El órgano es un instrumento musical que produce sonido al conducir aire insuflado generado por medio de una turbina o fuelle, a través de unos tubos que son ejecutados desde un teclado manual, dependiendo del instrumento puede estar acompañado de un pedalero, un teclado más grande ubicado en el piso que se toca con los pies. Debido a que cada tubo produce un solo tono, los mismos se proporcionan en conjuntos llamados rangos, cada uno de los cuales tiene un timbre y volumen comunes en toda la extensión del manual. La mayoría de los órganos tienen muchos rangos, con distintos timbres, tonos y volúmenes diferentes que el ejecutante del instrumento (llamado organista) puede emplear individualmente o en combinación, mediante el uso de controles llamados registros.
Un órgano de tubos tiene uno o más manuales que, a diferencia del piano (que tiene ocho octavas), suelen tener seis. Cada teclado controla su propia división o grupo de registros, y en el caso de la pedalera suele estar asociada a los registros más graves, aunque también se puede emplear para generar otra voz aguda, dependiendo de las prestaciones del instrumento. Los manuales, la pedalera y los controles para los registros se encuentran en la consola del órgano. El suministro continuo de viento del órgano le permite sostener notas mientras se presionan las teclas correspondientes, a diferencia del piano y el clavicordio, cuyos sonidos comienzan a disiparse inmediatamente después de presionar una tecla.
Los distintos registros se accionan mediante unas palancas o botones al alcance de la mano del organista. Todo el sistema puede ser mecánico, eléctrico o electrónico dependiendo del periodo en que se fabrico el órgano. El timbre de cada registro dependerá de la forma, tamaño, material o mecanismo de producción del sonido. El número de registros varía mucho entre los diferentes instrumentos. Existe una amplia variedad y tipos de órganos, dependiendo del lugar donde estén ubicados, pueden ser para catedrales, iglesias más pequeñas, capillas o salas de conciertos, de allí que variará su cantidad de registros y tubos. Existen órganos portátiles que se pueden mover de un sitio a otro, puesto que, normalmente los órganos se construyen para que permanezcan allí por todo su periodo de vida útil. Mientras que un órgano portátil puede tener solo una o dos docenas de tubos y un manual; el más grande puede tener más de 14 000 tuberías y siete manuales. La cantidad de manuales será en función a la cantidad de registros del órgano. Se puede clasificar al órgano como instrumento de viento o aerófono en la categoría instrumentos de teclado y, también, dentro de la subcategoría aire insuflado, junto al acordeón y al armonio.
Al comienzo de su historia, los órganos se instalaron en iglesias católicas de rito romano y protestantes, por ello el instrumento quedó muy arraigado al culto religioso. Poco más tarde el instrumento se comenzó a instalar en salas de conciertos, escuelas, auditorios de universidades, y otros edificios públicos y en propiedades privadas (muy frecuente en las casas de los organistas). En algunos casos, también en sinagogas. Se utilizan en la interpretación de música clásica, música sagrada, música secular y música popular. A principios del siglo XX, sobre todo en el mundo anglosajón, se instalaron órganos de tubos en los cines para acompañar la proyección de películas durante la era del cine mudo, así como en centros comerciales y en auditorios municipales, donde las transcripciones orquestales eran populares. El comienzo del siglo XXI ha visto un resurgimiento del órgano en las salas de conciertos. El órgano cuenta con un repertorio sustancial, que abarca más de 500 años.
Surgieron varios instrumentos que de alguna forma intentaron emular al órgano, tales como el arcordeón y bandoneón, que son además instrumentos con fuelle como el órgano. En la modernidad se han construido instrumentos de teclado eléctricos, algunos ejemplos son el órgano Hammond y los sintetizadores.
El órgano es uno de los instrumentos más antiguos que todavía se usan en la música clásica europea y se cree que tiene su origen en Grecia. Sus primeros predecesores fueron construidos en la antigua Grecia en el siglo III a. C. La palabra órgano se deriva del griego όργανον (organon), un término genérico para un instrumento o una herramienta, que viene del latín organum, un instrumento similar a un órgano portátil utilizado en los antiguos juegos de circo romanos.[cita requerida] Sin embargo, Leonor Victoria Moreno sostiene que el órgano tiene origen oriental, aproximadamente del siglo II a. C., y su uso en Occidente comenzó en el siglo VIII, mientras que fue introduciéndose en los templos en los siglos IX y X. Para el siglo XV era indispensable en las iglesias, pero también se usaba para música profana.
