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William Brydon

William Brydon CB (* 10 de octubre de 1811 en Londres - 20 de marzo de 1873), que había es

5 min01/01/2024
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El 13 de enero de 1842, al atardecer, los centinelas británicos apostados en las murallas de Jalalabad divisaron en la distancia una figura solitaria que avanzaba trabajosamente a caballo por la llanura nevada. Era el único superviviente de una columna de más de dieciséis mil personas que había partido de Kabul apenas una semana antes. Se llamaba William Brydon, era cirujano del ejército de la Compañía Británica de las Indias Orientales, y su llegada a Jalalabad sería recordada como uno de los episodios más sombríos y dramáticos de toda la historia militar británica.

William Brydon había nacido el 10 de octubre de 1811 en Londres. Estudió Medicina en la Universidad de Londres y en la de Edimburgo, y se incorporó como cirujano auxiliar al ejército de la Compañía de las Indias Orientales. Su destino lo llevaría a Afganistán en el contexto de la primera guerra anglo-afgana, un conflicto que nació de las ambiciones imperiales británicas y terminó en un desastre de proporciones épicas.

El trasfondo de la guerra se remonta a la inestabilidad política que siguió al colapso del Imperio durrani en Afganistán. Dost Mohamad había conquistado Kabul en 1826 y consolidado su poder en el país. Los británicos intentaron negociar con él para atraerlo a su esfera de influencia, pero las conversaciones fracasaron. En 1839, el gobierno británico decidió restaurar en el trono afgano a Sah Sujah, quien había reinado entre 1803 y 1809 y era considerado un aliado más manejable. Un gran ejército anglo-indio al mando de Sir William Macnaghten marchó hacia Kabul y el 7 de agosto de 1839 entró en la ciudad. Dost Mohamad huyó a las montañas, fue capturado y enviado al exilio en la India.

Durante los dos años siguientes, los británicos intentaron gobernar Afganistán desde una posición cada vez más incómoda. Para mantener la calma entre las tribus locales recurrieron a tributos y sobornos, una estrategia costosa y de eficacia decreciente. Con una falsa sensación de control, trasladaron a sus tropas de la segura fortaleza de Balla Hissar a cuarteles convencionales en las afueras de Kabul, y permitieron que las familias de los militares se instalaran en la ciudad, replicando el ambiente de guarnición de la India. Fue un error fatal: Afganistán no era la India.

Las sublevaciones comenzaron a extenderse. En Baluchistán y en el paso de Jaiber, las columnas británicas eran hostigadas constantemente. Sah Sujah era incapaz de mantener su autoridad más allá de los muros de las ciudades principales. En octubre de 1841, pese a la situación deteriorada, se ordenó el regreso a la India de otra brigada. Esa unidad tuvo que combatir para llegar a Gandamak, donde su comandante, el brigadier Sale, recibió órdenes de volver a Kabul. Sale desobedeció y continuó hasta Jalalabad. En noviembre de 1841, el asesinato de dos representantes británicos en Kabul encendió la mecha de la rebelión abierta.

En enero de 1842, con la situación totalmente fuera de control, el mando británico decidió evacuar Kabul. La expedición era enormemente vulnerable: 4.500 militares, de los cuales solo 690 eran europeos, más 12.000 civiles, entre ellos mujeres y niños, todos al mando del mayor general Elphinstone, un oficial anciano y enfermo. La guarnición más cercana estaba en Jalalabad, a noventa kilómetros, y el camino atravesaba varios pasos de montaña cubiertos de nieve a pleno invierno afgano. El 6 de enero de 1842, confiando en un supuesto acuerdo con los afganos, la columna partió.

El acuerdo era ficticio. Durante los siete días siguientes, las tribus afganas hostigaron sin tregua a la columna en retirada. El frío, la nieve, la fatiga y los ataques continuos diezmaron a los expedicionarios. El combate final tuvo lugar en Gandamak la mañana del 13 de enero. De los veinte oficiales y cuarenta y cinco soldados europeos que aún combatían, solo seis oficiales lograron escapar a caballo, y cinco de ellos murieron en la huida posterior. El capitán Souter salvó la vida escondiéndola bandera del regimiento bajo su ropa. Dos o tres soldados fueron hechos prisioneros. Todos los demás habían muerto.

Brydon había logrado mantenerse con vida gracias a una combinación de resistencia, suerte y un objeto inesperado. Herido de un espadazo en la cabeza, había metido dentro de su sombrero un número de la revista Blackwood's Magazine para protegerse del frío; ese papel absorbió parte del impacto del golpe que de otro modo habría sido mortal. Exhausto y herido, logró cabalgar hasta las puertas de Jalalabad, donde los soldados británicos que esperaban noticias de sus camaradas vieron llegar solo a ese hombre solitario.

Su historia se hizo inmediatamente famosa en Gran Bretaña y la pintora Elizabeth Butler inmortalizó su llegada a Jalalabad en un cuadro de 1879 titulado Remnants of an Army, que se conserva en la Tate Britain de Londres. Brydon sobrevivió, continuó su carrera militar, participó en la defensa de Lucknow durante el Motín indio de 1857 y se retiró con el rango de cirujano. Murió el 20 de marzo de 1873. Fue condecorado con el CB, Compañero de la Orden del Baño. Su nombre quedó ligado para siempre al episodio más catastrófico de la primera guerra anglo-afgana y a la fragilidad de los imperios cuando subestiman a los pueblos que intentan dominar.

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