Édouard Manet (París; 23 de enero de 1832-París; 30 de abril de 1883) fue un pintor y grabador francés, reconocido por la influencia que ejerció sobre los iniciadores del impresionismo.
Nació en París el 23 de enero de 1832, en una familia acomodada. Sus días escolares pasaron sin acontecimientos destacables y terminó su formación sin obtener la calificación necesaria para estudiar derecho, para decepción de su padre, que era magistrado. Sus primeros contactos con el arte se produjeron en la etapa escolar.
A los dieciséis años viajó a Río de Janeiro como marinero en prácticas, con intención de ingresar en la Academia Naval Francesa.
Con el consentimiento paterno, decide iniciar los estudios en el taller de Thomas Couture con el que pasó casi seis años. Las clases se complementaban con visitas a museos; sin embargo 1856 abandona el taller ya que consideraba anticuadas las enseñanzas del maestro. Al mismo tiempo pudo copiar en el Louvre cuadros no solo de Tiziano y Rembrandt, sino también de Goya, Delacroix, Courbet y Daumier. De Couture aprendió que para ser un gran maestro hay que escuchar las enseñanzas de los que lo han sido en el pasado.
Desde 1850 hasta 1856 Manet se dedicó a viajar por Europa para entrar en contacto con los grandes pintores de su época. También visitó España quedando impresionado con las costumbres, el folclore y el mundo del toreo.
El 26 de octubre de 1863 contrajo matrimonio con la pianista neerlandesa Suzanne Leenhoff, con quien mantenía relaciones desde 1850. A pesar de la boda, el que casi con seguridad era su hijo, León, nacido en 1852, siguió llevando el apellido de la madre, y pasando por hermano de ella. Es uno de los personajes del cuadro Homenaje a Delacroix, que Henri Fantin-Latour pintó en 1864.
En agosto de 1865 emprendió un viaje por España, organizado por su amigo Zacharie Astruc, en el que visitó el Museo del Prado y descubrió la pintura barroca española, en particular a Diego Velázquez, que tendrá una enorme influencia en su obra. Los elogios de Manet a las obras de Velázquez en el Prado contribuyeron a que no pocos artistas franceses y estadounidenses viajasen a Madrid en las décadas siguientes.
En 1869 tomó como ayudante a Eva Gonzalès, hija de un conocido novelista, que le había sido presentada por un marchante de arte. La joven, que no carecía de talento pero a la que le faltaba iniciativa, fue la única alumna de Manet, quien la retrató en 1870.
Al estallar la guerra franco-prusiana Manet fue movilizado al igual que otros impresionistas. Envió a su familia a Oloron-Sainte-Marie, en los Pirineos, y envió trece cuadros a Duret, quien recibió un sinnúmero de pinturas de Manet, antes de entrar como teniente al servicio de la Guardia Nacional durante el sitio de París. Tras la declaración del armisticio en 1871 formó parte, junto con otros catorce pintores y diez escultores, de la federación de artistas de la efímera Comuna de París. Mantuvo buenas relaciones con los jóvenes impresionistas, muy en especial con Claude Monet; aunque siempre se resistió a participar en las exposiciones independientes, prefería ofrecer sus obras al salón y exponerlas en su propio estudio si eran rechazadas.
Primera exposición de pintores impresionistas
En 1872 Paul Durand-Ruel adquirió por 35 000 francos veinticuatro obras de Manet y organizó la primera exposición de pintores impresionistas aunque no tuvo éxito comercial. Sin embargo, entre estos artistas iba surgiendo una conciencia de grupo que los llevaría a formar la Société anonyme des artistes para realizar exposiciones colectivas.
En esta época, en la que tuvo mucha relación con Monet, Édouard Manet empezó a adoptar las técnicas impresionistas, si bien rehusará a participar en las exposiciones colectivas. En cambio, organiza una exposición de sus obras en su propio taller de la parisina calle de St. Petersboug, que gozó de bastante popularidad, rumoreándose en la época que había tenido unas 4000 visitas.
Hacia 1880, su salud empezó a deteriorarse a causa de un problema circulatorio crónico que no mejoró a pesar de someterse a tratamientos de hidroterapia en Bellevue. En esta época se reconoció su talento con una medalla de segunda clase concedida por el Salón y también fue nombrado Caballero de la Legión de Honor.
El 30 de abril de 1883, a causa de su enfermedad circulatoria crónica, le fue amputada la pierna izquierda, y diez días más tarde falleció a los 51 años de edad.
De todos los artistas de su tiempo, Manet fue quizás el más contradictorio. Aunque se le consideraba un personaje controvertido y rebelde, Manet se pasó casi toda su vida buscando la fama y la fortuna y, lo que quizás sea más importante, un pintor que ahora es aceptado como uno de los grandes, solía mostrarse inseguro de su dirección artística y profundamente herido por las críticas hacia su obra. Tuvo que esperar al final de su vida para conseguir el éxito que su talento merecía. Pese a que se le considera uno de los padres del Impresionismo, nunca fue un impresionista en el sentido estricto de la palabra. Por ejemplo, jamás expuso con el grupo y nunca dejó de acudir a los Salones oficiales, aunque le rechazaran. Afirmaba que «no tenía intención de acabar con los viejos métodos de pintura ni de crear otros nuevos». Sus objetivos no eran compatibles con los de los impresionistas, por mucho que se respetaran mutuamente.
La notoriedad de Manet, al menos en las etapas tempranas de su carrera, se debió más a los temas de sus cuadros, considerados escandalosos, que a la novedad de su estilo. Hasta mediados de la década de 1870 no empezó a utilizar técnicas impresionistas. En este sentido, Bownes se muestra bastante convincente al demostrar que, de joven, sin llegar a considerarse un innovador, Manet sí trataba de hacer algo nuevo: buscaba crear un tipo libre de composición que estaría, sin embargo, tan herméticamente organizada en su superficie como los cuadros de Velázquez.
En 1859 presentó por primera vez al Salón su Bebedor de absenta, un cuadro que permitía sin problemas adivinar su adoración por Frans Hals, pero que provocó una turbulenta reacción en el público y en el jurado, inexplicable sin duda para un Manet que durante toda su vida lo único que buscó fue el éxito dentro de la respetabilidad.
En los años sesenta, sin embargo, su pintura de tema español, tan de moda por entonces en Francia, fue bastante bien acogida y en 1861 el Salón aceptó por primera vez un cuadro suyo, el Guitarrista español.