Es al ingeniero griego Ctesibios de Alejandría a quién se le atribuye la invención del órgano en el siglo III a. C., cuando ideó un instrumento llamado hydraulis, que entregaba un suministro de viento mantenido a través de la presión de agua a un conjunto de tuberías. El hydraulis se usó en las arenas del imperio romano. Las bombas y los reguladores de agua de los sistemas hidráulicos fueron reemplazados por una bolsa de cuero inflada en el siglo II d. C. y comenzaron a aparecer los verdaderos fuelles en el Imperio Romano Oriental en el siglo VI o VII d. C. El geógrafo persa del siglo IX Ibn Khurradadhbih (fallecido en 911), en su discusión lexicográfica de los instrumentos, citó al urghun (órgano) como uno de los instrumentos típicos del Imperio Romano Oriental (Bizantino). A menudo se lo usaba en el Hipódromo en la capital imperial de Constantinopla. Un visitante sirio lo describe diciendo que era accionado por dos sirvientes que bombean "un fuelle como el de un herrero" y que es tocando mientras los invitados comían en la cena de Navidad del emperador en Constantinopla en 911 d. C..
Hasta el siglo XII se emplearon los dos sistemas, que resultaban siempre muy complicados, y al llegar al siglo XIII se abandonaron completamente los hidráulicos ya que el agua oxidaba el cilindro giratorio haciendo inviable al instrumento. Se generalizó desde entonces en las iglesias el instrumento, que fue adquiriendo lentamente su perfección hasta el siglo XVI. En el siglo XIV se simplificó el juego de los fuelles que antes exigía la fuerza de muchos hombres y se convirtió el teclado en cromático siendo antes diatónico.
En el siglo XV se construyeron órganos de dimensiones más grandes y fijos (continuaron los portátiles y pequeños para iglesias menores) y se le añadieron pedales. En el siglo XVI se aumentó el tamaño de los órganos, se los encerró en una caja, tal como hoy los conocemos, y se inventaron los teclados sobrepuestos.
En el siglo XVII Fray José de Echevarría introduce la llamada "caja de ecos", un artilugio que permite realizar efectos sonoros de "cercanía y lejanía", y la trompetería horizontal en forma de tiros dando al instrumento unas sonoridades muy ricas y potentes.
En el siglo XIX se perfeccionó hasta el punto de alcanzar un solo órgano la extensión de diez octavas con cinco teclados. En las últimas décadas, con la aplicación de la electricidad a los órganos, se ha conseguido simplificar los sistemas de palancas y dar mayor rapidez a todos los movimientos.
Los órganos portátiles, tanto el portativo como el órgano positivo, se inventaron en la Edad Media. Hacia mediados del siglo XIII, los retratos representados en las miniaturas de manuscritos iluminados parecen tener teclados reales con teclas equilibradas, como en las Cantigas de Santa María. Su portabilidad hizo que el portativo sea útil para el acompañamiento de música sagrada y secular en una variedad de entornos. En el siglo XI, el monje Theophilus describió en su tratado, conocido como Schedula diversarum artium ("Lista de diversas artes") o De diversis artibus ("Sobre diversas artes"), todos los pasos necesarios para la construcción de un órgano eclesiástico.
Órganos grandes como el instalado en 1361 en Halberstadt, Alemania, es considerada como la primera instalación documentada de órganos "permanentes" y, probablemente, llevó a Guillaume de Machaut a describir el órgano como "el rey de los instrumentos", una caracterización que hasta el día de hoy se aplica con frecuencia. El órgano Halberstadt fue el primer instrumento en utilizar un diseño con teclas cromáticas en sus tres manuales y pedalera, aunque las teclas eran más anchas que en los instrumentos modernos. Tenía veinte fuelles operados por diez hombres, y la presión del viento era tan alta que el organista tenía que usar una gran fuerza de su brazo para mantener presionada una tecla.