Joaquín Argamasilla. Cientos de personas se congregaron en torno a la alfombra roja del Teatro Victoria Eugenia para contemplar la entrada de invitados. El Coro Maitea interpretó el himno del certamen compuesto Juan Urteaga.​ El grupo de danzas Goizaldi formó un pasillo a la entrada y un arco de honor con sus espadas. Al tiempo sonaban típicas melodías vascas interpretadas con chistu y tamboril. Finalmente, se proyectó Don Camilo, protagonizada por Fernandel y Gino Cervi. A continuación, se celebró una cena y consiguiente fiesta en el Real Club de Tenis.

Aunque fueron las autoridades madrileñas las que se encargaron de seleccionar las películas, el comité organizador llegó a contactar con algunas embajadas españolas pidiendo su colaboración, lo que no gustó a las autoridades. Como resultado, llegaron al certamen la película británica Alto secreto y la italiana Magia verde, que así pudieron ser distribuidas en España. Aun así, pocos días antes del comienzo de la Semana todavía no estaba claro cuántas películas se exhibirían. Los programas mencionaban hasta veinticuatro filmes.

No pudieron llegar a ser exhibidas a pesar de los esfuerzos de los organizadores películas como Arroz amargo o El salario del miedo.

Finalmente, las películas exhibidas durante la Semana fueron:

Don Camilo, de Julien Duvivier.

Acuérdate de vivir, de Roberto Gavaldón.

Casque d'or, de Jacques Becker.

Crin blanca, de Albert Lamorisse.

La señorita Julie, de Alf Sjöberg.

House of Wax, de André de Toth.

La pasión desnuda, de Luis César Amadori.

Los amantes de Verona, de André Cayatte.

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