El Éxodo Jujeño fue la evacuación del pueblo de la provincia de Jujuy realizada por el general Manuel Belgrano en agosto de 1812 en un recorrido de 330 km hasta la provincia de Tucumán, en cumplimiento de la orden del Primer Triunvirato de retroceder hacia Córdoba. Esta evacuación, dejando detrás solo tierra arrasada, permitió al Ejército del Norte recobrar fuerzas para continuar luchando. Sin embargo, incitado a ello por la población de San Miguel de Tucumán, Belgrano terminaría desobedeciendo la orden del Triunvirato y presentando batalla en esa ciudad contra la invasión realista, con lo cual protegió la provincia de Tucumán y pudo recuperar luego la de Salta.
Tras un primer triunfo en el Combate de las Piedras, el Ejército al comando de Belgrano venció en la batalla de Tucumán (septiembre de 1812) y la batalla de Salta (febrero de 1813), que posibilitaron la recuperación de Jujuy (marzo de 1813) y la retirada definitiva del Ejército Realista hacia el Alto Perú, salvando la Revolución de Mayo y consolidando la Independencia de la Argentina.
Jujuy, su ubicación estratégica
En las décadas previas a la revolución de la Independencia hispanoamericana, la ciudad de San Salvador de Jujuy, con su jurisdicción de vecinos y encomiendas (que coincide con los límites actuales de la provincia de Jujuy), integraba el Virreinato del Río de la Plata y la Intendencia de Salta del Tucumán (junto con todo el Noroeste Argentino y Tarija), con capital en Salta, 18 leguas al sur.
La ciudad de Jujuy y la Quebrada de Humahuaca, eran un centro de comercio, tránsito y poder estratégico para los españoles y el virreinato, porque permitía la comunicación entre el Río de la Plata, el Virreinato del Perú y las riquezas del Alto Perú, y el pórtico norte de la primitiva y extensa Gobernación del Tucumán. El vínculo entre las "provincias de arriba" (el Alto Perú) y las "provincias de abajo" (la Intendencia de Salta del Tucumán), le daba un dinamismo comercial y generaba trabajo para sus habitantes. No en vano la fundación española de Jujuy se intentó tres veces, como otras ciudades del Noroeste Argentino. Eran ruta obligada para el comercio y poder español.
En el sistema de postas de Jujuy terminaba el camino carretero; hasta allí llegaban las carretas cargadas con mercancías "efectos de Castilla" (importados de España) y "efectos de la tierra" (productos locales), con origen y destino al Alto Perú y al Virreinato del Perú con Lima y sus puertos en el Pacífico. En adelante hacia el norte, sólo se podía continuar el viaje en mula y las mercancías debían enfardarse para ubicarlas en tercios de mula o burro, dirigidos por arrieros. Los arrieros, los primeros gauchos del actual Territorio Argentino, con sus mulas, carretas y efectos confluían con la dinámica actividad cotidiana de Jujuy. Hay que reconocer también que el ganado mular de la Gobernación del Tucumán y la mano de obra esclava que ingresaba –legalmente o por contrabando– por el puerto de Buenos Aires, eran sumamente demandadas por las minas de Potosí para la extracción de oro, plata, plomo y estaño. La Casa de Moneda estratégica, que pertenecía al Virreinato del Perú, estaba en Potosí, y su posesión durante la Guerra de la Independencia, aseguraba recursos en épocas de paz y de guerra. En épocas del Virreinato, la demanda era de unas 30 000 mulas por año y la demanda de esclavos que entraban por Buenos Aires de unos 4000 por año, siendo Tucumán y Jujuy los enclaves de ese tránsito.
La arriería –auténtico origen del Gaucho mestizo argentino antes que en la llanura rioplatense– era una actividad especial que involucraba a diferentes sectores sociales: encomenderos, comerciantes, españoles (quienes además del comercio, ejercían el monopolio de las patentes de esclavos), artesanos, indígenas, gauchos y dueños de arrias y conductores. Los contratos de flete, fabricación y comercio de "efectos de la tierra" (cueros, textiles, harina, vino, mulas, carretas), importación y comercio de "efectos de Castilla" (importados generalmente vía Lima y Potosí), metales y minas de la Puna, eran la razón de la importancia local, donde todas las mercancías debían acomodarse en mulas o burros y en carretas. Los arrieros jujeños era requeridos por sus conocimientos del terreno y sus prestigios.
