Álvaro Delgado Ramos (Madrid, 19 de junio de 1922-ibídem, 3 de enero de 2016) fue un pintor e ilustrador español. A lo largo de su vida artística desarrolló con especial intensidad el género del retrato.
Nacido en la calle de la Esperanza de Madrid, muy próxima a las plazas de Antón Martín y Lavapiés, lugares que luego reflejó en los paisajes de su primera época como Madrid desde el Manzanares, El puente de Toledo o La ermita de San Isidro, Álvaro fue el mayor de dos hermanos.
A pesar de estar más interesado en la figura y el retrato que en el paisaje, se acercó al grupo de pintores conocidos como segunda Escuela de Vallecas, reunidos por Benjamín Palencia y Francisco San José, embrión de la Escuela de Madrid de la que también formó parte, y que le sirvió de plataforma para ser seleccionado en la cuarta edición del "Salón de los once" organizado por la Academia Breve comandada por Eugenio d’Ors.
Delgado fue esencialmente pintor de paisajes, bodegones y retratos de un amplio círculo de pintores, críticos de arte y personalidades de la vida cultural española, o de monografías temáticas, como sus series sobre Los fusilamientos del tres de mayo de Goya (1960), o los campesinos de La Olmeda. Con un trazo nervioso y fuertemente expresionista, Delgado exagera los rasgos físicos y el alma del personaje. El género del retrato fue tan decisivo para él que le dedicaría su discurso de ingreso en la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando en 1974.
Inició estudios de comercio, en los primeros meses de 1936, en la Real Sociedad Económica Matritense de Amigos del País, pero al estallar la Guerra Civil se vio obligado a abandonarlos para trabajar en los almacenes donde su padre era encargado.
Al conocer que comenzaban las clases de la Escuela de Artes y Oficios, se matriculó en dibujo de estatua, disciplina en la que obtendría el Premio Extraordinario. Posteriormente, se inscribió en la Escuela Superior de Bellas Artes de Madrid y entre 1937 y 1939 asistió a los cursos libres que impartía Daniel Vázquez Díaz, del que tomará su admiración por las nuevas corrientes pictóricas que en ese momento venían de París, en particular el cubismo, presente en su primera etapa.
Los estudios realizados durante la contienda no le fueron convalidados, por lo que Álvaro Delgado se vio en la necesidad de realizar una prueba de ingreso en la Escuela de San Fernando, que no superó. En el examen teórico había sostenido que el Greco era mejor que Velázquez, algo imperdonable en la Academia en ese momento. Pero él consideraba que también tuvo importancia el proceder de una familia comprometida con la causa republicana.
Entre 1939-1942 se involucra en el proyecto místico bautizado por Benjamín Palencia como El Convivio, experiencia que algunos consideran básica en la trayectoria artística de Álvaro Delgado, por el carácter que tuvo de refugio, impulso y continuidad en su formación una vez paralizados los estudios junto a Vázquez Díaz. Conformaron el grupo: Gregorio del Olmo, Francisco San José, Carlos Pascual de Lara y Enrique Núñez Castelo, y según anotaba el crítico Ramón Faraldo, otros artistas, con mayor o menor asiduidad, se acercaban al grupo: Luis Castellanos, García Ochoa y Cirilo Martínez Novillo. El paisaje castellano de los alrededores del Madrid de posguerra española, se constituyó en modelo para la renovación del arte, aunque prescindiendo de buena parte del vanguardismo de la primera Escuela de Vallecas hacia planteamientos más realistas.
