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** Pancho Villa

El nombre Pancho Villa resuena hasta hoy como uno de los más emblemáticos de la historia l

5 min20/06/2026
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El nombre Pancho Villa resuena hasta hoy como uno de los más emblemáticos de la historia latinoamericana. Revolucionario temido, estratega audaz y símbolo de resistencia popular, este hombre nacido como José Doroteo Arango Arámbula en San Juan del Río, en el estado de Durango, el 5 de junio de 1878, convirtió la turbulencia política de México a principios del siglo XX en el escenario de sus acciones más osadas. Su trayectoria, truncada violentamente en julio de 1923, sigue siendo objeto de fascinación y debate entre historiadores y apasionados por la historia.

La infancia de Doroteo estuvo marcada por la pobreza y el trabajo duro en el campo. Hasta los dieciséis años, su vida giraba en torno a las labores rurales, sin ningún indicio del destino extraordinario que le esperaba. Todo cambió cuando fue acusado de matar a un hacendado que había agredido a su hermana. Para escapar de la persecución judicial, se alistó en el ejército mexicano, iniciando así un camino que lo llevaría de los campos de Durango a las páginas de los periódicos estadounidenses.

A principios del siglo XX, México vivía bajo la dictadura de Porfirio Díaz, un régimen que concentraba el poder y la riqueza en manos de unos pocos mientras la gran masa de la población permanecía marginada. En 1910, cuando Francisco Madero comenzó a articular la resistencia, Pancho Villa —nombre que adoptó como identidad— no dudó en unirse a la causa. Como jefe de guarnición, desempeñó un papel decisivo en la lucha contra el gobierno dictatorial, convirtiéndose en una figura indispensable para los opositores de Díaz.

La victoria, sin embargo, no trajo estabilidad. En 1911, Villa fue exiliado y Madero asumió el gobierno, pero el escenario político seguía siendo frágil. El general Victoriano Huerta, quien en 1912 condenó a Villa a muerte por insubordinación, terminó derrocando y reemplazando al propio Madero. Con la muerte de su aliado y el establecimiento de una nueva dictadura, Pancho Villa regresó a México decidido a combatir el nuevo régimen. Se unió a Venustiano Carranza, Álvaro Obregón y Emiliano Zapata en una coalición que libraría una de las guerras civiles más intensas de la historia del continente.

Al frente de una caballería con más de cuarenta mil hombres —conocida como la División del Norte—, Villa se convirtió en el mayor exponente militar de la resistencia. Su liderazgo fue decisivo para derrocar a Huerta, pero la paz volvió a ser efímera. Tras desacuerdos con Carranza, quien asumió el poder, Villa reanudó su lucha armada y pasó a controlar la región norte del país con una autonomía que desafiaba cualquier autoridad central.

Las batallas de Celaya y Agua Prieta, ambas en 1915, representaron el punto de inflexión más doloroso de la trayectoria militar villista. En Celaya, las fuerzas de Álvaro Obregón, equipadas con ametralladoras modernas, causaron pérdidas devastadoras entre los seguidores de Villa. Las estimaciones apuntan a más de catorce mil muertos o heridos entre los villistas, cifra que algunos historiadores elevan hasta treinta mil. Poco después, al acercarse a Agua Prieta de noche con sus hombres restantes, Villa cayó en una emboscada preparada con bengalas que expusieron a sus tropas al fuego enemigo sin ninguna cobertura. Estos dos reveses fueron posibles, en parte, porque Estados Unidos reconoció al gobierno de Carranza y le suministró armamento moderno y acceso a los ferrocarriles estadounidenses. Para los villistas, los vecinos del norte se convirtieron en enemigos declarados.

La respuesta de Villa no se hizo esperar. En represalia por la intervención estadounidense a favor de Carranza, ordenó la emboscada a un grupo de diecisiete ingenieros texanos que viajaban en tren hacia Santa Isabel, en el estado de Chihuahua. El episodio conmocionó a la opinión pública en Estados Unidos, pero el presidente Woodrow Wilson optó por no actuar de inmediato. Villa justificó el ataque como reacción a los estragos causados por las ametralladoras estadounidenses contra los mexicanos y como forma de exponer la supuesta traición de Carranza, quien, según él, había entregado México a los intereses extranjeros.

El punto culminante de esta escalada de tensión ocurrió en la madrugada del 9 de marzo de 1916, cuando Villa lideró personalmente un ataque a la pequeña ciudad de Columbus, en Nuevo México, donde funcionaba el fuerte de caballería de Camp Furlong. Unos quinientos hombres a caballo tomaron el fuerte por sorpresa, saquearon la ciudad e incendiaron varios edificios, permaneciendo allí cinco horas antes de retirarse. Los estadounidenses respondieron con fuerza: los cuerpos de setenta a setenta y cinco mexicanos muertos en el ataque fueron quemados, y los titulares de los periódicos difundieron el suceso con gran estruendo. Villa se había convertido en el primer enemigo extranjero en invadir territorio estadounidense en toda la historia moderna de Estados Unidos.

La respuesta de Washington fue inmediata. El presidente Wilson ordenó al general John Pershing, veterano de las guerras de 1898 y de la represión en Filipinas, que organizara una expedición punitiva para capturar a Villa. Pershing reunió una fuerza de casi cinco mil hombres y penetró unos cuatrocientos ochenta kilómetros dentro del territorio de Chihuahua, llevando consigo aviones, camiones y vehículos de combate en una de las mayores operaciones militares estadounidenses desde el fin de la guerra contra España. Entre los soldados que participaron en la misión estaba el futuro general George Patton, quien en esta campaña se destacó al matar a dos combatientes mexicanos, incluyendo a un guardaespaldas de Villa. Aun así, Pancho nunca fue capturado.

Tras la caída de Carranza, Villa dejó las armas y se retiró a una hacienda en el interior de México. Se casó varias veces a lo largo de su vida, teniendo hijos con ocho mujeres. El final, sin embargo, fue violento como gran parte de su existencia: el 20 de julio de 1923, fue asesinado en una emboscada en Parral, Chihuahua. Su muerte puso fin a la vida de un hombre que había desafiado gobiernos, invadido una nación poderosa y comandado un ejército de decenas de miles de personas, dejando para la historia la imagen imborrable de un caudillo que nunca se rindió.

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