Este sector de gauchos tan importante y conocedor del terreno de Salta y Jujuy, montañas y altiplanos, y su integración en la Guerra Gaucha fue fundamental para el triunfo en la frontera Norte de Argentina, junto con el Ejército del Norte belgraniano. Según el historiador coronel Bidondo, en su "Contribución al Estudio de la Guerra de la Independencia Argentina en la Frontera Norte", editado por el Círculo Militar en 1968, se libraron 237 batallas en suelo salto-jujeño, se soportaron y rechazaron 10 invasiones realistas, y el accionar coordinado y planificado de Belgrano con el Ejército del Norte, Güemes en la frontera Norte y San Martín con su Ejército de los Andes permitieron llegar a la victoria total y caída del Virreinato del Perú en 1824 (Batalla de Ayacucho).
La situación económica del Virreinato del Río de la Plata demostró a los comerciantes porteños los beneficios del libre comercio y de las Aduanas frente al monopolio dominante de la metrópoli limeña. En cambio, para toda la Intendencia de Salta del Tucumán, representó un declive económico al frenarse el comercio con el Virreinato del Perú, que se agravó hasta su paralización al mantenerse Perú fiel al sistema realista y virreinal luego de 1810.
La sociedad colonial marcaba diferencias entre la élite gobernante española y los criollos –hijos de españoles y mestizos nacidos en América– quienes eran mayormente relegados en el acceso a los cargos públicos y patentes de comercio. Los mestizos e indígenas de las encomiendas del Norte estaban mejor posicionados, ya que gozaban de sueldo en el caso de la mita, de tierras para su manutención de la encomienda, de protección religiosa en el caso de las misiones y de libertad en el caso del yanaconazgo. En particular en la Quebrada de Humahuaca había Cabildos de indios y pueblos con cierta autodeterminación (Tilcara, Humahuaca y Purmamarca). No así en otras ciudades del Virreinato, donde la sociedad era más desigual y los europeos tenían mayores derechos y accesos. Entre los criollos, que tenían limitado acceso al gobierno colonial, fueron ganando terreno las ideas de ilustración, la soberanía popular, la libertad y la igualdad. Especialmente entre jóvenes abogados de las ciudades, una burguesía naciente de comerciantes y hacendados y los militares criollos que habían luchado en España y Francia.
En 1808 el rey Fernando VII de España se encontraba cautivo de Napoleón Bonaparte, emperador de Francia, quien en su invasión a la metrópoli había logrado la abdicación del monarca Carlos IV de España a favor de su hijo Fernando y luego había tomado prisionero a este, colocando como rey a su hermano José Bonaparte. En respuesta a la invasión los franceses se inició la Guerra de la Independencia de España que tuvo consecuencias importantísimas al otro lado del Océano Atlántico provocando el inicio de la causa autonomista (Primeros Gobiernos Patrios en representación del rey Fernando VII) y luego de independencia hispanoamericana.
Manuel Belgrano, abogado y uno de los principales impulsores de la Revolución de Mayo de 1810, estaba cumpliendo la misión de fortificar las barrancas del río Paraná en Rosario, para repeler los ataques que los realistas efectuaban sobre la costa del mismo desde la ciudad de Montevideo. En esta ocasión había creado la actual Bandera Argentina. Estando en Rosario, el 27 de febrero de 1812 la Junta Superior Provisional de las Provincias Unidas a nombre de don Fernando VII, conocida históricamente como la Primera Junta, le ordenó hacerse cargo del Ejército Auxiliar del Perú.
Belgrano arribó a la Posta de Yatasto el 25 de marzo de 1812. Al día siguiente, Juan Martín de Pueyrredón le entregó el mando del Ejército del Norte aunque ambos revolucionarios convinieron que públicamente Belgrano lo ejercería en calidad de interino para no afectar las conversaciones diplomáticas que se estaban realizando entre Pueyrredón y el jefe de los realistas, José Manuel de Goyeneche. Finalmente, con fecha 26 de mayo de 1812, la Primera Junta nombró a Belgrano como General en Jefe del Ejército Auxiliar del Perú.