Álvaro Delgado abandonó la aventura vallecana en 1942. En 1945 realiza su primera exposición individual en la Galería Clan. En el mes de noviembre de este mismo año, Álvaro Delgado participa en la “Exposición de la Joven Escuela madrileña” en la Galería Buchholz, origen de la Tercera Escuela de Madrid. La muestra agrupaba a artistas, en su mayoría jóvenes de ideas renovadoras. Del texto escrito en el catálogo se desprenden como notas en común: "ser residentes en Madrid y haber realizado sus estudios en la ciudad". Tres son los maestros reconocidos unánimemente por críticos, historiadores y artistas: Vázquez Díaz, Benjamín Palencia y Pancho Cossío, a los que otros añaden los nombres de Gutiérrez Solana.
A Cossío, Delgado le conoce en la posguerra, en las tertulias que se hacían en el café Lyon. Los integrantes de la Escuela aprendieron de él la importancia de la técnica en la pintura y la sensualidad con que trataba la materia, tratamiento con el que podían conseguir diversos efectos, entre ellos el sentido intimista, dotando a sus obras de un particular lirismo. De Solana toman la tendencia hacia la monocromía. Todas estas enseñanzas constituyen los pilares sobre los que se asienta "La Joven Escuela de Madrid". Las influencias de estos maestros, que con el tiempo se dejan ver claramente, en principio no lo eran tanto, ya que el grupo presentaba un panorama muy heterogéneo y ecléctico.
Las tertulias y los primeros reconocimientos
Álvaro Delgado frecuentó las tertulias del café Lyon, donde se relacionaba con la pintora Menchu Gal y el crítico Ramón Faraldo. A través de ellos conoce a Mercedes Gal, con la que contrajo matrimonio en 1946.
1947 fue un año emblemático para Álvaro Delgado. El impulso vendría de la mano de Eduardo Llosent, director del Museo de Arte Moderno, quien le presentó en el IV Salón de los Once, de la Academia Breve de Crítica de Arte y le abrió las puertas para que realizara una exposición individual en el Museo de Arte Moderno que se celebraría del nueve al veinticuatro de junio del mismo año. También participó en la Exposición de Buenos Aires (Argentina). La muestra obtuvo gran éxito y fue clausurada por Ramón Gómez de la Serna, en una conferencia sobre Solana.
En 1949 fue becario del Gobierno Francés en París. Vivió en la Rue Mazarine, n.º 9, barrio de Saint Germain, en el estudio del pintor Marcel Bouissou. Allí, se dejó conquistar por Picasso y se acrecentó su interés por Georges Rouault, André Derain y Paul Cézanne. Este mismo año mostró por primera vez su obra en Barcelona, en las Galerías Layetanas, y fue seleccionado para la Quinta Exposición Antológica de la Academia Breve de Crítica de Arte.
La década de los cincuenta supuso para Álvaro Delgado el reconocimiento de su obra no solo a nivel nacional, sino también internacional. En 1950 repitió exposición en el Museo Nacional de Arte Moderno. Camón Aznar y Sánchez Camargo ya observaron sus dotes para el retrato. Fuera de España, tomó parte en El Cairo (Egipto) en la Exposición de Arte Español, y en la "XXV Bienal de Venecia". El 21 de noviembre año 1953, nació el que será su único hijo. En el plano artístico comenzó a recoger el fruto de su trabajo. Obtuvo el Segundo Premio de la Exposición Internacional de Arte Mediterráneo, Alicante.
Álvaro Delgado participó en 1954 en la Bienal de Arte Hispanoamericano de La Habana, donde ganó el premio "Ciudad Santiago de Cuba" por su obra Máscara. También participó en las colectivas de Bellas Artes celebradas en Buenos Aires y Lisboa.
Encuentro con el occidente asturiano: Navia, 1954-1964
La relación artística de Álvaro Delgado con el occidente asturiano se inició a través de Luis Álvarez, dueño de la Galería Velázquez en Buenos Aires. Motivado por el calor humano y la belleza del paisaje, se instaló a partir del verano de 1955 en Navia, donde pasó con frecuencia largas temporadas. Resultado de esta experiencia es la "Crónica del Navia", en la que recoge a modo de ecosistema, según sus palabras, " paisaje y paisanaje".