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Moctezuma Xocoyotzin

9.º Huey Tlatoani del Imperio Mexica

7 min01/01/2024
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Moctezuma Xocoyotzin, conocido en la historiografía occidental como Moctezuma II, nació hacia 1466 en México-Tenochtitlan, la gran capital mexica construida sobre las aguas del lago Texcoco. Su nombre en náhuatl clásico, Motēcuzōmah Xōcoyōtzin, significa literalmente el Joven, para distinguirlo de su predecesor y antepasado Moctezuma I. Fue el noveno Huey Tlatoani, es decir, el gran orador o gobernante supremo de México-Tenochtitlan, y ejerció como emperador de facto del Imperio mexica desde 1502 o 1503 hasta su muerte el 29 de junio de 1520.

Antes de acceder al trono, Moctezuma había construido una sólida reputación tanto en el campo de batalla como en el ámbito religioso. Desde su adolescencia se destacó como un lector experto de los códices antiguos, lo que le otorgaba una autoridad intelectual y ritual inusual para su edad. Durante el reinado de su predecesor Ahuízotl, escaló hasta el rango de tlacochcalcatl, un grado militar equivalente al de general, y llegó a ocupar el cargo de sumo sacerdote del templo de Huitzilopochtli, el dios de la guerra y la deidad principal del panteón mexica. Su ascenso al trono fue, por tanto, el de un hombre profundamente formado en las dos dimensiones del poder mexica: la guerra y la religión.

Durante su reinado, el Imperio mexica alcanzó su mayor extensión territorial. Las campañas militares de Moctezuma se extendieron especialmente hacia los actuales estados de Oaxaca y Guerrero, incorporando nuevos territorios mediante la conquista. Sin embargo, la mayor parte de su actividad bélica estuvo orientada a la supresión de rebeliones internas, un problema crónico de un imperio que mantenía sometidas a decenas de pueblos con lenguas, tradiciones y lealtades muy distintas. La exigencia de tributos más elevados a ciertas provincias y las políticas elitistas que acentuaron la brecha entre la nobleza y los plebeyos generaron un resentimiento creciente en muchos rincones del imperio.

La figura de Moctezuma también fue marcada por su aspiración a centralizar el poder político en su persona. Sus intentos de reformar el sistema de gobierno en ese sentido provocaron tensiones incluso dentro de la Triple Alianza mexica. En Tetzcuco, uno de los estados miembros de la alianza, un príncipe llamado Ixtlilxóchitl II se rebeló contra él, buscando apoyos en la nación de Metztitlán. Esta guerra civil breve pero significativa contribuyó a su reputación como tirano entre parte de la población y creó fisuras que los conquistadores europeos sabrían aprovechar más tarde.

El gran drama de su reinado comenzó en 1519 con la llegada de Hernán Cortés y sus tropas al territorio mexica. El contacto inicial fue pacífico: Moctezuma y Cortés se reunieron en noviembre de ese año en Tenochtitlan en un encuentro que las crónicas españolas han rodeado de fascinación y enigma. Durante mucho tiempo se sostuvo que Moctezuma recibió a Cortés con reverencia porque lo confundió con el dios Quetzalcóatl, cuyo regreso estaba profetizado. Sin embargo, investigaciones recientes han cuestionado seriamente esta interpretación, considerándola un mito construido en parte por los propios conquistadores para justificar la facilidad aparente de la conquista.

La realidad fue probablemente más compleja y más política. Moctezuma era un estadista experimentado que buscó negociar y maniobrar frente a una amenaza que no terminaba de comprender del todo. Las hostilidades estallaron cuando, en noviembre de 1519, Moctezuma fue hecho prisionero por los castellanos en su propio palacio, una maniobra audaz de Cortés que transformó radicalmente la dinámica del conflicto. El gran tlatoani quedó convertido en un rehén en el corazón de su propio imperio.

La situación se tornó explosiva cuando, en ausencia de Cortés, Pedro de Alvarado ordenó la masacre del Templo Mayor durante la celebración de la fiesta de Tóxcatl, asesinando a la élite guerrera y religiosa mexica. El levantamiento popular fue inmediato y devastador. Moctezuma intentó aplacar a su pueblo desde las almenas de su palacio, pero los mexicas lo recibieron con insultos y proyectiles. Pocas horas después, el 29 de junio de 1520, murió en circunstancias que siguen siendo debatidas: los españoles afirmaron que fue lapidado por su propio pueblo, mientras que fuentes indígenas señalaron que fueron los propios conquistadores quienes lo ejecutaron.

Su muerte marcó el inicio de la Noche Triste, cuando los españoles intentaron huir de Tenochtitlan cargados de oro y fueron masacrados por los guerreros mexicas en los puentes del lago. Aunque el Imperio mexica sobrevivió a esa derrota táctica española, la alianza que Cortés había construido con los tlaxcaltecas y otros pueblos enemigos de los mexicas, resentidos en buena parte por las propias políticas de Moctezuma, acabaría inclinando la balanza de manera definitiva. Tenochtitlan cayó en agosto de 1521.

El legado de Moctezuma Xocoyotzin es ambivalente y ha sido objeto de reinterpretaciones constantes. Para algunos historiadores fue un gobernante hábil atrapado por circunstancias que superaban toda posibilidad de respuesta eficaz. Para otros fue un tirano cuya dureza creó las condiciones internas que facilitaron la conquista. Lo que no admite discusión es que su reinado marcó el punto culminante y el punto de ruptura del Imperio mexica, y que su figura sigue siendo central en la comprensión de uno de los episodios más trascendentes de la historia de América.

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