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** Machado de Assis

Pocas trayectorias en la historia de la literatura mundial combinan de manera tan impresio

4 min20/06/2026
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Pocas trayectorias en la historia de la literatura mundial combinan de manera tan impresionante la humildad de los orígenes con la grandeza del destino final. Joaquim Maria Machado de Assis nació el 21 de junio de 1839, en el Morro do Livramento, en Río de Janeiro, entonces capital del Imperio Brasileño. Su padre, Francisco José de Assis, era mulato y trabajaba como pintor de paredes; su madre, Maria Leopoldina Machado da Câmara, era portuguesa, oriunda de la Isla de São Miguel, en las Azores. Ambos padres sabían leer y escribir, lo cual ya era un hecho inusual para su clase social en la época, y vivían como agregados de una familia adinerada que los acogió.

El niño Joaquim Maria creció en un ambiente de escasas posibilidades materiales. Asistió a escuelas públicas de manera irregular y jamás pisó una universidad. Lo que habría sido una barrera infranqueable para la mayoría se convirtió, para él, en un obstáculo que sorteó con determinación y talento. Desde joven, mostró interés por las letras y la vida intelectual de la corte carioca, ambiente que supo navegar con habilidad creciente. Un sacerdote que conoció en la infancia le habría enseñado latín, y Machado absorbía conocimiento en cada oportunidad que le ofrecía el cotidiano.

Su entrada en el mundo de las letras fue gradual y estratégica. Comenzó publicando poesías y crónicas en periódicos de la capital, ganando reputación antes de acumular cargos. Trabajó en puestos públicos a lo largo de su carrera, pasando por el Ministerio de Agricultura, Comercio y Obras Públicas, donde llegó a ser Director de Agricultura. Esta doble vida, entre el funcionariado público y la producción literaria, fue el sustento que permitió a Machado construir una obra monumental sin depender exclusivamente de las ventas de libros en un mercado editorial aún incipiente.

La trayectoria literaria de Machado de Assis suele dividirse en dos fases. La primera comprende novelas como *Resurrección*, *La Mano y la Luva*, *Helena* e *Iaiá Garcia*, obras marcadas por características heredadas del Romanticismo —personajes idealizados, conflictos sentimentales y cierta ligereza en el abordaje de los problemas sociales—. Son textos competentes, que ya revelan dominio del idioma y aguda observación de las costumbres, pero que no anticipan la revolución que estaba por venir.

Esa revolución llegó en 1881, con la publicación de *Memorias póstumas de Brás Cubas*. El libro inauguró el Realismo en Brasil y representó una ruptura radical con la literatura que lo precedía. Narrado por un difunto que mira su propia vida con ironía despiadada, la novela subvertía convenciones narrativas, intercalaba capítulos brevísimos con reflexiones filosóficas y jugaba con el lector de una manera que ningún escritor brasileño había intentado antes. La crítica reconoció de inmediato que algo nuevo y perturbador había aparecido. *Memorias póstumas* sería traducido al inglés, francés, alemán, italiano, español, sueco, polaco, checo, ruso, rumano, estonio, holandés y esperanto —una amplitud de difusión rara para un autor latinoamericano del siglo XIX—.

Las novelas que siguieron consolidaron lo que los críticos pasaron a llamar fase madura o segunda fase machadiana: *Quincas Borba*, *Dom Casmurro*, *Esaú y Jacob* y *Memorial de Aires*. En estas obras, la ironía y el pesimismo se profundizan, la crítica social adquiere contornos más precisos y el estilo alcanza una depuración que convierte cada frase en un ejercicio de precisión y ambigüedad. *Dom Casmurro*, en particular, se convirtió en una de las novelas más debatidas de la literatura en lengua portuguesa, con generaciones de lectores y críticos aún discutiendo si Capitu traicionó o no al narrador Bentinho.

Además de las diez novelas que escribió, la producción de Machado de Assis incluye doscientos cinco cuentos, diez obras teatrales, cinco recopilaciones de poesía y más de seiscientas crónicas. La variedad de géneros y la calidad consistente en cada uno de ellos lo sitúan en una categoría aparte. Sus cuentos, reunidos en antologías como *Papeles sueltos* e *Historias sin fecha*, son frecuentemente citados como modelos del género, y autores de generaciones posteriores, tanto brasileños como internacionales, reconocen la influencia que ejercieron. Nombres como Olavo Bilac, Lima Barreto, Carlos Drummond de Andrade, además de los escritores estadounidenses John Barth y Donald Barthelme, figuran entre quienes declararon haber aprendido de Machado.

En 1897, junto a intelectuales y colegas cercanos, fundó la Academia Brasileña de Letras y fue elegido su primer presidente por unanimidad —cargo que ocupó hasta su muerte—. Era el reconocimiento institucional de una posición que ya ocupaba informalmente desde hacía años en el escenario intelectual del país. El crítico literario estadounidense Harold Bloom lo consideraría, décadas después, el mayor escritor negro de todos los tiempos, aunque historiadores y biógrafos brasileños prefieren señalar su ascendencia mestiza como elemento más preciso de su identidad.

Machado de Assis falleció el 29 de septiembre de 1908, en Río de Janeiro, la misma ciudad que lo vio nacer sesenta y nueve años antes. Dejó atrás una obra que sigue siendo estudiada en universidades de todo el mundo y que, con cada nueva generación, revela capas antes no percibidas. Su nombre da título al principal premio literario brasileño y figura en la lista oficial de los Héroes Nacionales de Brasil. Junto a Dante, Shakespeare y Camões, es citado entre los grandes genios de la historia literaria universal —un reconocimiento que el niño del Morro do Livramento, sin escuela formal y sin recursos, difícilmente habría podido imaginar.

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