Srinivasa Ramanujan nació el 22 de diciembre de 1887 en la ciudad de Erode, en la Provincia de Madrás, al sur de la India. Hijo de una familia brahmán de habla tamil, creció en Kumbakonam, en una casa humilde donde su madre entonaba himnos en el templo local y le transmitía la devoción al hinduismo que marcaría profundamente su visión del mundo. Ningún aspecto aparente de su origen anunciaba que se convertiría en uno de los matemáticos más extraordinarios de la historia humana.
El talento de Ramanujan se manifestó con una precocidad desconcertante. A los once años, ya había agotado el conocimiento matemático de dos estudiantes universitarios que residían en su casa. A los trece, dominaba la trigonometría avanzada con fluidez y comenzaba a descubrir teoremas por su cuenta. A los dieciséis, tuvo acceso a una recopilación de cinco mil teoremas organizada por G. S. Carr —y aquel libro funcionó como combustible: lo estudió de principio a fin, reprodujo las demostraciones y empezó a expandir los resultados más allá de lo impreso en sus páginas.
A pesar de toda esa capacidad, Ramanujan no logró avanzar en el sistema académico formal. Su enfoque obsesivo en las matemáticas lo llevó a reprobar en otras asignaturas, impidiéndole terminar la universidad. Sin título, buscó empleo en Madrás y pasó años en dificultades económicas, garabateando fórmulas en cuadernos mientras intentaba encontrar a alguien que reconociera el valor de lo que producía. Contactó a matemáticos locales, no obtuvo respuesta satisfactoria y decidió escribir cartas a investigadores más allá de las fronteras de la India.
En 1913, una de esas cartas llegó a manos del profesor G. H. Hardy, de la Universidad de Cambridge. Al leer las fórmulas e identidades enviadas por el joven indio desconocido, Hardy quedó atónito. Él y sus colegas concluyeron que aquellos descubrimientos solo podían ser obra de un matemático de altísimo nivel. Hardy gestionó la llegada de Ramanujan a Cambridge, donde el joven comenzó a trabajar junto a los mejores matemáticos británicos de su época. Lo que encontraron los sorprendió aún más: Ramanujan había desarrollado resultados que superaban todo lo que sus colegas conocían en ciertas áreas, llegando a conclusiones que ellos ni siquiera sabían que eran posibles.
El alcance del trabajo de Ramanujan abarcaba el análisis matemático, la teoría de números, series infinitas y fracciones continuas, entre otros campos. A lo largo de su vida, compiló de forma independiente alrededor de 3.900 resultados, identidades y ecuaciones —muchos de ellos completamente originales para la época. Entre sus contribuciones se encuentran el primo de Ramanujan, la función theta de Ramanujan y la suma de Ramanujan, conceptos que abrieron líneas enteras de investigación y siguen siendo estudiados hasta hoy. Prácticamente todas sus afirmaciones, incluso las más sorprendentes, fueron posteriormente demostradas como correctas.
Las comparaciones con los grandes nombres de la historia de las matemáticas no tardaron en surgir. Los estudiosos observaron que el nivel de sofisticación de sus escritos era comparable al de Leonhard Euler y Carl Gustav Jakob Jacobi —figuras que definieron las matemáticas de sus siglos. Ramanujan se convirtió en el miembro más joven jamás elegido para la Royal Society y en el segundo indio en ingresar a la institución. También fue el primer indio en ser elegido *fellow* del Trinity College de Cambridge, honores que llegaron demasiado pronto para una vida que sería breve.
La salud de Ramanujan comenzó a deteriorarse rápidamente en 1919. Inicialmente diagnosticado con tuberculosis, investigaciones posteriores sugirieron que padecía amebiasis, una grave infección intestinal contraída años antes. Obligado a regresar a la India, continuó produciendo hasta sus últimos momentos: en las cartas finales enviadas a Hardy, aún desarrollaba nuevos teoremas y exploraba ideas que ni siquiera sus contemporáneos lograban seguir. Murió el 26 de abril de 1920, en Kumbakonam, a los 32 años.
Uno de sus cuadernos, que contenía descubrimientos de su último año de vida, permaneció perdido durante décadas. Cuando fue encontrado en 1976, causó un impacto inmediato en la comunidad matemática —las fórmulas allí registradas eran tan innovadoras que generaron años de investigación posterior para ser comprendidas y demostradas. En 1997, se creó *The Ramanujan Journal*, una revista científica dedicada a las áreas influenciadas por su trabajo, evidencia de que su legado en las matemáticas sigue vigente.
Profundamente religioso, Ramanujan atribuía sus descubrimientos a un origen divino, afirmando que la diosa de su familia le revelaba las fórmulas en sueños y visiones. Independientemente de cómo se interprete esta declaración, lo que revela es la intensidad con la que vivía las matemáticas —no como un ejercicio técnico frío, sino como algo cercano a una experiencia espiritual. Su historia fue contada en el libro *The Man Who Knew Infinity* y adaptada al cine en 2015, con el actor Dev Patel en el papel principal.
Ramanujan sigue siendo una de las figuras más enigmáticas de la ciencia moderna: un hombre sin formación académica convencional que, aislado y con recursos mínimos, descubrió verdades matemáticas que especialistas de todo el mundo tardarían décadas en comprender plenamente. Su caso desafía cualquier noción simplista sobre lo que se necesita para producir conocimiento genuinamente nuevo —y recuerda que el genio, cuando es verdadero, encuentra su camino incluso en las condiciones más improbables.